Fuente: Hoy Digital
Cuando no logramos conectar o comprender el significado profundo de una práctica espiritual o religiosa, y solo nos enfocamos en aliviar un malestar personal o alcanzar el bienestar como único objetivo, pueden aparecer el cansancio y el desgano, explica María González, psicóloga del Instituto Centta.
Según González, “el aburrimiento no representa un fracaso ni una falta de fe o compromiso, sino que es una invitación a analizar cómo vivimos nuestra espiritualidad y a reencontrarnos con el sentido más humano y auténtico de la experiencia espiritual: el encuentro con uno mismo y con Dios”.
Para evitar que la espiritualidad se convierta en algo esporádico o desconectado de nuestra vida cotidiana, esta especialista recomienda incorporar en nuestro día a día la escucha activa, la ayuda al prójimo y vivir nuestras acciones con plena presencia mental y emocional, lo cual promueve una práctica religiosa más coherente y sostenida.
La Semana Santa suele ser un momento propicio para el recogimiento, la introspección y la búsqueda de un sentido trascendente en la vida. Sin embargo, algunas personas pueden experimentar durante este tiempo cierto ruido mental y distanciamiento espiritual, señala María González, psicóloga sanitaria.
Durante estos días sagrados para los católicos, muchas personas aprovechan para intensificar su religiosidad, realizar ejercicios de meditación o desconectarse de la rutina diaria con la intención de reconectar consigo mismas, detalla González, experta en psicoterapia integradora, intervención en trauma y terapia EMDR en CENTTA (https://centta.es).
No obstante, algunos no logran encontrar la paz interior esperada y pueden sentir un vacío o desconexión inesperada que provoca frustración. Un estudio europeo reciente describe esta experiencia como un aburrimiento o cansancio espiritual, advierte.
González comenta que esa sensación de tedio ha sido analizada por investigadores de las universidades de Viena (Austria) y Essex (Reino Unido). Sucede cuando prácticas espirituales o religiosas —como yoga, oración, retiros o meditación— dejan de inspirar a quienes las realizan y se perciben carentes de significado o motivación.
El psicólogo Thomas Goetz, de la universidad de Viena, sostiene que el desgano espiritual aparece tanto cuando una práctica resulta demasiado exigente como cuando es excesivamente sencilla. Esto puede reducir considerablemente la motivación del practicante y limitar el poder transformador de la experiencia, señala la psicóloga del instituto Centta.
El significado verdadero detrás de la práctica espiritual.
González indica que “el aburrimiento surge cuando no logramos conectar o comprender el sentido profundo de una práctica espiritual o religiosa y solo buscamos calmar un estado personal negativo o obtener bienestar propio como único propósito”.
Además, este fenómeno refleja cómo la cultura actual de la inmediatez transforma prácticas espirituales profundas —que requieren formación y tiempo para vivirse plenamente— en fuentes adicionales de estrés al quedarse en lo superficial, explica esta experta.
Desde el Instituto Centta destacan que “este tedio no implica falta de fe ni compromiso sino que representa una oportunidad para revisar nuestra relación con la espiritualidad”.
En un contexto como Semana Santa, donde las expectativas de conexión interior son elevadas, este centro propone tres recomendaciones prácticas para superar el desgano espiritual o religioso y reencontrar el significado profundo asociado a una experiencia trascendente.
Modera la intensidad de tu práctica religiosa.
“El cansancio espiritual puede indicar un desequilibrio: bien porque la práctica resulta demasiado demandante y provoca saturación o porque es muy liviana generando apatía”, aclara María González.
La especialista aconseja escuchar nuestro ritmo personal y ajustar la intensidad en las actividades espirituales —por ejemplo acortando sesiones de meditación u oración o incorporando ejercicios más desafiantes si las actuales se vuelven monótonas— para mantener el interés y atención plena durante el acto devocional.
Reconoce el valor personal en lo que haces.
“Perder de vista las razones por las que rezamos, meditamos o participamos en rituales litúrgicos como procesiones o ayunos durante Semana Santa hace que la práctica pierda sentido”, advierte esta profesional.
González recomienda dedicar unos minutos a reflexionar sobre cómo estas prácticas aportan calma, claridad mental, paz interior, bienestar emocional o sensación de comunión con otros para recuperar su propósito original.
“Estudiar los orígenes y fundamentos de tu religión; releer las escrituras; comprender para qué sirven la oración o la meditación; reconocer subjetivamente su valor fortalecerá tu vínculo con lo espiritual y disminuirá esa sensación vacía”, afirma.
Incorpora la espiritualidad a tu rutina diaria.
Para González “la espiritualidad no debe quedar limitada a templos, retiros o celebraciones religiosas”.
Señala que integrar un enfoque espiritual en nuestra vida cotidiana mediante la escucha activa y apoyo a los demás, además de vivir cada acción con presencia mental y emocional puede convertirse en una forma profunda de conexión interior.
“Incluir la espiritualidad en nuestro día a día previene que sea una experiencia aislada o puntual facilitando una vivencia más constante y coherente” respecto a las prácticas religiosas, concluye.
Según esta psicóloga, nuestra vivencia espiritual no debe finalizar al concluir Semana Santa sino que ese momento puede significar el comienzo para vivir una búsqueda más profunda del sentido y propósito vital.
“En resumen, el desgano espiritual no debe verse como un fracaso sino como una invitación a revisar nuestras expectativas y reencontrar el significado más humano y auténtico detrás de esta experiencia: el encuentro genuino con uno mismo y con Dios”, finaliza González.
Este contenido fue hecho con la asistencia de una inteligencia artificial y contó con la revisión del editor/periodista.








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