Fuente: Listin diario
Así se vivía en las playas de Guayacanes, Juan Dolio y Boca Chica, tres destinos recreativos que recibieron a los visitantes en un entorno apacible y tranquilo.
La alegría, gratitud y diversión fueron los sentimientos predominantes entre quienes optaron por ir a la playa un Viernes Santo.
Al menos eso reflejaban las escenas en Guayacanes, Juan Dolio y Boca Chica, tres espacios de esparcimiento que acogieron al público bajo una atmósfera serena y relajada.
Los asistentes llegaron equipados con objetos similares: sombreros, bolsas, alimentos preparados y gafas para protegerse del sol que brilló intensamente desde el amanecer sobre estas tres zonas.
El astro rey resplandecía con fuerza, lo que hacía que el agua reluciera en múltiples tonalidades azules que se mezclaban con las figuras de los bañistas.
“La playa es vida, creación, y aquí podemos respirar un ambiente saludable. Se disfruta mucho porque la gente se va a los pueblos y nosotros quedamos tranquilos”, comentó sonriente Rut Luna, pastora evangélica de 51 años residente en Santo Domingo, quien frecuenta las playas del país.
Ella disfrutaba de las bondades de Guayacanes, y sus palabras se complementaron con las de Carmen Rivas, una venezolana que lleva ocho años viviendo aquí y expresó que “le encanta la playa”.
“Me fascina la playa, especialmente en fechas como el 1 de enero y Semana Santa. En Semana Santa todos aprovechan para irse de vacaciones, especialmente a la playa. Nos gusta mucho”, indicó Rivas, originaria del estado Aragua en Venezuela.
A unos 500 metros de Guayacanes está la playa de Juan Dolio, donde se observaba una mayor concentración de familias que disfrutaban del sol mientras conversaban tranquilamente.
“No suelo salir el Viernes Santo, pero hoy mi esposo me animó a acompañarlo y veo que todo está tranquilo”, afirmó Alicia Rosario, una mujer de 44 años proveniente de Consuelo (provincia San Pedro de Macorís).
“Queremos que los bañistas estén controlados, disfruten sin problemas y le pido a Dios que regresen igual que llegaron”, añadió.
En ese marco, las distintas calles del lugar sirvieron como escenario para la llegada de visitantes junto a familiares, amigos y conocidos.
Por otro lado, Boca Chica experimentó un aumento en su afluencia; algunos disfrutaban nadando mientras otros degustaban mariscos y pastas en mesas ubicadas sobre la arena cercana al mar.
Entre esas personas estaba Rafaela (prefirió no revelar su apellido), una mujer de 65 años que llegó con su familia para desconectarse del trabajo en el taller mecánico que tiene junto a su esposo.
“Es el único día que podemos cerrar el taller y por eso vinimos. Hasta hoy estábamos en el hotel y lo llamaban; yo le dije ‘déjalo’, señaló entre risas Rafaela.
Cerca suyo estaba Susana Lavieri, una venezolana que afirmó sentir que “en otra vida fue un pez” y por eso insiste en visitar las playas regularmente.
“Es una tradición desde Venezuela y nos sorprendió ver que esta vez estamos solos y la pasamos muy bien. Creo que en otra vida éramos peces o algo así (mi familia y yo). Somos auténticos amantes del mar”, expresó Lavieri con una sonrisa.
Agentes de Defensa Civil, la Dirección Central de Policía Turismo (Politur) y rescatistas de diversas instituciones fueron vistos por reporteros de Listín Diario cerca de estos sitios turísticos.
Politur tiene su centro de mando y control en Boca Chica, desde donde gestionan las incidencias reportadas en los distintos polos turísticos del país.
Asimismo, Juan Jesús Cabrera, director de Defensa Civil en Juan Dolio, indicó estar presente desde la mañana del Jueves Santo junto a su equipo ofreciendo asistencia y soluciones a los visitantes.
Este contenido fue hecho con la asistencia de una inteligencia artificial y contó con la revisión del editor/periodista.








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