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Componentes fabricados con impresión 3D para la estación espacial que viene

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Esa es la travesía que propone la startup cántabra Space Robotics Workers (SRW), cuyos productos finales alcanzarán cientos de kilómetros de altura, partiendo desde la capital de Cantabria.

Fuente: A. García/a_garcia@eldiariomontanes.es

De Santander hacia las estrellas. Esa es la travesía que propone la startup cántabra Space Robotics Workers (SRW), cuyos productos finales alcanzarán cientos de kilómetros de altura, partiendo desde la capital de Cantabria. En particular, desde el Edificio 3000 del Parque Científico y Tecnológico de Cantabria (Pctcan). Este reto espacial no intimida a sus fundadores, sino que les impulsa a asumir el desafío de conquistar el espacio desde esta región. La compañía fue creada en 2021 por José Alonso, un emprendedor originario de Torrelavega con experiencia en la fundación de TTI y Asysol, además de haber sido becario en sus inicios profesionales en la ESA, la Agencia Espacial Europea. El impulso inicial surgió lejos de aquí, en Estados Unidos. NASA comenzaba a manifestar abiertamente la necesidad de sustituir la Estación Espacial Internacional, cuya vida útil tiene fecha límite, y Alonso reunió a estudiantes del máster espacial de Bilbao para desarrollar una propuesta sobre plataformas espaciales robóticas que presentó ante la agencia norteamericana. No logró financiación, pues solo se otorgó a los tres primeros clasificados, pero la valoración positiva confirmó el potencial del proyecto. Así nació la empresa.

El inicio de esta innovadora idea tuvo lugar en el País Vasco, aunque Alonso finalmente regresó a su Cantabria natal. La ubicación en el Pctcan ofrece un ecosistema empresarial donde conviven compañías como ASYSOL, fabricante de sistemas de medición para antenas, y TTI, especializada en RF y comunicaciones. No obstante, las alianzas clave de Space Robotics Workers se establecen en Bruselas y en la ESA. Sus directivos gestionan colaboraciones a nivel europeo. Allí se juegan muchas oportunidades para que esta startup pueda acceder a un mercado tan complejo y prometedor como el llamado ‘New Space’. “Antes el negocio espacial estaba principalmente dominado por tres grandes empresas y las agencias espaciales”, señala Jonatan Majada, gestor del proyecto CDTI en la firma. “La reducción de costes en lanzamientos y la aparición de los CubSats (satélites miniatura económicos) han permitido que compañías como la nuestra formen parte de esta ola del NewSpace. Esa democratización ha sido fundamental para abrir el mercado que Space Robotic Workers necesitaba para surgir.”

Actualmente, la compañía desarrolla dos líneas tecnológicas. La primera, financiada por el CDTI con 683.975 euros —el 90% de un proyecto total valorado en 759.973 euros bajo el Mecanismo Europeo de Recuperación y Resiliencia (MRR)— consiste en un prototipo de módulo espacial fabricado mediante impresión 3D. No es ni una nave ni un satélite: es el habitáculo destinado a los astronautas, incluyendo soporte vital como reciclaje de aire, control de presión y ventilación, entre otros aspectos. El prototipo será producido en metal usando impresión aditiva a pequeña escala y será sometido a rigurosas pruebas que simulen condiciones del espacio, desde vibraciones y vacío hasta presiones extremas y radiación electromagnética.

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La segunda línea recibe apoyo del Gobierno de Cantabria con una subvención que cubre el 60% de una inversión total cercana al millón de euros y se focaliza en brazos robóticos para mantenimiento orbital. Su función es actuar como mecánicos espaciales: reparar satélites averiados, recargarlos con combustible, reposicionarlos o retirar los que ya no operan. “Actualmente todos los satélites o sistemas espaciales averiados o sin combustible quedan sin solución; con sistemas robóticos podrán ser recuperados,” explica Juan R Merlo. Además, según Majada, “la gestión de desechos orbitales es un asunto muy delicado” cuya urgencia aumenta con cada nuevo lanzamiento.

Space Robotics Workers se define como una startup en fase semilla. Por ahora no comercializa productos ni obtiene ingresos por ventas; su financiación proviene exclusivamente de ayudas públicas y aportes socios. La plantilla está compuesta por ocho profesionales provenientes de distintos países que trabajan en inglés, reflejando su vocación internacional en un sector sin fronteras. Actualmente están inmersos en la captación de expertos especializados en robótica, tarea compleja debido a la alta competencia del sector.

El nivel tecnológico actual alcanza TRL 3 y está cerca del cuatro. Esta escala va del uno al nueve según estándares ESA y determina el proceso de certificación que todo producto espacial debe superar antes de su comercialización. “Para niveles superiores es imprescindible una prueba física en el espacio; sin eso nunca podrá ser comercializado,” advierte Fernández. Lograr este paso —que implica lanzar un prototipo en una misión demostrativa— es uno de los objetivos intermedios fijados para avanzar hacia producción y explotación comercial previstas para 2032.

La inteligencia artificial también juega un papel aunque más limitado que podría pensarse. “La IA generativa no resulta tan útil porque es un área muy especializada que requiere muchos datos previos,” aclara Majada. Sin embargo, sí emplean machine learning para controlar autónomamente los brazos robóticos y automatizar sistemas de soporte vital.

Con talento consolidado y proyectos con trayectoria probada, el mayor desafío inmediato para Space Robotics Workers no es técnico sino financiero y estratégico. Avanzar por los niveles TRL implica mayores inversiones, pruebas más exigentes y prototipos más grandes. La empresa participará además en el proyecto Storm dentro del programa Horizon de la Comisión Europea —con un presupuesto asignado de 800,000 euros— para diseñar soluciones espaciales ubicables en el punto orbital Lagrange 1 (que funciona como un “estacionamiento” orbital estable), además está pendiente respuesta sobre varias propuestas presentadas a la ESA.

Las previsiones actuales del mercado donde quieren posicionarse respaldan su modelo económico. Para 2035-2040 se espera operar hasta cuatro estaciones espaciales privadas dedicadas a actividades científicas y turísticas. Ejemplos claros son las constelaciones masivas como Starlink o Kuiper de Amazon. Más objetos orbitando implican más servicios de mantenimiento, mayores riesgos de colisión y aumento significativo de basura espacial. Por ello, el nicho atendido por Space Robotics Workers ya es una realidad creciente con cada nuevo lanzamiento orbital.

Este contenido fue hecho con la asistencia de una inteligencia artificial y contó con la revisión del editor/periodista.

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