Fuente: Catalina Gomez Angel/catalina_gomez_angel@hechoencalifornia1010.com
La cola se extiende hasta la esquina de la calle. Mujeres sin velo, otras con pañuelos cubriendo su cabeza, hombres en bermudas practicando deporte y una variedad amplia de atuendos. Todos aguardan para conseguir mesa en uno de los locales populares donde sirven omelette persa, huevos revueltos con tomate acompañados de pan tradicional y té.
Cada viernes por la mañana esta calle se convierte en un bullicio, pero ayer, un día soleado, parecía estar más concurrida que nunca. Lo mismo ocurría la noche del jueves en los cafés de Sanai, una zona central de Teherán que comenzó siendo un punto de encuentro para jóvenes artistas y ahora atrae visitantes de toda la ciudad.
“Hay que aprovechar la primavera mientras dure, el alto el fuego no será permanente”, comentaba Ali, arquitecto de 53 años, mientras tomaba café. “Me gustaría creer que la guerra termina, ha sido un desastre para todos, pero no pienso que logren un acuerdo”, añadía recordando que cuando Estados Unidos lanzó los ataques aún se estaban negociando. “Existe mucha desconfianza”, afirmaba.
El ambiente en esta zona, con muchas mujeres sin velo y caderas al descubierto, contrasta totalmente con lo vivido el jueves en la calle Jomburi Islami (República Islámica), situada a pocas calles al sur del café. Allí, cientos de miles de peregrinos comenzaron a caminar desde las ocho de la mañana en una procesión que duró doce horas. Algunos marchaban en grandes grupos liderados por vehículos con altavoces que difundían consignas antiimperialistas; otros lo hacían en familia y algunos solos. “Ha llegado el momento de la venganza, las negociaciones están prohibidas”, era uno de los lemas coreados. El 99% de las mujeres llevaban el chador negro impuesto por la Revolución Islámica desde sus inicios.
Es Ghalibaf, un ex guardia revolucionario convertido en político, quien dirigirá el equipo negociador de la república islámica.
La meta era llegar hasta el cruce con la calle Daneshgu (Universidad), donde se había instalado un gran arco presidido por una foto del ayatolá Ali Jamenei y decorado con miles de claveles blancos. Se conmemoraban los cuarenta días tras su asesinato en el complejo donde residía, muy cerca del lugar. “Venimos a mostrar que estamos dispuestos a dar nuestra sangre por él y que debemos continuar hasta vengar su muerte”, explicaba Fátima, quien como muchos otros rechaza el alto el fuego y aún más las negociaciones con EE.UU. “Ghalibaf (Mohammad Baquer Ghalibaf, portavoz del Parlamento) está traicionando la memoria del líder”, sentenciaba esta mujer reflejando el sentir de gran parte del sector que apoya al sistema.
Ghalibaf -ex guardia revolucionario reconvertido en político- será quien lidere el equipo negociador frente al vicepresidente estadounidense JD Vance en Islamabad. Lo acompañarán el ministro de Exteriores Abbas Araqchi y posiblemente Mohammad Baguer Zolghadar, comandante de la Guardia Revolucionaria y secretario del Consejo Superior de Seguridad Nacional desde el asesinato de Ali Larijani. Muchos analistas señalan que Zolghadar, representante de la facción radical, defenderá la posición de la Guardia Revolucionaria.
“Las nuevas incursiones israelíes en Líbano constituyen una flagrante violación del acuerdo de cese al fuego… Que estas acciones continúen hará que las conversaciones pierdan sentido”, advierte enfáticamente el presidente Massoud Peseshkian, asegurando que el líder supremo Mujtaba Jamenei había aprobado el alto el fuego.
El ayatolá Allahmohoda también subrayó lo mismo desde la ciudad religiosa de Mashdad. Confirmó que el líder había autorizado al Consejo Superior de Seguridad Nacional a aceptar el alto al fuego. Claramente intentan mitigar las críticas de los sectores más radicales atribuyendo la responsabilidad al líder supremo, quien todavía no se ha mostrado públicamente tras su elección hace un mes.
Mojtaba Jamenei sí envía mensajes: el jueves emitió uno dando por finalizados los cuarenta días de duelo por su padre. No mencionó explícitamente el alto el fuego pero aseguró que Irán es vencedor y que la gestión sobre Ormuz inicia una nueva etapa.
Los ataques israelíes contra Líbano continúan siendo el principal obstáculo para las negociaciones, al menos desde la perspectiva iraní. Mientras las delegaciones viajaban a Islamabad, Ghalibaf publicó en redes sociales que dos puntos acordados mutuamente aún no se habían implementado: alto el fuego en Líbano y “la liberación previa de fondos bloqueados antes de las negociaciones”.
“Seguiremos con los dedos en el gatillo debido a las repetidas violaciones a la confianza”, advertía al cierre del día el portavoz militar.
A esa hora los cafés en la calle Sanai volvían a llenarse. Hay que aprovechar el momento; nadie sabe qué traerá el mañana.
Este contenido fue hecho con la asistencia de una inteligencia artificial y contó con la revisión del editor/periodista.









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