Fuente: Hoy Digital
Más de una docena de millennials se reunieron en un apartamento de ladrillo rojizo en Brooklyn y colocaron sus teléfonos dentro de un colador metálico, para dedicar dos horas a leer, dibujar y conversar, evitando completamente las pantallas.
A pocos kilómetros, en una antigua fábrica de cajas de cartón del siglo XX convertida en oficinas modernas, casi veinte personas alrededor de los treinta años contemplaban sus móviles durante unos minutos. Luego dejaban los dispositivos a un lado y miraban sus propias palmas, seguido por las de sus vecinos.
El propósito de esta actividad era resaltar la importancia de enfocarse en la vida real, en lugar de las brillantes pantallas que dominan nuestra existencia.
Una “revolución” contra los dispositivos
Dos décadas después del lanzamiento del iPhone por Steve Jobs, un pequeño pero entusiasta movimiento con alcance internacional se alza contra la omnipresencia de las pantallas.
Dan Fox, de 38 años y organizador del encuentro en Brooklyn, afirmó que “los productos se han vuelto más insidiosos, extractivos y explotadores”. Según Fox, los integrantes de este naciente movimiento “quieren iniciar una revolución”.
Pero, ¿será posible que este activismo por la atención, impulsado por millennials y generación Z, logre desprenderse del dominio de las grandes corporaciones? Los datos sugieren lo contrario. Aun así, los cambios culturales suelen ser lentos, y la resistencia contra lo que muchos llaman “fracturamiento humano” está en aumento.
Apple y otras firmas tecnológicas líderes aseguran haber implementado medidas para ayudar a los usuarios a reducir su tiempo frente a las pantallas, como funciones que monitorean el uso o modos grises menos llamativos.
Los “teléfonos tontos” aparecen como una opción tecnológica sencilla.
No obstante, los activistas consideran que estas soluciones no bastan.
Fox, humorista y especialista en marketing para Light Phone —una empresa radicada en Brooklyn que fabrica teléfonos básicos— afirma: “Quieren acabar con las grandes tecnológicas”.
A diferencia de la mayoría de dispositivos modernos, Light Phone destaca por eliminar funciones como redes sociales, noticias sensacionalistas, correo electrónico o navegadores web que generan ansiedad mediante flujos interminables.
Fox se sumó al movimiento tras asistir a un concierto de Tame Impala en el Radio City Music Hall en 2015; allí sintió que todos grababan el espectáculo con sus teléfonos en vez de disfrutar la música directamente.
“Me di cuenta de que los teléfonos literalmente interfieren con las cosas que disfruto”, comentó Fox.
El acceso móvil a internet está tan integrado en la vida cotidiana que uno de los pocos lugares donde no es fácil obtenerlo es Irán durante tiempos bélicos, cuando las autoridades cortaron la conexión durante masivas protestas en enero.
Una respuesta creciente
D. Graham Burnett, historiador de la ciencia en Princeton y coautor del libro “¡Atención! Un manifiesto del movimiento de liberación de la atención”, es una figura clave dentro del creciente rechazo a la explotación corporativa sobre nuestra atención.
Su obra se suma al éxito editorial del presentador Chris Hayes con “The Sirens’ Call: How Attention Became the World’s Most Endangered Resource”, contribuyendo a un conjunto creciente de textos que instan a alejarse de las pantallas para enfocarse en la experiencia vital.
Burnett sostiene que el “movimiento de liberación de la atención” busca liberarse del dominio absorbente de las aplicaciones que consumen nuestro tiempo; considera que las personas deben reconectarse con su esencia porque su atención conforma su vínculo pleno con el mundo.
En la reunión en casa de Fox, los asistentes iniciaron la noche presentándose como si formaran parte de un grupo terapéutico.
“No me siento bien con mi relación con el teléfono; siento que soy adicto”, expresó Riley Soloner, docente de clown teatral y acomodador en Carnegie Hall, quien llegó cargado con una mochila repleta de libros físicos.
Se han creado otros grupos similares alrededor del mundo.
Recientemente, a fines del mes pasado y al otro lado del Atlántico, varias personas se congregaron para una reunión del Offline Club dentro de una catedral neogótica en Países Bajos.
Ilya Kneppelhout, cofundador, explicó: “Organizamos eventos con temáticas diversas; una es conectar consigo mismo mediante actividades creativas como lectura, escritura o rompecabezas”. Añadió: “La idea es invitar a bajar el ritmo, reflexionar y mirar hacia adentro”.
En Estados Unidos y Canadá existen decenas de grupos dedicados al activismo por la atención; también han surgido movimientos similares en España, Italia, Croacia, Francia e Inglaterra. Burnett espera que esta tendencia siga creciendo.
En enero pasado, los miembros de la cooperativa Harkness del Oberlin College optaron por gestionar sus actividades sin correos electrónicos ni hojas electrónicas y aplicaron una prohibición total a la tecnología dentro del edificio compartido construido en los años 50.
Ozzie Frazier, estudiante tercer año de 21 años, comentó: “La gente se sintió aliviada al no tener que revisar correos electrónicos ni mensajes ni noticias; eso nos permitió pasar mucho tiempo simplemente conversando”.
Durante ese mes sin tecnología electrónica, según Frazier, comenzaron a sacar CDs de la biblioteca y disfrutaron noches dedicadas a manualidades, música en vivo y juegos como Bananagrams.
“La ausencia de dispositivos generó entre muchos un espacio mental y sensación profunda de conexión mutua”, indicó Frazier.
Wilhelm Tupy descubrió “Attensity” mientras estaba en una librería vienesa y visitó recientemente la Escuela Radical de Atención ubicada en el barrio DUMBO neoyorquino durante un viaje el mes pasado.
Sintió haber hallado algo que enlaza su carrera como campeón judoka —que requiere concentración y fluidez— con su actividad actual como consultor empresarial tras jubilarse.
“Hoy día la disciplina ya no es suficiente”, afirmó Tupy. “Cada vez resulta más difícil mantener la atención enfocada en metas y todo aquello que deseamos lograr”.
Este contenido fue hecho con la asistencia de una inteligencia artificial y contó con la revisión del editor/periodista.









Agregar Comentario