Las noticias que desaparecen…
El 27 de mayo de 2025, el portal noticioso dirigido por la periodista Alicia Ortega de Hasbun, publicó un reportaje que señalaba a República Dominicana como parte de una trama internacional para evadir sanciones de Estados Unidos en el sector de hidrocarburos. La noticia, vinculada a una investigación española, tenía un peso específico considerable: involucraba a un país del Caribe en una red que, según la pesquisa europea, operaba con Venezuela, Irán y Hezbollah como actores de fondo.
La dirección original del artículo fue esta:
https://noticiassin.com/rd-implicada-en-trama-de-hidrocarburos-para-evadir-sanciones-internacionales-segun-investigacion-espanola-1738378
Hoy ese enlace no carga ningún contenido. La noticia fue eliminada. No hay corrección, no hay nota aclaratoria, no hay comunicado de la redacción. Solo silencio.
Como diría Selena: fotos y recuerdos.
Cuando la nota fue publicada originalmente, pasó prácticamente desapercibida. República Dominicana es un país donde la cultura del olvido noticioso es casi institucional. Una información que en cualquier otro contexto habría generado días de debate quedó sepultada bajo el ritmo vertiginoso del ciclo de noticias local.
Pero el mundo no se detuvo. Las operaciones de la administración Trump y del secretario de Estado Marco Rubio contra Venezuela y el narcoterrorismo comenzaron a revelar una arquitectura más compleja de lo que muchos imaginaban.
La captura de Nicolás Maduro, las investigaciones sobre tanqueros ligados al financiamiento de Hezbolá, y la presión creciente sobre las redes logísticas del régimen venezolano empezaron a iluminar algo que el Caribe conocía pero prefería ignorar: República Dominicana había estado operando, con o sin conciencia plena de sus élites, como un nodo dentro de esa maquinaria.
Los tanqueros fantasma que visitaban puertos dominicanos en desafío abierto a las sanciones estadounidenses contra Hezbolá y Venezuela no eran una casualidad marítima. Eran parte de un patrón.
Las relaciones entre el gobierno dominicano y ciertos avatares del establishment político español no eran ningún secreto en los círculos del poder. En Santiago de los Caballeros, la segunda ciudad del país, esos vínculos llegaron a presumirse con cierto orgullo durante años. Era parte de una narrativa de modernidad y conexión atlántica que convenía a ambas partes.
Lo que no convenía tanto era la dirección en que apuntaban las investigaciones de la Unidad Central Operativa, la UCO, el brazo investigativo de la Guardia Civil española. Las pesquisas de la UCO comenzaron a revelar redes que conectaban intereses hispanodominianos con actores vinculados a Venezuela y a estructuras de financiamiento irregular.
España tiene, en el contexto de la disputa global entre Occidente e Irán, una postura que muchos analistas califican de a favor de Iran. Su relación con las comunidades árabes y musulmanas en Europa, combinada con tensiones diplomáticas con Washington sobre el expediente venezolano, colocaron a Madrid en una posición incómoda dentro del tablero.
No resultaba descabellado, entonces, que existiera una trama triangulada entre República Dominicana, España y Venezuela destinada a evadir sanciones y alimentar redes de financiamiento que beneficiaban a Caracas, Teherán y Hezbolá simultáneamente.
El periodista OSINT radicado en Miami conocido como Kapulett comenzó a publicar análisis que conectaban hilos que los medios tradicionales no habían querido o podido unir. El 5 de febrero de 2026, Kapulett publicó un video en el que trazaba los vínculos de Alex Saab con República Dominicana.
El análisis era perturbador en su precisión: Saab, colombiano de origen libanés, señalado tanto por Estados Unidos como por Israel como testaferro de Nicolás Maduro y como el enlace operativo entre el régimen venezolano y las redes de financiamiento de Hezbolá, había logrado ocultar en suelo dominicano una parte significativa del patrimonio del régimen:
Mansiones, activos financieros y al menos un avión, todo ello sin despertar alarmas en las autoridades locales. El video de Kapulett del 5 de febrero fue ese eslabón perdido que nadie había querido buscar.
El 22 de febrero del mismo año, Kapulett publicó un segundo video en el que amplió el mapa: esta vez conectó la presencia de avatares políticos dominicanos y españoles, todos ellos sujetos a investigación activa en España, con un denominador común que los une de manera sistémica: su vínculo con la diáspora árabe y sus redes de influencia en ambos lados del Atlántico.
El patrón era consistente. Los nombres eran distintos, las banderas distintas, los idiomas distintos. Pero el hilo conductor era el mismo.
Aproximadamente un año después de publicar aquella nota sobre la trama de hidrocarburos y las sanciones internacionales, y de manera notable tras la publicación de los análisis de Kapulett, Alicia Ortega de Hasbun o alguien de su equipo eliminó el artículo de la plataforma digital.
No hubo comunicado.
No hubo rectificación.
No hubo explicación editorial de ningún tipo.
La pregunta es obligatoria: ¿por qué?
Las posibilidades que ofrece el sentido común son escasas y ninguna de ellas es tranquilizadora. O la nota fue eliminada por presión externa, lo que implica que alguien con poder suficiente para incidir en una redacción periodística decidió que esa información no podía seguir circulando. O fue eliminada por decisión propia de la dirección editorial, lo que en todo caso requería una explicación que nunca llegó.
Ninguna de esas tres opciones habla bien de lo que está ocurriendo en el periodismo dominicano.
LIBERTAD DE PRENSA EN SU PEOR MOMENTO
Desde 2020, República Dominicana atraviesa lo que varios organismos internacionales de libertad de prensa han catalogado como la etapa más severa de represión mediática en décadas. La persecución a periodistas independientes, el cierre de espacios críticos, los procesos legales diseñados para agotar económicamente a medios de comunicación, y la autocensura progresiva de redacciones que antes eran referencia, configuran un paisaje preocupante.
Funcionarios del gobierno dominicano alardean en las redes de haber aprobado un nuevo código penal que podría llevar a la cárcel hasta 10 años a los periodistas independientes, lo que es un indicio de que algo grande se está ocultando.
Pero hay algo que resulta particularmente alarmante y que va más allá de la censura directa: la desaparición silenciosa de contenidos de medios establecidos, sin explicación, sin rastro editorial, sin rendición de cuentas. No es la censura burda del que apaga una señal. Es la censura quirúrgica del que borra un archivo y espera que nadie lo note.
Ese mecanismo es, en muchos sentidos, más peligroso que la represión abierta. Porque no deja huella evidente, porque no genera reacción inmediata, y porque normaliza la idea de que las noticias incómodas simplemente desaparecen.
¿DEBILITA ESTO LOS ANALISIS DE KAPULETT?
La respuesta es no. Y la lógica es directa.
La eliminación de una noticia no elimina los hechos que la motivaron. Los tanqueros continúan su ruta. Las investigaciones de la UCO española siguen activas. Las conexiones entre Saab, Maduro, Hezbolá y sus nodos en el Caribe y Europa no se disuelven porque un portal de noticias decida borrar un enlace.
Si acaso, la desaparición del artículo añade una capa adicional al análisis: sugiere que los intereses que operan dentro de esa trama tienen capacidad de influir, directa o indirectamente, sobre la agenda informativa de medios dominicanos de primer nivel.
Lo que ha quedado demostrado es que hay algo que incomoda. Y lo que incomoda, en República Dominicana, tiende a desaparecer.
Vendrán cosas peores. Y la historia ya está tomando nota.




Agregar Comentario