Fuente: Hoy Digital
Una vida marcada por desafíos y pequeños triunfos en familia
En un hogar donde la rutina diaria gira en torno a terapias, cuidados y avances que muchos podrían ignorar, vive Natalia Pacheco, abogada y madre dominicana que, en solitario, cría a sus dos hijos con Trastorno del Espectro Autista (TEA).
Su historia no solo representa el reto de educar a dos niños dentro del espectro —uno de 16 años que no habla y otro de 11— sino también refleja el abandono institucional y la escasa respuesta social que aún pesa sobre el autismo en la República Dominicana.
Un diagnóstico que transformó su vida
Natalia rememora que el primer diagnóstico llegó cuando su hijo mayor apenas tenía dos años. La falta de lenguaje verbal fue una de las primeras señales. “Sabía que algo no estaba bien, pero no imaginaba todo lo que eso implicaría”, comenta.
Su instinto maternal le indicaba que algo no funcionaba con su hijo. “La conducta de mi hijo coincidía con muchas características del autismo que había leído, por ejemplo, evitaba el contacto visual”.
Buscando claridad acudió al Hospital General de la Plaza de la Salud, donde confirmaron lo que ella ya sospechaba: autismo no verbal, término para describir a personas con poca o nula capacidad de habla funcional, afectando aproximadamente entre un 20% y 30% de quienes tienen TEA.
Años después, el diagnóstico del segundo hijo también confirmó TEA: “su vida estará dedicada por completo a atenderlo”, relata la madre.
El proceso fue distinto, dado que el trastorno del espectro autista es una condición neurodesarrollada que afecta la comunicación, la interacción social y el comportamiento.
Se presenta de formas muy variadas, desde dificultades leves hasta casos más complejos como el de su hijo mayor, quien no utiliza lenguaje oral.
“Con el segundo fue diferente; la primera señal fue que caminaba en puntillas, algo que el mayor nunca hizo”, detalla Natalia.
El abandono emocional
Un golpe tan fuerte o incluso mayor que el diagnóstico fue la reacción del padre de sus hijos.
Al enterarse de la condición del segundo niño, él decidió irse. Natalia relata con calma pero sin ocultar su tristeza: “Me dijo que no estaba dispuesto a vivir así, literalmente comentó que no quería luchar con locos”, expresa con pesar.
Desde entonces ha asumido junto a su madre y abuela la responsabilidad de criar a los niños, gestionar terapias, cubrir gastos y manejar crisis emocionales.
Situaciones similares no son excepcionales. Según datos recopilados por la Fundación Dominicana de Autismo, esta condición afecta no solo a quienes la presentan sino también a sus familias, generando altos niveles de estrés, ansiedad e incluso ruptura familiar.
La cotidianeidad entre amor y cansancio
El hijo mayor se comunica principalmente mediante gestos, rutinas y miradas. Cada pequeño avance es una gran conquista. “Con él sí logramos acceso al Centro de Atención Integral para la Discapacidad (CAID), pero el menor nunca pudo ingresar; estuvimos años en lista de espera”.
El segundo niño, aunque puede hablar, enfrenta dificultades para socializar y aprender, lo que demanda atención constante.
La rutina diaria incluye terapias, controles médicos, adaptación escolar y manejo de episodios difíciles.
Además está el peso económico: muchos tratamientos deben ser pagados de forma privada. “Una familia con uno o más hijos con esta condición debe invertir al menos entre RD$70,000 y RD$80,000 solo para lo básico”, señala Natalia.
La madre añade que su único apoyo es su propia madre, una mujer de 70 años que ayuda en el cuidado mientras ella trabaja.
“Sin ella tendría que dejar mi empleo porque nadie quiere cuidar niños con esta condición”, afirma.
Una batalla silenciosa
Más allá del aspecto económico, Natalia se enfrenta a otro desafío: la falta de comprensión social.
En lugares públicos las miradas incómodas, comentarios y ausencia de empatía son comunes. “La gente juzga sin saber”, dice.
Con mucha decepción reconoce haber encontrado discriminación incluso dentro de la iglesia.
“Es muy triste ver cómo discriminan a tus hijos. Aprovecho fechas como Semana Santa, cuando hay poca gente en la ciudad, para sacarles a pasear y llevarlos a comer pizza o helado; eso hicimos la semana pasada”, comparte con ilusión.
No es ningún secreto que las madres solteras sufren discriminación sistémica y estigmas sociales que las consideran erróneamente como un “fracaso” o una carga. Quienes tienen hijos con alguna discapacidad enfrentan esta doble discriminación; Natalia confirma esta realidad.
“He intentado rehacer mi vida amorosa, pero cuando alguien sabe la situación se aleja alegando que mis hijos son ‘necios'”.
¿Dónde está el amor hacia los demás?
Expertos coinciden en señalar que uno de los principales retos del país es la escasa información y sensibilización sobre el autismo, lo cual alimenta el estigma y aisla a las familias afectadas.
A pesar de todo, Natalia no se ve como víctima. “No puedo rendirme. Ellos dependen totalmente de mí; pero tampoco idealizo mi situación. No le deseo esto a nadie y si pudiera cambiarlo lo haría”, afirma.
Su experiencia refleja la realidad de muchas madres dominicanas que ante la falta de apoyo se transforman en cuidadoras, terapeutas, maestras y defensoras incansables para sus hijos.
En medio de tantas dificultades también hay esperanza: cada palabra nueva aprendida, cada progreso y cada día sin crisis resultan victorias para Natalia Pacheco junto a su madre y sus dos hijos.
Una asignatura pendiente para la sociedad
El caso de Natalia evidencia una realidad urgente: se requieren políticas públicas inclusivas más efectivas, acceso real a terapias y apoyos concretos para las familias afectadas.
Porque el autismo no es solo un asunto médico sino un desafío social que demanda empatía, educación e involucramiento colectivo.
Vivir con autismo en República Dominicana
En nuestro país hablar sobre autismo sigue siendo complicado. Aunque no existen cifras exactas se calcula que miles viven con este trastorno. Según el Consejo Nacional de Discapacidad (Conadis), entre 2017 y 2025 han sido emitidos más de 6,300 certificados por discapacidad relacionados con TEA; la mayoría corresponden a menores.
En el sistema educativo también hay un panorama importante: más de 4,600 estudiantes han sido identificados con autismo dentro del sistema público y todavía las escuelas no están preparadas para enfrentar esta realidad.
Este contenido fue hecho con la asistencia de una inteligencia artificial y contó con la revisión del editor/periodista.









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