Fuente: Hoy Digital
El domingo 15 de marzo por la noche no se disputó un partido cualquiera, sino el encuentro del Clásico. Fue un choque entre dos de los equipos mejor preparados, posiblemente, en la historia de este torneo. Quedará marcado no solo por el alto nivel mostrado, sino también por ese amargo sabor que deja perder por la mínima diferencia en una fase tan decisiva.
El 2-1 en el Loan Depot Park representó un duelo titánico, donde, desafortunadamente para Quisqueya, la balanza terminó inclinándose hacia Estados Unidos debido a detalles muy específicos.
Como cualquier aficionado, mi primera reacción fue responsabilizar los errores del árbitro Cory Blaser que, de sus 7 fallos, 4 afectaron a los dominicanos en momentos cruciales; sin embargo, también es justo reconocer que su margen de error estuvo dentro del estándar de las Grandes Ligas (5%).
Podríamos imaginar otro resultado si el mánager Albert Pujols hubiera optado por Wandy Peralta en lugar de Gregory Soto, o si Severino hubiera permanecido más tiempo en el montículo. La realidad es que la ofensiva dominicana fue menos efectiva de lo habitual.
Tal vez esto se debió a que el pitcheo estadounidense estuvo imparable, a la defensa excepcional de Bobby Witt en el campo corto o a las grandes jugadas defensivas de Judge, incluyendo ese lanzamiento imposible a tercera base que eliminó a Tatis Jr.
La dirección del equipo norteamericano fue meticulosa al conformar un roster capaz de batear contra Severino.
Cal Raleigh (con 60 jonrones en 2025) es un claro ejemplo.
No jugó debido a su promedio frente a Severino, lo mismo ocurrió con Alex Bregman por razones similares.
En cuanto a los lanzadores, brillaron con gran desempeño.
Su pitcher abridor, reconocido por expertos como el mejor en Grandes Ligas, la profundidad de su bullpen y un lineup lleno de bateadores de contacto y jonroneros hacen que ¡EE. UU. no tenga puntos débiles!
El conjunto dominicano tampoco se queda atrás. Llegó a semifinales con récord superior en carreras (51) frente a (33) de EE. UU., mejor promedio al bate en el Clásico (.312 vs .283), porcentaje de embasados .453 ante .415, slugging .637 contra .468 y un OPS de 1090 para los dominicanos frente a 883 para EE.UU.
Arribaron a este compromiso con 14 jonrones contra 7 de los estadounidenses. Además, tenían ventaja en efectividad de pitcheo con 1.98 frente a 3.40 del rival.
La conclusión sencilla es que cualquier equipo puede ganar un juego.
Tal vez si en vez de muerte súbita hubiera sido una serie, la historia sería distinta, aunque nunca lo sabremos. Lo que sí puedo afirmar es que el equipo dominicano, con gran humildad y la grandeza individual de cada jugador, entregó todo en el campo y me llena de orgullo compartir patria con todos los que nos representaron.
No cabe duda que los dominicanos nos sentimos orgullosos por la destacada actuación de nuestra tropa criolla.
Este contenido fue hecho con la asistencia de una inteligencia artificial y contó con la revisión del editor/periodista.









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