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Unicef señala que la violencia contra la niñez en República Dominicana supera la media de la región

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En República Dominicana, la violencia hacia la infancia muchas veces pasa desapercibida, aunque está profundamente enraizada.

Fuente: Hoy Digital

En República Dominicana, la violencia hacia la infancia muchas veces pasa desapercibida, aunque está profundamente enraizada. Los datos más actuales muestran que esta situación no es excepcional, sino parte de la cotidianeidad para la mayoría de los niños y niñas, y que supera el promedio de América Latina y el Caribe.

Durante abril, Mes Nacional de la Prevención del Abuso Infantil, este escenario adquiere mayor relevancia y refuerza el llamado a tomar medidas ante una problemática que afecta tanto el presente como el futuro del país.

El informe regional “Violencia contra niñas, niños y adolescentes en América Latina y el Caribe: nuevos datos y soluciones” (2026), realizado por Unicef y la Organización Panamericana de la Salud (OPS), revela que más del 60 % de los niños en América Latina y el Caribe están expuestos a castigos violentos; en República Dominicana, esta cifra se eleva al 63 %, ubicando al país por encima del promedio regional.

Este patrón señala que, tanto en la región como en República Dominicana, la violencia no es un hecho aislado, sino una experiencia acumulativa que inicia desde edades tempranas y produce efectos persistentes en el desarrollo, la salud y las oportunidades futuras de menores y adolescentes.

Estos números coinciden con recientes alertas emitidas por Unicef en el país, que describen una infancia marcada por prácticas violentas normalizadas en el hogar, así como riesgos constantes de violencia sexual y psicológica.

“La violencia contra la niñez y adolescencia tiene consecuencias profundas y duraderas durante las etapas de crecimiento, aprendizaje y salud emocional. Sin embargo, es prevenible”, señaló Carlos Carrera, representante de Unicef en República Dominicana.

Una violencia que se naturaliza

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Más allá de las cifras, el problema radica en su aceptación social.

“Estamos hablando de niños y niñas que crecen con miedo, afectados por la exposición constante a prácticas violentas arraigadas en su vida diaria”, advirtió Carrera.

El informe regional confirma que la violencia no ocurre de manera aislada, sino que se acumula en diversos entornos como el hogar, la escuela y la comunidad, afectando el desarrollo integral de la infancia.

La evidencia científica indica que las consecuencias van mucho más allá del ámbito social.

De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud (OMS), en su estudio más reciente: Castigo corporal de niños: el impacto en la salud pública (2025), la exposición temprana a violencia grave y prolongada puede causar estrés tóxico, una activación del sistema de respuesta al estrés que puede afectar el desarrollo cerebral.

Esto influye en: regulación emocional, memoria y capacidad de aprendizaje. Por tanto, la violencia no solo perjudica el presente: incrementa el riesgo de que los niños repitan patrones violentos como víctimas o agresores.

A nivel global, también se han cuantificado los efectos: se calcula que un 40 % de los niños expuestos a violencia presentan problemas de salud mental, un 35 % desarrolla conductas agresivas, un 30 % muestra bajo rendimiento académico y un 25 % experimenta deterioro en sus relaciones sociales. Estos datos subrayan que el impacto es multidimensional y trasciende generaciones.

La serie “Violence against children” (“Violencia contra los niños”), publicada en 2016 por The Lancet —referencia mundial sobre este tema— estableció que el maltrato infantil está vinculado con mayores índices de depresión y ansiedad; menor desempeño educativo; y un mayor riesgo de perpetuar violencia en la adultez.

Además, advierte que estas repercusiones afectan directamente el desarrollo económico de los países al limitar el capital humano disponible.

Estos hallazgos se fortalecen con la evidencia reciente publicada por la OMS el año pasado, que confirma que prevenir la violencia durante la infancia es una de las intervenciones más costo-efectivas para fomentar el desarrollo social.

“Los datos son claros: fortalecer los sistemas de protección y garantizar políticas públicas basadas en evidencia es fundamental para afrontar la magnitud de la violencia contra la niñez”, enfatizó el representante de Unicef.

En esa línea, el estudio regional publicado este año por Unicef y OPS destaca intervenciones eficaces ampliamente documentadas, tales como promover prácticas positivas de crianza y disciplina, reforzar los sistemas de protección y brindar apoyo integral a las familias. La evidencia es concluyente: las soluciones existen y han demostrado eficacia.

En este contexto, Unicef advierte sobre la urgencia del asunto. En República Dominicana, la violencia contra los niños persiste desde sus primeros años y deja secuelas duraderas. El reto ya no es reconocerla sino actuar con determinación para transformarla. Frente a ello, la campaña “Los Datos Cuentan” coloca a la evidencia como motor del cambio. Porque más allá de cifras, los datos visibilizan una realidad e impulsan acciones para prevenir la violencia.

A sus cinco años, Teresa (nombre modificado) ya sabía cuándo debía callar. En su hogar, los gritos eran habituales y los castigos algo “normal”. En la escuela le costaba concentrarse y sonreír; sin embargo, nadie comprendía por qué. Como ella, miles de niños crecen aprendiendo a vivir con miedo e invisibles heridas que condicionan su desarrollo. Su historia no es única: refleja una realidad que aún podemos cambiar.

Este contenido fue hecho con la asistencia de una inteligencia artificial y contó con la revisión del editor/periodista.

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