Entretenimiento Primera Plana

Un reportero formado en tiempos de dictadura y pasión profesional

9164640046.png
Ubi Rivas nació en Santiago en 1937, cuando la ciudad aún era un pequeño pueblo donde la vida se desarrollaba en pocas cuadras.

Fuente: Hoy Digital

Ubi Rivas nació en Santiago en 1937, cuando la ciudad aún era un pequeño pueblo donde la vida se desarrollaba en pocas cuadras. Su niñez transcurrió en ese espacio reducido donde todo estaba al alcance: el parque, el cine, los clubes y los cafés. Este entorno no solo definió su día a día, sino también su forma de percibir la realidad.

Fue allí donde aprendió a observar, escuchar y comprender la vida pública desde la proximidad.

Desde muy temprano entendió que su camino estaría vinculado a la palabra. No fue una decisión espontánea, sino una vocación inspirada por figuras cercanas.

Al recordar esa etapa, señala: “Le dije a mis padres que cuando yo fuera grande, yo quería ser como Radhamés Gómez Pepín”, destacando la influencia que despertó su interés por el periodismo.

Su ingreso a esta profesión ocurrió en 1957, en el periódico La Información. Publicó su primer texto sin recibir remuneración, motivado más por la convicción que por una expectativa económica.

Este comienzo, lejos de desanimarlo, reafirmó su propósito. “Ser periodista en esa época significaba… un deseo de servirle al país”, asegura, y describe un ejercicio profundamente ligado al compromiso: “una vocación, un deseo de servirle al país, una forma de expresar lo que uno sentía y quería decir, lo que era el país y cómo uno entendía que el país podía evolucionar en diferentes aspectos, ya sea en lo democrático, económico, social o ambiental”.

No obstante, ejercer el periodismo en aquel contexto implicaba peligros reales. Durante la dictadura, la información estaba sometida a un control riguroso. No se trataba solo de cuidar la gramática. “No le corregían las faltas gramaticales, sino la interpretación de la noticia”, explica, evidenciando el nivel de vigilancia sobre el contenido.

TRA Podcast Studios

Cubrir fuentes oficiales requería máxima prudencia. Cada palabra debía ser medida y cada pregunta cuidadosamente pensada. “Eso podía costar la vida a cualquier periodista”, afirma, describiendo el clima de tensión que rodeaba el oficio. La práctica periodística en ese momento oscilaba entre la vocación y el riesgo.

Cubrir fuentes oficiales requería máxima prudencia. Cada palabra debía ser medida y cada pregunta cuidadosamente pensada. “Eso podía costar la vida a cualquier periodista”, afirma, describiendo el clima de tensión que rodeaba el oficio. La práctica periodística en ese momento oscilaba entre la vocación y el riesgo.

Cronista político y deportivo

El ajusticiamiento de Trujillo en 1961 representó un punto decisivo. A partir de entonces comenzó a escribir sobre política y a involucrarse más activamente en el debate público. La apertura permitió ampliar temáticas y voces. “Ya había libertad de expresión… no había presión”, afirma, destacando el contraste entre la censura previa y esta nueva etapa.

Sin embargo, esta transición no eliminó los obstáculos. Los años siguientes también estuvieron marcados por tensiones políticas e incertidumbre. Durante los llamados doce años del presidente Joaquín Balaguer, ejercer el periodismo siguió conllevando riesgos. Aun así permaneció activo defendiendo su derecho a expresarse libremente.

Su trabajo siempre estuvo guiado por principios claros y firmes. Más allá del contexto, su compromiso fue siempre con el país. “Siempre tratar de aportarle al país lo que yo creo que más le conviene”, afirma como síntesis de su ética profesional. Esta postura le permitió mantener una línea coherente con el curso del tiempo.

A lo largo de su carrera mantuvo cercanía con figuras políticas relevantes pero nunca utilizó esas relaciones para beneficio propio. Eligió preservar su independencia frente a un entorno donde muchos optaron por aprovechar sus vínculos de poder. “Guzmán Fernández fue el padrino de mi única hija, el único compadre que he tenido y René Klang, mi única comadre”.

Don Ubi fue director de La Campiña de la revista ¡Ahora!

Se define como una persona discreta y de perfil bajo, centrada en un trabajo constante. No busca reconocimiento ni protagonismo; prefiere cumplir con su deber sin esperar recompensas personales. “Nunca esperar contrapartida de dividendos personales”, resume como norma de vida.

Su historia está estrechamente ligada a la del país. Vivió tanto la dictadura como la transición democrática y fue testigo de los cambios sociales, económicos y del periodismo mismo. Desde esa experiencia observa cómo ha evolucionado la profesión.

Para él, el periodismo de su generación se caracterizaba por una vocación genuina; no era simplemente una salida laboral sino una responsabilidad social. “Era una forma de expresar lo que uno sentía y quería decir”, explica resaltando el compromiso que definió aquella época.

Hoy reconoce que las circunstancias han cambiado: hay mayor libertad y más espacios para expresarse; sin embargo sabe que el desafío fundamental permanece: actuar con honestidad, responsabilidad y sentido del servicio público.

Durante toda su trayectoria abordó temas variados desde política hasta medio ambiente con una mirada crítica constante que le permitió construir una carrera sólida sostenida a lo largo del tiempo.

Más allá del cronista es un testigo privilegiado de su tiempo; su vida refleja las tensiones, los riesgos y las conquistas propias de un oficio que ha crecido junto con el país. Su legado supera lo escrito para abarcar la forma en que asumió el periodismo: como servicio, conciencia y responsabilidad.

Este contenido fue hecho con la asistencia de una inteligencia artificial y contó con la revisión del editor/periodista.

TRA Digital

GRATIS
VER