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Leah Campos no lo vio venir: mapa energético del subsuelo marino dominicano en manos de China

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Déjà vu: un camino que se recorre con la sensación de haber estado allí antes. Y hay caminos que, cuando se repiten paso a paso, dejan de parecer coincidencia.

República Dominicana esta en uno de esos caminos. Empieza en el Líbano. Termina, por ahora, en una playa de Azua.

Cartel Energética Chino 7 2 26 at 7.20 AMVolvamos hablar de Gebran Bassil. Yerno del expresidente libanés Michel Aoun. Jefe del Movimiento Patriótico Libre. Ministro de Energía entre 2009 y 2014. Canciller después.

El 6 de noviembre de 2020, el Departamento del Tesoro de Estados Unidos lo sancionó bajo la Ley Global Magnitsky. La razón oficial: gran corrupción. La lectura que hicieron analistas y medios internacionales: su alianza estrecha con Hezbollah.

Pero Bassil no construyó esa reputación al vapor. La construyó contrato por contrato, durante años, al frente del ministerio más codiciado del Líbano: el de Energía.

En 2012, siendo ministro de Energía, Bassil firmó el contrato que trajo a Líbano dos barcazas generadoras de electricidad de la empresa turca Karpowership. Era la promesa de su campaña: electricidad las 24 horas.

Casi una década después, ese contrato se vio eclipsado por varios escándalos.

En febrero de 2021, el programa libanés Yaskot Hokm El Fased difundió grabaciones filtradas. Según reportó el medio sudafricano amaBhungane, las voces en esas grabaciones discutían lo que parecían ser comisiones vinculadas al contrato original de 2012.

Bassil respondió que el programa “distorsiona la verdad” y que lo que se había discutido eran “tensiones”, no comisiones.

No existe, hasta hoy, una cifra judicialmente confirmada de cuánto dinero habría cambiado de manos. Lo que sí está confirmado es esto: el 14 de mayo de 2021, Karpowership apagó los generadores de las dos barcazas, alegando una deuda libanesa superior a los cien millones de dólares. Y un fiscal financiero llegó a amenazar con incautar los barcos.

Karpowership lo negó todo. Llamó a las grabaciones “falsificadas“.

Bassil, el buen amigo de Abinader, no solo miraba hacia Turquía. También miraba hacia Qatar. Y miraba hacia Rusia, un pulpo que extendía sus tentáculos únicamente hacia países considerados enemigos de Estados Unidos.

En algunos contextos, resulta casi inevitable que un libanés mantenga reservas hacia Estados Unidos, una reacción moldeada por conflictos que han marcado a toda una generación; y cuando esa experiencia se mezcla con la tradición de cierta izquierda, incluso con ecos del viejo comunismo antiimperialista, la distancia ideológica parece casi escrita de antemano.

En octubre de 2013, en Moscú, siendo ministro de Energía, Bassil anunció un memorando de entendimiento en cooperación energética con Rusia.

“Es el primer paso hacia una relación completa entre Rusia y Líbano”dijo.

Cuatro gigantes rusos Rosneft, Gazprom, Novatek y LUKoil, competían por los bloques de gas libaneses.

En 2017, Novatek ganó. En sociedad con TotalEnergies y Eni.

En agosto de 2018, de vuelta en Moscú, Bassil se reunió con el canciller Sergei Lavrov y pidió explícitamente que una empresa rusa ganara los próximos contratos.

“Sería beneficioso para la estabilidad regional”, dijo.

Pero en 2022, todo cambió. Rusia invadió Ucrania. Cayó bajo sanciones internacionales. Y Novatek tuvo que salir del consorcio libanés.

¿Quién entró a ocupar ese vacío? Qatar Energy.

En enero de 2023, QatarEnergy tomó el 30% de la exploración de los bloques 4 y 9 del Líbano. El propio CEO de QatarEnergy, Saad Sherida Al-Kaabi, firmó el acuerdo.

Lo que muchos no preguntaron entonces es algo más simple: ¿quién había sido, durante una década, el hombre que cultivó personalmente esa relación con Rusia, y que ahora veía a Qatar tomar exactamente el mismo lugar?

La respuesta seguía siendo Bassil.

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Y hay un dato que conecta a ambos jugadores antes de que Qatar entrara: Qatar y Rusia, junto a Irán, forman parte del Foro de Países Exportadores de Gas (GECF), el cartel del gas que coordina entre los mayores productores del mundo. No son rivales en ese tablero. Son socios de la misma mesa.

Pero antes de que cualquier empresa pudiera decidir si invertía en el Líbano, necesitaba algo más básico: saber dónde estaba el gas.

Esa información tiene nombre técnico: datos sísmicos. Y un modelo de negocio específico: modalidad multicliente. Una empresa especializada no el gobierno, no la petrolera paga de su propio bolsillo por hacer el estudio del fondo marino. Luego vende el acceso a esos datos a cuantas empresas petroleras quieran pagar por verlos.

Entre 2006 y 2013, la empresa que hizo ese trabajo en Líbano fue PGS, junto a Spectrum. Siete estudios sísmicos sucesivos, cubriendo más del 80% de los diez bloques offshore, listos justo a tiempo para la Primera Ronda de Licencias que el propio Bassil abrió en mayo de 2013.

Según reportó el medio Al Arabiya, Bassil fue acusado de corrupción relacionada con 33 millones de dólares en ingresos vinculados a la venta de esos datos. Esa cifra no judicialmente confirmada, pero ampliamente reportada habría sido depositada en una cuenta controlada por el propio Ministerio de Energía, sin que los contratos que regulaban su distribución fueran nunca hechos públicos.

El organismo libanés de transparencia LOGI llegó a admitir que no podía rastrear a dónde fue ese dinero porque los documentos permanecían clasificados.

PGS, con el tiempo, fue absorbida por una empresa noruega más grande: TGS. La fusión se completó formalmente el 1 de julio de 2024.

Resulta necesario trazar una cronología de estos hechos, porque la llegada de estas compañías a República Dominicana coincide de manera llamativamente paralela con los movimientos políticos de Gebran Bassil.

Noviembre de 2016. Luis Abinader, todavía líder de la oposición dominicana, ofrece un almuerzo privado a Gebran Bassil en Santo Domingo, según documentó Diario Libre. Un año después, en mayo de 2017, Abinader viaja a Beirut para hacer el discurso de apertura del evento insignia de Bassil, la Lebanese Diaspora Energy.

En ese discurso, registrado en video, Abinader dice:

“Felicito la gran labor del ministro Gebran, que con gran visión se ha acercado a cada rincón donde hay libaneses… en más de 160 años de presencia libanesa en República Dominicana, ningún ministro libanés nos había visitado.”

Lo que ocurrió después es donde este artículo deja de hablar de un almuerzo y empieza a hablar de un patrón.

Diciembre de 2021. El gobierno dominicano lanza una licitación de emergencia. Gana Karpowership. La misma empresa de Bassil en el Líbano.

El proyecto original era para Boca Chica, la zona turística junto a Santo Domingo. La comunidad lo rechazó. Se trasladó a Azua.

Para 2025, la operación había crecido a tres barcazas y 408 megavatios, cerca del 10% de la capacidad firme nacional dominicana.

Y aquí aparece una voz que pocos esperaban: el empresario Celso Marranzini afirmó públicamente que el verdadero problema del sistema eléctrico dominicano no era escasez, sino exceso de capacidad de generación instalada mal aprovechada.

Una contradicción directa con la narrativa de “emergencia nacional” que el gobierno usó, no una sino dos veces, para traer más barcazas sin pasar por procesos competitivos ordinarios.

¿Por qué declarar una emergencia que, según uno de los empresarios energéticos más conocidos del país, no era tal?

Diciembre de 2024. Abinader viaja a Qatar. Su primera reunión del día, antes incluso de ver al Emir, es con Saad Sherida Al-Kaabi, el mismo CEO de QatarEnergy que firmó el contrato que reemplazó a Rusia en el Líbano.

Dos años antes, en enero de 2022, funcionarios dominicanos ya habían presentado ante una delegación qatarí el potencial del país en hidrocarburos.

El mismo actor. El mismo guion. Otro país.

30 de abril de 2025. El canciller ruso Sergei Lavrov visita el Palacio Nacional. Es la primera visita de un canciller ruso en la historia de República Dominicana. Se inaugura, en ese mismo período, la primera embajada residente de Rusia en el país.

Bassil se reunió con Lavrov en Moscú para hablar de gas. Ahora es Lavrov quien viaja a sentarse con Abinader.

Y entonces llega el giro que convierte este patrón en algo más serio que una coincidencia diplomática.

En noviembre de 2025, el Ministerio de Energía y Minas dominicano, bajo la firma del ministro Joel Santos, abre el proceso competitivo

MEM-PCH-2025-0002: la contratación de un estudio geofísico para adquirir, procesar e interpretar líneas sísmicas 2D de alta definición costa afuera, en aguas dominicanas, bajo modalidad multicliente.

El mismo modelo. La misma palabra. El mismo mecanismo que en Líbano dejó 33 millones de dólares en una cuenta sin supervisión pública.

Participan tres empresas: BGP, TGS la heredera de PGS, la misma que trabajó con Bassil en Líbano y Shearwater.

El 17 de marzo de 2026, el Comité Especial del ministerio adjudica el contrato.

No gana TGS. No gana la empresa que ya conocía el terreno por su historial libanés.

Gana BGP, registrada legalmente como Prospector PTE, LTD, con 94 puntos sobre 100, contra los 83.5 de TGS.

Y BGP no es una empresa cualquiera. Es subsidiaria directa de China National Petroleum Corporation, CNPC, el gigante petrolero del Estado chino.

Es decir: la empresa que tendrá en sus manos, por meses, todo el mapa del subsuelo marino dominicano antes que cualquier otro gobierno, antes que cualquier otra petrolera, antes que el propio pueblo dominicano sepa con certeza qué hay bajo sus aguas es una empresa del Estado chino.

Según su propia documentación corporativa, BGP ha trabajado previamente para clientes como Saudi Aramco, ExxonMobil… y la National Iranian Oil Company.

Esto no sería la primera vez que la relación de un presidente dominicano con China genera fricción con Washington.

En 2018, Danilo Medina rompió relaciones con Taiwán y reconoció a Pekín. Analistas y diplomáticos coincidieron en que ese giro contribuyó al desgaste de su relación con Estados Unidos en los años siguientes.

¿Que plantea este análisis OSINT?

No se trata de un reconocimiento diplomático puntual, sino de la entrega del mapa de los recursos energéticos del subsuelo dominicano a una empresa estatal del mismo país, en el mismo momento en que el presidente dominicano cultiva relaciones personales con un canciller ruso, con el CEO de QatarEnergy, y replica, contrato por contrato, el camino que llevó a un político libanés Gebran Bassil a terminar sancionado por Estados Unidos.

Karpowership en Líbano. Karpowership en Dominicana.

Bassil con QatarEnergy. Abinader con QatarEnergy.

Bassil con Lavrov en Moscú. Lavrov con Abinader en Santo Domingo.

Bassil con PGS y los 33 millones que nadie pudo rastrear. Abinader con TGS, heredera de PGS… que esta vez perdió, frente a una empresa del Estado chino.

Lo que los documentos revelan es más complejo de lo que parece: TGS y BGP no son simplemente competidores. En 2021 formaron un consorcio junto a CGG para adquirir datos sísmicos multicliente offshore en Surinam, desplegando el buque BGP Prospector el mismo registrado legalmente como Prospector PTE, LTD en el acta de adjudicación dominicana.

Dos empresas que ya trabajaron juntas en el Caribe, ahora con BGP controlando el mapa del subsuelo marino de República Dominicana

Ninguno de estos hechos, por sí solo, es un delito. Pero la pregunta que ningún funcionario dominicano ha respondido todavía es esta:

¿está República Dominicana replicando, paso a paso, el mismo camino energético que terminó con Gebran Bassil sancionado por Estados Unidos por gran corrupción y vínculos con Hezbollah?

¿Y si lo está, quién, dentro del gobierno dominicano, lo sabe y ha decidido seguir adelante de todas formas?

Sobre el Autor

Luis A. Cabrera

Luis A. Cabrera

Kapulett, nombre artístico de Luis Cabrera, es un reconocido periodista OSINT, creador de contenido, músico y productor documentales dominicano, radicado en Miami.

Experto en Antiterrorismo y crimen transnacional

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