Fuente: Asia News.it
Moscú (AsiaNews) – En Max, la nueva aplicación patriótica de mensajería que cada vez se impone con mayor rigor en las instituciones y entre los ciudadanos rusos, se ha detectado un virus llamado Mamont, o “mamut”. Este software malicioso tiene la capacidad de robar los datos de pago de los usuarios, accediendo a las aplicaciones bancarias electrónicas.
En realidad, este virus es conocido desde hace tiempo en las versiones básicas de Android y se difunde a través de chats familiares y grupos de padres. Los delincuentes cibernéticos logran hackear las cuentas y enviar archivos dañinos a los contactos, con el objetivo de obtener acceso a las conversaciones y códigos bancarios, además de sustraer dinero e información personal. Leonid Juldašev, coordinador del proyecto eQualitie, detalla que el programa se activa al recibir un mensaje típico que dice “¿Eres tú en este vídeo?”, el cual incita a hacer clic; al hacerlo, aparece una pantalla que puede simular la carga de una página o un reproductor de vídeo inoperante, mostrando supuestos errores técnicos. Mientras tanto, se descarga un troyano en el smartphone, un tipo de programa que se ejecuta sin que el usuario lo sepa para robar sus datos.
Las autoridades rusas y la propaganda oficial promocionan Max como “un espacio seguro”, en contraste con WhatsApp y Telegram, aplicaciones que han sido bloqueadas bajo el pretexto de la “lucha contra las estafas electrónicas”. La propagación del virus Mamont fue detectada a principios de marzo, durante la migración obligatoria a Max debido a las restricciones impuestas sobre Telegram, según indican expertos. Sarkis Darbinyan, abogado especializado en ciberseguridad, señala que “las personas confían cada vez más en chats privados donde solo participan conocidos, lo que incrementa la credibilidad de los mensajes intercambiados; esta confianza es aprovechada por los estafadores para ganarse la confianza del público”.
El departamento de prensa del servicio patriótico de mensajería desmiente cualquier problema, asegurando que “la propagación de un virus en Max no corresponde a la realidad” y afirmando que los especialistas de su centro de seguridad previenen y bloquean todos los intentos de infiltración en sus sistemas. Sin embargo, Darbinyan aclara que los ataques de phishing pueden ocurrir en cualquier plataforma de mensajería, sea Max, Telegram o Delta Chat, porque “estos ataques no dependen tanto de la tecnología ni de las medidas técnicas defensivas, sino de la psicología del usuario, permitiendo así una variedad amplia de engaños”.
Esto resulta aún más crítico debido a que Max permite a los organismos estatales supervisar las conversaciones, como comenta el experto; por ello “es fundamental que los usuarios comprendan que todos sus datos son constantemente monitorizados por el Estado, lo cual genera riesgos relacionados con la seguridad personal y posibles represalias dirigidas especialmente a quienes depositan una confianza excesiva en esta plataforma”. Según la oficina de prensa, Max cuenta actualmente con 100 millones de usuarios registrados y una audiencia diaria cercana a 70 millones; sin embargo, Agenstvo señala que la mayoría de estas cuentas pertenecen a oficinas gubernamentales o han sido creadas por mandatos oficiales.
Juldašev manifiesta que “vemos una fuerte resistencia entre la población para adoptar Max como plataforma principal o una de sus principales herramientas diarias para comunicarse”. En general, las personas utilizan un segundo teléfono —al que llaman Maxofon— para cumplir con las obligaciones relacionadas con Max, mientras que su dispositivo principal tiene instaladas aplicaciones menos “patrióticas”. Cuando es necesario, muestran el Maxofon a sus superiores o empleadores; este dispositivo incluye conversaciones y servicios estatales, pagos electrónicos, firmas digitales e identificación oficial accesible para las autoridades, elementos también atractivos para los ciberdelincuentes.
Este contenido fue hecho con la asistencia de una inteligencia artificial y contó con la revisión del editor/periodista.








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