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Según José Duluc, las canciones cuentan historias

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Incluso desde antes de nacer, estuvo inmerso en un entorno lleno de música.

Fuente: Listin diario

El músico explicó que su obra no es comercial, motivo por el cual no recibe la difusión seria que merecen los valores culturales que representa.

En ocasiones, emprendemos un camino sin saber que en otro tiempo y lugar nos espera algo completamente diferente.

José Duluc nació en Higüey el 6 de septiembre de 1958 y jamás imaginó que ese joven del barrio El Tamarindo acabaría dedicándose profesionalmente a una actividad que le resultaba tan natural.

Creció rodeado por las cuerdas de la guitarra de su tío Manuel, las composiciones de su hermano mayor Miguel y la voz de su madre, Doña Altagracia Duluc. Incluso desde antes de nacer, estuvo inmerso en un entorno lleno de música.

En los años 80, se trasladó a la capital. “No estaba en música”, pero la llevaba en su interior. En Santo Domingo ingresó a la Universidad Autónoma con la intención de graduarse en Ingeniería Química, aunque el arte terminó ganándole: se integró al Ballet Folklórico de la universidad y se convirtió en bailarín.

Fue ahí donde se enamoró de la música afrodominicana, que define como música dominicana influenciada por los ritmos de tambores africanos, pero que ha evolucionado hasta transformarse en “una fusión de todo”.

Posteriormente fundó el grupo Palemba junto a compañeros del ballet. Comenzaron a aparecer en medios y grabaron un disco inédito producido por el empresario Bienvenido Rodríguez. Durante esas navidades casi logran popularizar una canción, lo que les permitió recorrer gran parte del país.

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Conoció a Luis Días, “El Terror”, y se integró a la agrupación Transporte Urbano como percusionista. Luis lo llevó a su barrio y así continuó la historia. Duluc comenzó a componer para lanzar el primer disco de Palemba. Según él, siempre disfrutó estudiar; la vida es una aventura llena de sorpresas y, como le gustaba escribir, “Dios puso en su camino a Luis”.

Gracias a este encuentro siguió aprendiendo cómo perfeccionar sus composiciones y crear un ambiente dominicano en su música, siempre preocupado por “no sonar como un extranjero”.

La relación entre ambos era especial. Al ser vecinos tan cercanos, pasaban los días tocando o conversando sobre el arte musical.

Cuando se conocieron, Duluc aún no sabía tocar guitarra, por lo que esa cercanía le sirvió para aprender a mover sus dedos sobre otras piezas musicales.

Luis proponía ensayar sin instrumentos, usando solo la mente para repasar los temas; tras esas charlas se dirigían al estudio para construir las canciones. De esta forma nacieron éxitos locales e internacionales como “La Ciguapa”, popularizada por Chichí Peralta.

“Siempre había espacio para la creatividad” y “No era tan rígido”. Así describe cómo los merengueros actuales escriben letra, melodía y todo en papel para luego grabar exactamente lo escrito. Ellos no seguían mucho esa fórmula ni Duluc la emplea ahora: “deja que la canción respire hasta el último momento” porque cree que las canciones “te hablan”.

Su abuela solía decirle: “Tú no vas, te llevan”. Hoy maestro, afirma que no decidió mudarse a Japón, sino que “el divino lo llevó”.

Todo empezó cuando una estudiante japonesa llegó al país entre 1993 y 1994 para estudiar música tradicional en la UASD. Proveniente de la Universidad de Estudios Extranjeros de Osaka, necesitaba ayuda para su tesis y mejorar su español. Duluc la asistió en su investigación. Ella regresó a Japón luego de terminar su estancia, pero tiempo después volvió y acabaron casándose.

Ella produjo su álbum debut titulado “Pánico”. En 1995, Duluc viajó a Japón con planes de quedarse solo ocho meses acompañado de su hijo Tomo, quien tenía apenas un año. Trabajó impartiendo clases de música dominicana con éxito, pero regresó para promocionar su disco.

Sin embargo, no obtuvo el recibimiento esperado. Presentó “Pánico” en todas las emisoras pero nunca lo difundieron. Recuerda amargamente que en una ocasión dejó el disco en una estación, fue al baño y al regresar vio que lo habían tirado a la basura. “No me apoyaron”, lamentó.

Un tanto decepcionado y dolido decidió entregar su trabajo al productor Rafael “Cholo” Brenes antes de volver a Japón. Al principio Cholo no le prestó mucha atención, pero justo cuando Duluc ya se disponía a salir ocurrió algo inesperado. Brenes miró la portada: un diseño poco común con dos serpientes, un rayo, una palma, un río y la bandera dominicana. “Coño, Duluc, esto se ve bien, ¿qué es esto?”, le preguntó.

La aceptación definitiva llegó en Nueva York. Tras visitar la ciudad dejó copias del álbum con amigos. Cuando llegó a una fiesta dominicana tuvo una gran sorpresa: su disco sonaba y todos cantaban temas como El Botado, Hombre Moderno y Fe en la Esperanza. Esto le dio fuerzas para irse a Japón donde finalmente permaneció siete años.

Fue un período muy fructífero. Fundó dos bandas, recorrió casi todo el país y mantuvo firme su esencia evitando caer en hacer música puramente comercial como salsa o merengue tradicional.

Desde su regreso definitivo en 2002, Duluc ha seguido trabajando como investigador y líder fundador de agrupaciones como “Guerreros del Fuego”, “Ga’ Caribe” y “Domini-Can”, además de grabar discos como ¿A quién le creo?, entre otros.

Este contenido fue hecho con la asistencia de una inteligencia artificial y contó con la revisión del editor/periodista.

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