Fuente: Agencia EFE/agencia_efe@proceso.hn
Madrid – La tendencia de gestionar una granja propia, cuidar de una mascota o construir una ciudad para interactuar con amigos en un entorno virtual está ganando terreno en el mundo del gaming. Se trata de los ‘cozy games’ (‘juegos acogedores’), que ofrecen una experiencia sencilla, amigable y vivencial, centrada en la relajación y el bienestar emocional, y que han alcanzado un éxito sin precedentes.
Títulos con millones de seguidores como ‘Animal Crossing’, que cuenta con una comunidad superior a los 85,5 millones de jugadores, o ‘Stardew Valley’, con más de 30 millones de copias vendidas, ilustran el potencial de este tipo de juegos. Su crecimiento se potenció durante la pandemia y, según datos de SteamDB, plataforma especializada en estadísticas de ventas, su catálogo ha aumentado un 321 por ciento en los últimos tres años.
Los videojuegos ‘cozy’ se caracterizan por un ritmo pausado, incluyendo mecánicas donde el tiempo interno, los ciclos de día y noche o las estaciones reflejan los del mundo real.
Estos juegos carecen de objetivos narrativos estrictos, centrándose más bien en la evolución dentro del juego, como construir una granja, mejorar una vivienda o desarrollar relaciones entre personajes. Su estilo gráfico suele ser anime o dibujos animados con un toque infantilizado y siempre muy cuidado estéticamente.
Este género tiene un antecedente claro en el icónico ‘Tamagotchi’, un dispositivo electrónico en forma de huevo lanzado hace treinta años por la juguetera japonesa Bandai que introdujo el concepto de mascota virtual.
Un juego portátil cuyo éxito residió en la responsabilidad virtual al tener que cuidar a la mascota usando solo tres botones para alimentarla, asearla o darle cariño, promoviendo así una experiencia amable y empática.
Otro título pionero en esta categoría fue el legendario ‘Los Sims’, el simulador de vida por excelencia que acaba de celebrar sus 25 años.
“Son espacios lúdicos que experimentamos como refugios donde ganar o perder no importa. En ellos recuperamos libertad, nos descubrimos, nos conocemos y desarrollamos nuestra creatividad; de ahí nace gran parte de nuestra felicidad”, afirma a EFE Eduardo Jaúregui, psicólogo experto en ‘mindfulness’ y autor del libro ‘Playfulness’.
Una franquicia muy asociada a lo ‘cozy’ es ‘Animal Crossing’, que inició su trayectoria en 2001 para Nintendo 64 y ya suma alrededor de 10 entregas. Este juego ofrece un simulador social situado en una isla o pueblo habitado por personajes animales antropomórficos que interactúan entre sí.
Se trata de un simulador de vida en tiempo real —donde las tiendas cierran por la noche y nieva en invierno, por ejemplo— basado en actividades terapéuticas como decorar la casa, comprar muebles, diseñar ropa propia, plantar flores, recoger el correo o compartir momentos con vecinos que son otros jugadores online.
Estos juegos poseen una estética visual muy cuidada, suave y positiva que fomenta la creatividad y el coleccionismo. Atraen mayoritariamente al público femenino (60 %) y a personas con edades comprendidas entre los 25 y 44 años.
Un público que, como la youtuber Andrea Compton, creadora de contenido, se siente atraído por la estética y la esencia especial de estos títulos: “La gente cree que no es gamer pero acaba descubriendo que sí lo es al ver qué tipo de juegos son”.
Este género va acompañado de un estilo de vida: “Para mí los videojuegos son una conexión entre personas; aunque jugar es solitario, buena parte tiene una dimensión colectiva muy bonita: enseñar, compartir trucos. Esa parte me da mucha felicidad”, comentó Compton a EFE durante la jornada ‘Cozy games, otra forma de jugar’.
Este evento con expertos tuvo lugar esta semana en Madrid y fue organizado por Nintendo para presentar su último título ‘cozy’, ‘Tomodachi Life: Una vida de ensueño’. Según datos del portal Quantic Foundry, el catálogo indie (alternativo o desarrollado por estudios pequeños) de esta empresa está compuesto en un 50 % por este tipo de videojuegos.
Este título refleja la evolución del mercado e incorpora nuevas dimensiones a la simulación social: el jugador ejerce control creativo sobre los personajes pudiendo crear familiares, amigos u otras personas para observar cómo se relacionan y conviven (e incluso participan en sus sueños) en una isla virtual llena de humor surrealista. EFE
Este contenido fue hecho con la asistencia de una inteligencia artificial y contó con la revisión del editor/periodista.









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