Fuente: Ana Del Castillo/ana_del_castillo@eldiariomontanes.es
Darío Cavada, natural de Santoña (Cantabria) y nacido en 2001, reside a más de 17.000 kilómetros de su hogar. Al cumplir la mayoría de edad, se trasladó a Estados Unidos gracias a una beca deportiva de fútbol. Allí completó un doble grado en Economía y un máster en Business Analytics. Culminados sus estudios y orgulloso de sus logros, regresó a España con una propuesta laboral en una consultora de Barcelona. Sin embargo, tras siete meses enfrentando “las malas condiciones laborales”, se vio obligado a emigrar nuevamente, esta vez a Australia. Actualmente, tras desempeñarse en trabajos como barrendero, obrero, limpiador y vendedor en Louis Vuitton, trabaja en la industria minera, donde “en una semana gano lo que cobraría en un mes en mi país”. Su historia es un ejemplo más del talento joven cántabro que ha emigrado para desarrollarse profesionalmente, al igual que Iván Márquez, el biólogo que protege monos capuchinos en el Amazonas; Carmen Landeras, seleccionada en EE.UU. para el programa del foro mundial BAFT; o Carmen Sánchez, emprendedora detrás de una startup emergente en Estados Unidos.
Esta breve pero intensa trayectoria laboral resume la carta de presentación de Darío. No obstante, existen detalles menos visibles. Por ejemplo, las temperaturas de hasta 45 grados que soporta en los desiertos donde se ubican los campos mineros o la molesta mosquitera que debe llevar consigo constantemente. Su rutina laboral es peculiar: desde Perth, una ciudad australiana importante, toma un avión hacia distintos campos mineros del desierto occidental. “Cada vez nos desplazamos a uno diferente”, comenta. Allí permanece dos semanas y luego regresa a casa para descansar durante siete días.
Desde pequeño, Cavada demostró gran habilidad con el balón. Esa destreza le permitió jugar en equipos como el Bansander, la Gimnástica y el Racing, donde pasó por categorías inferiores desde alevín hasta juvenil. Al igual que otros canteranos verdiblancos, aunque nunca fue un estudiante destacado en el colegio, logró obtener una beca deportiva para estudiar en Estados Unidos. Así llegó a formar parte del equipo de la Universidad de Hartford, Connecticut. Más tarde también jugó en la Universidad de Quinnipiac. Mientras combinaba deporte y estudios, culminó un doble grado en Economía y un máster en Business Analytics “con matrícula de honor”, según él mismo presume.
Con este currículum volvió a España para ocupar un puesto como consultor en una multinacional ubicada en Barcelona. “Antes pasé por Santoña para darle un beso a mamá”, bromea. Tras más de seis meses trabajando bajo mucha presión y largas jornadas decidió partir nuevamente; esta vez hacia Perth, al oeste australiano. Con objetivos claros —mejorar otro idioma además del suyo, prolongar la experiencia fuera de su zona de confort y ahorrar— comenzó a trabajar limpiando baños, casas y oficinas usando guantes de látex; luego asesoró clientes en Louis Vuitton con guantes más delicados; entrenó niños en la Academia FC Barcelona de Australia; separó residuos en eventos; sirvió mesas desde 230 metros de altura en el observatorio Gold Coast; cargó muebles durante mudanzas; repartió comida con Uber Eats e incluso trabajó como obrero.
¿Por qué lleva Cavada esta vida laboral tan variada? Además de ser un auténtico buscavidas, su objetivo es reunir el dinero suficiente para montar su propio negocio: “La mayoría son empleos ‘casuales’, es decir, te llaman cuando te necesitan realmente y no tienes un horario fijo diario. Lo que pretendo es ahorrar lo necesario para crear una página web y continuar inspirando a jóvenes como yo”. Se refiere a sus redes sociales, donde suma más de 100.000 seguidores entre Instagram y TikTok. Porque además de trabajar duro aún tiene tiempo y ganas para mostrar su día a día a los demás.
Según relata, el trabajo minero le satisface más que otros pese al sol abrasador y temperaturas superiores a 40 grados. “Pasé del frío intenso de Estados Unidos al calor sofocante australiano. El secreto está en hidratarse bien con electrolitos y usar mosquitera porque si no te atacan los insectos. Aquí me pagan mejor que en España y además cubren alojamiento, transporte y comida”, explica.
Las jornadas laborales duran unas doce horas diarias aunque no parece faltar nada para el equipo (“a veces hay 500 mineros y otras hasta 5.000”): “Disponemos de piscina, cafetería, gimnasio con entrenador personal, nutricionista y psicólogos porque pasamos mucho tiempo aislados en el desierto”. En este entorno hostil Darío desempeña funciones polivalentes como ‘utility’, es decir, alguien que hace un poco de todo: desde limpiar habitaciones hasta ayudar en cocina. “Friego platos, corto cebolla…”, enumera.
Esta semana el joven cántabro está trabajando en los campamentos mineros de West Angelas, ubicados en Pilbara (región occidental), área reconocida por su extracción de hierro. Reflexiona sobre su situación —que suele compartir con sus seguidores cuando le preguntan por qué no está cómodamente instalado en casa con amigos—: “Puede parecer chocante estar trabajando en una mina teniendo un doble grado universitario, pero este sacrificio es temporal. Estoy aquí para aprender, ahorrar y luchar por mi futuro. Cuando consiga todo eso espero regresar a Cantabria”.
Este contenido fue hecho con la asistencia de una inteligencia artificial y contó con la revisión del editor/periodista.









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