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TDAH en adultos: No solo los niños sufren déficit de atención

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Por Redacción QUO

Aunque se sabe que el TDAH afecta a los adultos, a menudo lo tratamos como si fuera un trastorno infantil. Un nuevo estudio encuentra que la edad no importa.

Durante años hemos encasillado el trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH) como un problema de niños que no paran quietos. Sin embargo, muchas personas arrastran síntomas en la edad adulta, y cuando la memoria empieza a fallar, el foco clínico suele saltar directo a la demencia. Ahí se abre un dilema: distinguir qué parte del “me despisto” pertenece al envejecimiento normal y cuál se parece más a un patrón de TDAH.

Marrium Mansoor, investigadora de Virginia Tech, quiso remediar esa situación. La mayoría de estudios sobre rendimiento cognitivo y TDAH se concentran en población joven, y los trabajos con mayores tienden a mirar casi solo el deterioro cognitivo leve o la demencia. El equipo planteó una pregunta más concreta: ¿aparecen en adultos mayores los mismos tropiezos cognitivos que se ven en personas jóvenes con síntomas de TDAH, o cambia la historia con la edad?

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Para responder, los autores recurrieron al Health and Retirement Study (HRS), un gran estudio longitudinal y representativo de estadounidenses mayores de 50 años. Tomaron datos de la ola de 2016 y seleccionaron alrededor de 1.300 participantes, a los que separaron en tres franjas para comparar con precisión. El primer grupo tenía entre 55 y 64 años, el segundo entre 65 y 74, y el tercero entre 75 y 84.

Los participantes completaron un cuestionario de autoinforme sobre síntomas de TDAH, la Adult ADHD Self-Report Scale, que pregunta cosas muy de la vida real, como la dificultad para rematar los detalles finales de un proyecto o para mantener citas. El equipo también midió síntomas depresivos con una escala estándar, porque estudios previos en Australia y Países Bajos habían sugerido una explicación alternativa: quizá la depresión, y no el TDAH, era la responsable de la niebla mental y los despistes.

El TDAH en adultos por encima de los 55 años hasta los 85
El rendimiento cognitivo se evaluó con varias pruebas. Una de las más conocidas se llama “Serial 7s”: empezar en 100 y restar 7 una y otra vez, una tarea que exige atención sostenida y memoria de trabajo, es decir, mantener un número en mente mientras haces el cálculo. También se midió la memoria episódica con “recuerdo inmediato”, repetir una lista de 10 palabras justo después de oírlas, y “recuerdo diferido”, intentar recordarlas tras unos cinco minutos. Además, el test de “series numéricas” pide completar una secuencia con un número que falta, y pone a prueba la inteligencia fluida, la capacidad de razonar ante problemas nuevos.

Quienes reportaron más síntomas de inatención rindieron peor en el Serial 7s y recordaron menos palabras en el recuerdo inmediato. Es decir, a quienes tenían TDAH les costaba más procesar números y también les costaba más “grabar” información nueva en la memoria. Cuando los investigadores compararon las tres franjas de edad con modelos estadísticos, el mejor ajuste fue el llamado “modelo restringido”, que en la práctica significa que la relación entre inatención y peor rendimiento cognitivo no cambió con la edad. Un despiste fuerte dañó la puntuación igual en alguien de 55 que en alguien de 84.

En cambio, la hiperactividad e impulsividad ofrecieron una imagen más inestable. Algunos análisis iniciales sugerían un vínculo con peor memoria diferida en el grupo de mayor edad, pero el modelo final, el más sólido, ya no mostró una asociación significativa. Esto refuerza la idea de que, en este contexto, la inatención pesa más que el “no paro quieto”.

Un punto clave es que el efecto de la inatención se mantuvo incluso al controlar los síntomas depresivos, así que no se explica solo por depresión. Para la práctica clínica, el mensaje resulta incómodo y útil a la vez: cuando una persona mayor consulta por fallos de memoria, quizá conviene contemplar síntomas de TDAH no diagnosticados o mal gestionados, además de las vías habituales. El equipo sugiere que estrategias de memoria, como el “método de los loci” y otras técnicas mnemotécnicas, podrían ayudar en algunos casos.

El estudio también tiene límites. Se apoya en autoinformes y no en diagnósticos clínicos realizados por psiquiatría, y la percepción de lo que “entra dentro de lo normal” cambia con la edad. Además, excluyó a personas con diagnóstico de demencia o Alzheimer, y los autores mencionan un posible sesgo de supervivencia: quienes sufren TDAH más severo pueden tener menor esperanza de vida por accidentes o comorbilidades, así que el grupo de 75 a 84 años podría representar a una parte más sana. Como los datos son transversales, fotografían un momento concreto y no siguen a las mismas personas durante décadas, de modo que falta por aclarar si el TDAH acelera el declive o simplemente baja el punto de partida.

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