Fuente: Listin diario
Samuel Deduno fue convocado para el Clásico Mundial de Béisbol 2013 debido a la ausencia de otros lanzadores destacados, y terminó siendo el mejor pitcher del torneo.
Era febrero de 2013. La temporada de Grandes Ligas se acercaba y en los entrenamientos de los Mellizos de Minnesota sonó el teléfono. Moisés Alou llamaba, preguntando por la disponibilidad de un lanzador que no era una estrella ni estaba considerado inicialmente.
El director técnico, Ron Gardenhire, escuchó la propuesta pero no respondió; en cambio, transmitió el mensaje al interesado: Samuel Deduno debía tomar una decisión.
República Dominicana ha ganado una única vez el Clásico Mundial de Béisbol. Aquella edición de 2013, irónicamente, fue probablemente la menos espectacular en cuanto a nombres reconocidos que llevó el país al torneo. Las ausencias significativas marcaron la conformación del equipo, pero esas vacantes permitieron la inclusión de jugadores que no estaban en el radar inicial.
Deduno era uno de esos jugadores. El pitcher dominicano llegaba a los entrenamientos de 2013 enfrentando la lucha por un lugar en la rotación de Minnesota, tras una campaña 2012 en la que abrió 15 juegos y tuvo una efectividad de 4.44.
No tenía asegurado su puesto. Necesitaba un excelente spring training para asegurar su futuro y el de su familia.
Gardenhire fue muy claro con Deduno.
“Moisés llamó para que representes a tu país en el Clásico, pero sabes que aquí estás peleando por un lugar. Si decides irte, es tu decisión”.
Esa noche, Deduno se retiró a su habitación de hotel. Oró y dejó su respuesta en manos de Dios. Al día siguiente volvió con su decisión tomada.
“Yo preferí poner primero a mi país. Sentí esa confirmación divina y no hubo remordimiento ni miedo. No hay nada mejor que jugar con el nombre de tu país en el pecho”, declaró Deduno a Listín Diario.
Sin saberlo, lo que parecía un riesgo terminó siendo la mayor vitrina de su carrera. En el Clásico, Deduno fue el lanzador más dominante del torneo según las estadísticas. Finalizó con récord de 2-0, efectividad de 0.69 y 17 ponches en 13 innings, quedando a solo uno del líder del certamen, detrás del japonés Kenta Maeda.
Dos de esas victorias fueron determinantes. La segunda llegó en la final frente a Puerto Rico, cuando lanzó cinco entradas sin permitir carreras en el triunfo 3-0 que coronó invicta a República Dominicana.
“Estaba nasty ese día. Si hubiese iniciado mi carrera como lancé ese partido contra Puerto Rico, sin duda mi trayectoria habría sido otra. Todos mis lanzamientos eran perfectos. Me sentí dominante desde el primer inning”, recordó Deduno.
Antes de esa final, ya había superado una de las pruebas más duras de su vida. En segunda ronda enfrentó a Estados Unidos en un duelo decisivo para Dominicana. Lanzó cuatro innings permitiendo solo una carrera y protagonizó un momento imborrable: ponchó a Adam Jones con bases llenas y cuenta llenándose 3-2.
“Ese es el momento cumbre de mi carrera. Pude recuperarme en ese inning y lanzar ese picheo rompiente. Si salía de ahí victorioso, sentía que nadie podría conmigo”, expresó.
Deduno atribuye mucho de ese éxito a la química del equipo.
“Faltaban jugadores importantes, pero todos sabían qué hacer. Había mucha unidad. Santiago Casilla, Wellington Castillo y yo éramos los cristianos del grupo y manteníamos esa unión espiritual. Otros como José Reyes, Robinson Canó y Miguel Tejada mantenían la vibra alta”, destacó.
Tras el Clásico, Deduno no tuvo que probar más nada. Su desempeño le aseguró un puesto en la rotación de Minnesota y respondió con la mejor campaña de su carrera: ocho triunfos y efectividad de 3.83 en 18 aperturas durante la temporada 2013.
Hoy, ya retirado como jugador, vive en La Romana y trabaja como instructor de pitcheo para los Rockies de Colorado en la Dominican Summer League.
Este contenido fue hecho con la asistencia de una inteligencia artificial y contó con la revisión del editor/periodista.








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