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El rugby ejemplifica cómo enfrentar la presión, ese instante clave donde mente y cuerpo se sincronizan

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En Argentina no conocemos absolutamente nada sobre Rugby League, ese deporte derivado del rugby que practicamos aquí y que nació en el norte de Inglaterra.

Fuente: La Nacion

La victoria de Irlanda sobre Inglaterra en el Seis Naciones dejó varias reflexiones sobre el impacto psicológico en los deportistas

Durante la primera semana en los campos de la Universidad de Hatfield, donde Saracens tenía su base en 2006, llevaba puesto un gorro de pescador que no se quitó ni una sola vez. Alguien mencionó a Andy Farrell, y pregunté “¿Quién?”. Se rieron. “Andy Farrell es una maldita leyenda del deporte”, me dijeron. Para mí, no lo era, pensé, aunque no lo dije. En Argentina no conocemos absolutamente nada sobre Rugby League, ese deporte derivado del rugby que practicamos aquí y que nació en el norte de Inglaterra.

En los meses siguientes observé a Farrell como una persona sumamente competitiva. En un partido por la copa de Europa que ganamos cómodamente, se fue insultando por lo bajo debido al pobre nivel del encuentro, mientras yo estaba exultante tras marcar cuatro tries, algunos asistidos por él con pases que jamás había visto en mi vida dentro de una cancha.

Veinte años después, hace diez días en Twickenham, Irlanda le gana a Inglaterra. Tras recuperar la pelota, su medio scrum Gibson Park ejecuta un kick largo; él mismo llega para recuperarla con un tackle y la captura. Segundos más tarde es try para Irlanda. En la repetición, la televisión muestra a Farrell siguiendo la acción. Aunque no se ve la jugada, el entrenador transmite cada instante con su lenguaje corporal: salvaje y dominante, con el puño cada vez más apretado y el codo más flexionado durante el festejo.

En otra jugada, Inglaterra aturdida recupera la pelota y tiene campo abierto para Marcus Smith, quien en lugar de acelerar parece lento, pequeño y débil, como una presa indefensa en un documental de la sabana africana cuando un felino atrapa a un cervatillo. McKluskey, un centro imponente de 1,90 m y 110 kilos, persigue a Smith y lo anula completamente. De nuevo en la repetición, Farrell narra sin necesidad de ver la jugada: su cuerpo crece mientras muestra una mezcla entre sonrisa y grito primal y guerrero.

Irlanda aplastó a Inglaterra (42-21, por la tercera fecha del Seis Naciones 2026) gracias a avanzar con apoyo constante y dominar el juego bajo presión. Después de un inicio débil frente a Francia y con la ausencia de su entrenador durante un año por estar con los British and Irish Lions, volvieron a ser una fuerza competitiva e imponente, tal como Farrell representa: un competidor feroz.

Unas semanas antes, en su debut, Inglaterra goleó a Gales (48-7). Sin embargo, no fue el mejor día para el equipo que solo perdió un partido en 2025. En los minutos finales, George Ford conversaba con un compañero durante una pausa y se notaba frustrado por la inconsistencia del equipo que desperdició muchas oportunidades para anotar. Con su mano hizo un gesto como dibujando suaves montículos que subían y bajaban. Presté mucha atención a ese movimiento.

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La euforia de Farrell

Antes del torneo, Inglaterra era claramente uno de los favoritos para ganar el Seis Naciones debido al juego mostrado el año anterior, la calidad del plantel y las ideas presentadas por el equipo bajo la dirección de Steve Borthwick.

Borthwick es un entrenador excepcionalmente racional. Nunca tiene un arrebato ni muestra emoción alguna; parece un agente entrenado por el MI6 británico. Gane o pierda su equipo mantiene siempre la misma expresión facial. En sus declaraciones es astuto y prudente a la vez.

El partido contra Escocia (derrota inglesa 31-20 en la segunda fecha) fue una de las peores actuaciones inglesas en mucho tiempo. El equipo se mostró lento y desorganizado en ataque; su falta de reacción ante los contactos les hizo perder muchas posesiones. Para Inglaterra, que basa su juego en mantener la posesión mediante formaciones fijas y dominio territorial, esto fue fundamental para su derrota. En defensa mostraron aún más impericia contra Escocia —un equipo confiado en su ataque desde que Greg Townsend dirige y con Finn Russell como apertura— capaz de expandir mucho el juego por las puntas dificultando cualquier orden defensivo inglés. Errores marcados complicaron aún más a los locales.

Ese día observé un equipo paralizado, dominado por el miedo y excesivamente pensante.

El arte de manejar la presión

El término “choke” (ahogarse bajo presión) es muy común en inglés. Jonah Lehrer relata en su libro “Cómo decidimos” una historia para ilustrar este fenómeno: Boston Red Sox estaba a solo un out de ganar su primera Serie Mundial tras 68 años y romper así la famosa “Maldición del Bambino”, leyenda surgida tras vender al legendario Babe Ruth a sus rivales New York Yankees y entrar en una larga sequía sin títulos. Jugaban contra los New York Mets; Buckner, veterano intachable en primera base, enfrentó un suave batazo hacia él que parecía rutinario e inocuo. Sin embargo falló: la pelota pasó bajo su guante permitiendo que los Mets anotaran y ganaran tanto el partido como luego la Serie Mundial.

Lehrer explica que Buckner no falló por falta de talento sino por exceso de análisis: ante la magnitud del momento (a segundos de coronarse campeones), su corteza prefrontal —la parte consciente y racional— tomó control sobre una tarea que normalmente manejan los ganglios basales —el piloto automático cerebral— provocando esa falla.

En el partido mencionado antes donde Farrell personifica esa mente competitiva e indomable necesaria para dominar encuentros como Inglaterra vs Irlanda en Londres, los locales parecían aún más paralizados que ante Escocia: cada contacto implicaba segura pérdida ante defensores irlandeses; los apoyos llegaban lentos y distantes.

El deporte colectivo puede resumirse en necesidades básicas: avanzar, contar con apoyo permanente y dominar bajo presión.

Dave Alred es psicólogo inglés reconocido por trabajar con Jonny Wilkinson sobre cómo manejar la presión. En su libro “El principio de la presión” (editorial ClubHouse), Alred sostiene que esta une mente y cuerpo; si la mente sobrepiensa, el cuerpo se vuelve rígido y lento.

“La mente es ruidosa; el cuerpo silencioso”, dice Alred. En momentos cruciales el cerebro del pateador (o del equipo inglés) se llena de “qué pasaría si…”. Entre otras cosas Alred entrena a sus jugadores para “Abrazar la presión”, enfocándose en sensaciones corporales más que narrativas verbales; principalmente entrenándolos en ambientes caóticos y hostiles para mantener claridad mental y ejecución técnica impecable. En situaciones caóticas es vital adoptar posturas que reflejen dominio; si el cuerpo envía esa señal el cerebro responde adecuadamente.

Leí alguna vez a Guardiola decir que al fin y al cabo un entrenador estimula comportamientos; cómo actúa un equipo dentro del campo está directamente ligado a su preparación previa: si no se entrena “a tomar decisiones”, moverse bajo presión o anticiparse resulta inútil esperar esas habilidades luego.

También he leído que entrenar implica encarnar una filosofía. Andy Farrell, celebrando cuando McKluskey domina físicamente a Smith evitando un try rival, está haciendo precisamente eso.

Este contenido fue hecho con la asistencia de una inteligencia artificial y contó con la revisión del editor/periodista.

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