Fuente: Listin diario
Durante semanas has fluctuado entre la ira y la depresión. Experimentas un sufrimiento profundo y un odio intenso, dirigido a personas con nombre y apellido, pero también a una especie de sombras sin voz ni mirada que te acechan constantemente.
“Interludio”, pág. 37-38.
Al comenzar su magna obra Anna Karenina, León Tolstói afirmaba: “Todas las familias felices se parecen unas a otras, pero cada familia infeliz lo es a su manera”. La infelicidad es algo personal; cada individuo la padece de forma distinta y proviene de circunstancias diversas. No obstante, cuando se juntan múltiples factores, es difícil no caer en un ciclo del que resulta complicado salir. El poeta Luis Sánchez Martín (Cartagena, 1978) refleja esta realidad en “Pastillas debajo de la lengua” (ediciones Liliputienses, 2024), un libro de poemas que expresa todo ese dolor vivido, la miseria que ha acompañado al autor durante su existencia y la inevitable caída hacia el abismo.
“Y toda la maldad y el dolor y el miedo
acumulados en un sillón frente a un televisor apagado”.
“El sonido de los días apagado”, pág. 8.
El volumen se divide en tres partes (“Monosílabos de cinco a nueve”, “Interludio” y “Los psicólogos de las películas”), además de incluir dos poemas que funcionan como prólogo y epílogo. Aunque segmentado en estas secciones, el conjunto fluye como una unidad donde se despliega una exposición del sufrimiento y la desesperanza derivada de la depresión, junto con las causas subyacentes: la pobreza, el fracaso, una sociedad deshumanizada y la fragmentación familiar. Son factores estrechamente ligados que generan una situación límite que pudo tener desenlaces trágicos pero que, en cualquier caso, está muy lejos de brindar un final feliz:
frente a la ventana abierta de este séptimo sin ascensor
El autor no solo pone en evidencia el trastorno mental, sino también el enfado que le provoca. Porque finalmente todo nace de las circunstancias que ha debido enfrentar a lo largo de su vida, situaciones provocadas por personas que, por diferentes motivos, actúan así condicionando la vida ajena:
El trabajo precario es otro tema recurrente en el libro. Se describe un mundo duro e implacable, anacrónico, donde empresarios atrapados en un capitalismo decimonónico consideran al empleado simplemente como alguien obligado a aceptar todas sus imposiciones por haber sido contratado:
Mientras la felicidad y el bienestar podrían aportar una sensación de equilibrio y armonía con el entorno, el dolor y el sufrimiento brotan desde lo más profundo del ser humano. Quizá por ello extraen de los artistas sus obras más íntimas, personales e inescrutables. Y “Pastillas debajo de la lengua” es indudablemente una expresión intensa de todo ese dolor y rabia acumulados; una creación literaria cruda y contundente en la que los poemas forman un retrato vívido de esa realidad. En definitiva, una lectura que ofrece otra perspectiva sobre el mundo que habitamos.
“Dios ha muerto y se lo ha llevado todo
pero ha dejado el vodka y las pastillas al alcance de la mano”.
“Dios ha muerto y se lo ha llevado todo”, pág. 60.
¿Por qué están tan ligados el arte con el dolor y el sufrimiento? Surge entonces esa pregunta tan común: ¿por qué la poesía suele ser tan triste? Quizá porque la respuesta es similar a la que nos dio Tolstoi.
Este contenido fue hecho con la asistencia de una inteligencia artificial y contó con la revisión del editor/periodista.








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