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David de Miranda hace su aparición en la Feria de Fallas

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Tras haber sido triunfador en Sevilla el año pasado, incluyendo la Puerta del Príncipe, se esperaba una mejor ubicación para De Miranda en el ciclo continuado de las Fallas.

Fuente: Levante

El torero de Trigueros (Huelva) logra un buen inicio en la plaza de toros de València ante un complicado encierro de La Quinta y obtiene una oreja ‘in extremis’ del sexto, el más noble

David de Miranda debutó con éxito en la plaza de toros de València. La jornada no fue sencilla, parecía que el triunfo se resistía, pero ahí radica la verdadera relevancia del triunfo ‘in extremis’ del diestro onubense durante la Feria de Fallas, consiguiendo una oreja -merecida- en su esportón.

Tras haber sido triunfador en Sevilla el año pasado, incluyendo la Puerta del Príncipe, se esperaba una mejor ubicación para De Miranda en el ciclo continuado de las Fallas. Sin embargo, fue en el sexto toro donde el torero de Trigueros (Huelva) se impuso sobre sus bases, interpretando casi a ciegas cada embestida con su clara inteligencia, revitalizando así la primera corrida del serial fallero, que hasta ese momento carecía de triunfos y contenido, justo cuando anochecía.

De esta manera irrumpió De Miranda, como un trueno, con un temple firme y cautivador, demostrando esa delicadeza que convence y su coraje frente a los mayores retos, con el cuerpo desprevenido, una fe inquebrantable y la intensidad propia de quien sabe que está en su mejor momento. Todo ello frente a un toro cárdeno cinqueño, notablemente noble y justo de raza, aunque singular, como suele ocurrir con esta especie de reserva veterana de La Quinta.

Con esas características, nadie puede negar que De Miranda es un gran torero gracias a esa dificultad convertida en facilidad —tan característica de su actual apoderado, el maestro Enrique Ponce— además de la firmeza, técnica y determinación mostradas en su última actuación.

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Podría afirmarse que ahora mismo es uno de los toreros más capacitados del escalafón; eso difícilmente será discutido por cualquier buen aficionado. Aun así, ni siquiera el sexto toro de La Quinta se entregó completamente bajo control estricto; este encierro resultó muy interesante por la dificultad que implicaba entender a cada uno de los seis astados. Digo interesante porque había que tocar ciertas teclas para enfrentarlos correctamente, algo nada sencillo. Además, todos lucieron un pelaje brillante, más serio que en años anteriores y con trapío —lo cual no implica mayor peso— sino todo lo contrario. Eso sí: parecían algo debilitados por las intensas lluvias recientes en el campo bravo; sin embargo, ninguno mostró maldad o agresividad extrema. Y eso ya es mucho decir.

Como mencionamos antes, en el sexto toro De Miranda acertó con el terreno adecuado, las preferencias del animal, las distancias requeridas para engancharlo y los toques precisos para dominar sus embestidas. Supo librar sus acometidas y ejecutó formidables pases de pecho aunque el toro protestaba siempre por alto. En resumen, el comportamiento del animal fue una incógnita hasta poco después de la mitad de la faena.

Por tanto, su labor destacó por su temple; él marcó la velocidad mientras el toro llegó incluso a propinarle un arreón cuando sintió el cuerpo y la mano del torero como un yugo. Finalmente acabó acoplado y dispuesto a embestir especialmente por el pitón derecho.

En ese lado tomó media altura y soportó las embestidas sin forzar al toro, citándolo a la altura de la cadera frente a un ejemplar desigual en sus acometidas que también esperó tranquilo durante el tercio de banderillas como los demás hermanos. El único pequeño pero —que no es tanto— fue que el torero dispuso de poco espacio y por momentos anduvo demasiado cerca.

El cierre incluyó manoletinas —o mejor dicho ‘mondeñinas’, tan propias de su repertorio— junto a una estocada bien colocada sobre la yema que aseguró el triunfo. El encuentro definitivo fue merecedor del premio aún sin brindis previo. La oreja fue justa recompensa.

Por contraste, su actuación quedó empañada tras una mala estocada al tercero bis, quizá el ejemplar menos codiciado del encierro.

En general, los toros de La Quinta regresaban con honores tras su éxito anterior en las Fallas; destacaron especialmente el primero que se dejó aunque sin humillar por derecho y con el que Fortes buscó profundidad en cada serie manteniéndose bien ubicado. El cuarto —que brindó al maestro Ponce— resultó inválido y debió ser devuelto a los corrales.

El lote asignado a Román fue más manejable que los otros y allí estuvo él: generoso con valentía y corazón entregado. Se le vio dar distancia al primero valiente, soportar las acometidas por derechas ligando en línea recta, empujar esas embestidas y someterlas. Su forma al ejecutar la suerte suprema ya constituyó un avance notable; igual que su manera de mecer las embestidas con el capote.

En el quinto toro logró bien merecida una oreja trabajada que perdió tras fallar con los aceros. En banderillas sobresalieron dos pares buenos realizados por Fernando Sánchez en ambos toros junto a otros destacados de César Fernández y Gómez Escorial.

Dentro del equipo de Román también brilló el picador Francisco Ponz ‘Puchano’, local a caballo, quien firmó dos buenos puyazos; aunque no tanto como Santiago ‘Chocolate’ en las varas del segundo toro.

La tarde culminó con un nombre propio: David de Miranda debe regresar pronto a València y debería hacerlo en la Feria de Julio.

Este contenido fue hecho con la asistencia de una inteligencia artificial y contó con la revisión del editor/periodista.

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