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Experimenté el Clásico Mundial con una gran intensidad

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Comprendimos que el Clásico no se reduce a nueve entradas ni solo al partido de nuestro país.

Fuente: Listin diario

La expectativa suele ser una promesa que rara vez se cumple en su totalidad. Sin embargo, en mi experiencia con el Clásico Mundial de Béisbol 2026, esa regla quedó rota: lo que visualicé antes del viaje fue grande, pero lo vivido superó con creces todas mis expectativas.

Primero quiero aclarar que no estuve solo. Viví esta experiencia junto a Pedro Briceño, Enriquillo Billini, Saulo Mota y Javier Flores, colegas del Listín Diario, con quienes el trabajo dejó de ser una rutina habitual.

Nuestra misión era clara: cubrir cada paso del equipo dominicano y además brindar una cobertura completa del evento, especialmente desde el loanDepot Park, sede no solo del conjunto criollo sino también de Israel, Países Bajos, Nicaragua y el actual campeón, Venezuela.

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El trabajo no se limitó a una sola plataforma; fue un esfuerzo constante. Cubrir para la edición impresa, alimentar el contenido digital y mantener activas las redes sociales requirió sin duda un esfuerzo extra, pero nunca fue una carga.

Durante la fase de grupos —cuando se jugaban dos partidos diarios— llegábamos al estadio a las 8:00 de la mañana y salíamos pasada la medianoche tras la última rueda de prensa. No sentíamos que fuera un sacrificio, sino una inmersión total en el torneo. Comprendimos que el Clásico no se reduce a nueve entradas ni solo al partido de nuestro país.

En lo personal, uno de los mayores beneficios fue el contacto humano. Intercambiar experiencias con colegas de distintas culturas enriqueció mi visión profesional. En ese recorrido tuve el privilegio de saludar a figuras que siempre admiré desde lejos, como Jon Heyman, Jeff Passan, Bob Nightengale y el dominicano Ernesto Jerez. Pero más allá de los nombres famosos, me quedo con amistades sinceras como las creadas con Levi Luna y Reyes Ureña, colegas nicaragüenses con quienes compartí el trabajo y que en momentos clave brindaron su apoyo.

En el campo, el espectáculo fue simplemente inigualable. Ver juntos en un mismo escenario a talentos como Shohei Ohtani, Aaron Judge, Paul Skenes, Juan Soto y Ronald Acuña Jr., todos en la cima de sus carreras, no solo ratifica la calidad del torneo sino que confirma su esencia: reunir lo mejor del béisbol en su máxima expresión. Para mí fue un sueño hecho realidad.

Y si hay un protagonista silencioso es el estadio. El loanDepot Park, que habitualmente no se llena durante la temporada regular de Grandes Ligas, cobra vida cuando juegan República Dominicana y Venezuela. Aunque la estructura permanece igual, el ambiente cambia por completo: se vuelve caribeño y vibrante; es como trasladar un pedazo de nuestras islas a Miami. Claro está que no es perfecto: la oferta gastronómica es amplia en comida rápida pero limitada para quienes buscan opciones más saludables.

Al final, más allá de las coberturas, los nombres y las historias, hay algo que no puede medirse: ver a tu país competir. Cubrir a República Dominicana en un escenario así no tiene precio. Es una vivencia que todo periodista deportivo debería experimentar al menos una vez porque existen emociones que no se pueden narrar completamente; solo se comprenden cuando se sienten.

Este contenido fue hecho con la asistencia de una inteligencia artificial y contó con la revisión del editor/periodista.

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