Fuente: Hoy Digital
Desde su primer mandato, Trump impulsó una agenda marcada por decisiones unilaterales, el uso constante de aranceles como herramienta de presión política y una interpretación ideológica de las relaciones internacionales que desplazó criterios técnicos, multilaterales y de planificación económica a largo plazo. Este comportamiento se agudizó durante su segundo periodo, con tensiones frente a gobiernos europeos y latinoamericanos que respondieron más a diferencias ideológicas explícitas que a análisis técnicos sobre política económica o comercial.
En América Latina, esta lógica se manifestó en restricciones migratorias y financieras contra gobiernos políticamente distantes, así como en enfrentamientos directos con líderes como Lula da Silva o Gustavo Petro. Sin embargo, otros países con problemas estructurales similares —incluyendo la expansión del narcotráfico— quedaron fuera de estas medidas debido a su alineación con Washington. Ecuador ejemplifica esta situación: pese al deterioro en seguridad interna, el avance del crimen organizado y su rol como uno de los principales puntos de salida de cocaína a nivel mundial, no ha sufrido represalias significativas.
No obstante, esta estrategia confrontacional no se circunscribe únicamente a la política exterior estadounidense. En América Latina, este enfoque ha comenzado a adoptar protagonismo dentro de la gestión de la política económica y exterior en países como Argentina y Ecuador. En particular, el reciente conflicto diplomático y comercial entre Ecuador y Colombia ilustra esta dinámica.
En este escenario, el gobierno de Noboa evidencia cómo una estrategia basada en cálculos políticos de corto plazo puede reproducir patrones ya observados en la política exterior estadounidense bajo Donald Trump, con riesgos mayores cuando se aplican en contextos institucionalmente más débiles y económicamente dependientes.
El “Trump ecuatoriano” y la política del enfrentamiento
Desde los primeros días de su mandato, Daniel Noboa ha mostrado rasgos en su gestión política que recuerdan el estilo de Donald Trump. Entre ellos destaca la búsqueda sistemática de responsables externos o institucionales ante problemas de gobernabilidad y ejecución de políticas públicas. En varias ocasiones, el Ejecutivo ha responsabilizado públicamente a la Corte Nacional de Justicia y otros organismos estatales por la falta de avances en seguridad y reformas clave, señalando jueces y funcionarios.
Este patrón tiene antecedentes recientes. Durante el primer mandato, Ecuador protagonizó uno de los episodios más delicados en materia de derecho internacional: la irrupción en la embajada mexicana en Quito para capturar al exvicepresidente Jorge Glas. Más allá de las polémicas judiciales sobre Glas, el hecho constituyó una violación a los principios establecidos en la Convención de Viena y provocó un importante deterioro en las relaciones bilaterales con México. Posteriormente, el gobierno ecuatoriano implementó medidas comerciales y arancelarias que profundizaron el distanciamiento diplomático y generaron costos evitables.
Este mismo estilo se evidenció recientemente en las relaciones con Colombia. El 20 de enero, el presidente Gustavo Petro señaló que Glas debería ser liberado por motivos humanitarios y médicos —una declaración vista como una intromisión en asuntos internos— , lo que llevó al gobierno de Noboa a anunciar un aumento arancelario del 30% para importaciones colombianas. La medida se fundamentó en la supuesta falta de cooperación contra el narcotráfico, los impactos negativos de actividades ilícitas en la frontera y un déficit comercial bilateral persistente. No obstante, la coincidencia temporal entre estos argumentos y el conflicto diplomático apunta más a una respuesta política que a una evaluación técnica exhaustiva.
La decisión es especialmente delicada si se considera que Colombia es uno de los principales socios comerciales y un proveedor estratégico de energía eléctrica para Ecuador. En los últimos dos años, las importaciones energéticas desde Colombia han sido clave para mitigar la crisis energética ecuatoriana, dada la adversidad climática y la escasa inversión en nuevas fuentes generadoras. Pese a esta dependencia mutua, el conflicto escaló rápidamente: Colombia anunció el 22 de enero aranceles recíprocos y la suspensión o revisión del suministro eléctrico hacia Ecuador —medidas que podrían afectar inmediatamente la producción industrial, los costos empresariales y el bienestar doméstico— .
Todo esto sucede en un contexto donde la gestión de Noboa presenta resultados mixtos. En lo económico hay avances como la reducción del riesgo país —el nivel más bajo en una década— , crecimiento en exportaciones no petroleras, señales positivas en construcción y mejores expectativas para el PIB. Sin embargo, estos logros contrastan con indicadores negativos en seguridad; datos preliminares de homicidios para 2025 sugieren un nuevo empeoramiento, con una tasa estimada entre 49 y 51 por cada 100 mil habitantes, cifra récord reciente que refleja la profundización del crimen organizado y narcotráfico.
La comparación entre Estados Unidos bajo Donald Trump y Ecuador con Daniel Noboa revela un patrón común: cuando la ideología reemplaza a la política económica y la confrontación sustituye a la cooperación, los costos son económicos, institucionales y sociales. En el caso estadounidense, su dimensión económica le permite soportar parte del impacto y eventualmente corregir errores. En economías pequeñas y dependientes como Ecuador ocurre lo contrario: los márgenes para equivocarse son mucho menores y las consecuencias más inmediatas.
Imitar una lógica basada en poder, presión y alineamientos ideológicos en una región históricamente considerada “patio trasero” no fortalece ni soberanía ni seguridad económica; al contrario, debilita la cooperación regional, aumenta vulnerabilidades externas y pone en riesgo avances recientes.
Más allá de liderazgos confrontativos, Ecuador —y América Latina como conjunto— necesitan estrategias económicas y diplomáticas basadas en pragmatismo, planificación e integración aún cuando existan diferencias ideológicas; tal como muestra el proceso europeo de integración económica y política.
Este contenido fue hecho con la asistencia de una inteligencia artificial y contó con la revisión del editor/periodista.








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