La noticia que le ha dado la vuelta al mundo y a Santo Domingo es la decisión tomada en el país de expulsar a nueve diplomáticos cubanos que, presuntamente, estaban llevando a cabo labores de inteligencia, espionaje y reclutamiento para una red que conecta a grupos pro-Hezbollah y activistas occidentales. Esta ha sido una información que ha repercutido en toda Latinoamérica y hemos visto cómo la prensa internacional se ha hecho eco.
Pero antes es necesario precisar algunas informaciones sobre este tema. En los años 90 o 2000 la situación era distinta: Estados Unidos parecía no prestar mucha atención a lo que ocurría en República Dominicana, Cuba y Haití. Pero hoy las cosas han cambiado, y es algo que poca gente parece notar: si Estados Unidos entra en un enfrentamiento con drones entre Cuba y Estados Unidos, será imposible que exista paz o estabilidad en Santo Domingo y en toda esta región geográfica.
Este clima de negocios que hoy se vive en Santo Domingo no será sostenible si vemos que Irán y grupos extremistas como Hezbollah, junto con otros actores vinculados a Cuba, empiezan a tomar posiciones y a ejecutar acciones contra Estados Unidos en la región. Hay algo que ha transformado por completo la metodología de la guerra moderna: un objeto de tamaño reducido.
¿Y qué es lo que está pasando? Estamos presenciando el inicio de una especie de guerra que no estaba planificada de esta manera. Antes, Estados Unidos tenía pleno control del espacio aéreo, capaz de neutralizar aviones y amenazas similares con relativa facilidad. Pero la nueva tecnología de los drones ha cambiado ese panorama por completo: hoy un dron de bajo costo puede neutralizar equipos militares mucho más caros y sofisticados.
Un ejemplo claro de esto lo vimos en la guerra entre Rusia y Ucrania: Rusia pensaba tener asegurada una victoria rápida gracias a su superioridad militar tradicional, pero los drones ucranianos, mucho más baratos y ágiles, lograron neutralizar tanques, blindados y otros equipos de alto valor, cambiando por completo el curso del conflicto.
Lo que se ha visto en esta guerra es que los drones tienen una capacidad de infiltrarse y causar un daño significativo. Además, resulta mucho más costoso neutralizar a un dron que fabricarlo. Esto ha cambiado todo el paradigma de las guerras; ahora mismo todo es diferente.
Hemos visto cómo China ha publicado un video donde se muestra un avance sorprendente: se observan objetos del tamaño de una mosca, capaces de posarse en un auto, provocar una descarga eléctrica, apagar todo el vehículo, y luego permitir que otras “moscas” ocasionen una explosión. ¿Qué quiere decir esto? Que la guerra ha alcanzado niveles que las personas ni siquiera imaginan, lo que refleja el peligro en que viven las sociedades actualmente en todo el mundo.
Lo que está haciendo la administración Trump, es decir, Estados Unidos, porque esto va a continuar sea Trump o sea cualquier otro candidato que llegue a la presidencia, demuestra que la tecnología de los drones ha cambiado significativamente la forma en que las grandes potencias ven a los países de su entorno geográfico. Por eso vemos que las relaciones en el hemisferio se están reconfigurando.
Y repito: Estados Unidos significa estabilidad para Santo Domingo. Quizás hay personas que reciben dinero del comunismo, del extremismo, de Irán, de Rusia, de China o de Hezbollah, y esas personas pueden irse a vivir a otros países. Pero los verdaderos dominicanos y los verdaderos norteamericanos van a tener que quedarse en su hemisferio.
Entonces, ¿qué es lo que pasa? Que cuando la gente analiza la situación relacionada con Cuba y la distancia que tiene hacia la Florida, estamos hablando de apenas 150 kilómetros, una distancia que en carro, a un ritmo normal de tráfico, tomaría aproximadamente hora y media o dos horas. Pero un dron no se desplaza como un carro en carretera: un objeto de este tipo, muy difícil de detectar por radar, puede volar a 100 kilómetros por hora en línea directa y llegar hasta las costas en poco más de una hora. Eso es algo sumamente delicado.
Esto puede ocasionar daños importantes a Estados Unidos y no puede ser aceptado, porque tarde o temprano va a comenzar a afectar a toda la región. Estamos viendo cómo Estados Unidos ya se está previniendo ante este escenario. Incluso Santo Domingo tiene una cercanía considerable con Puerto Rico a través del canal de la Mona, y también sabemos que la República Dominicana comparte frontera con Haití, un país que atraviesa una crisis de seguridad e institucionalidad.
Esto genera lo que se conoce como un efecto contagio: la inestabilidad haitiana no se queda contenida del otro lado de la frontera, sino que termina salpicando directamente a la República Dominicana a través de la migración descontrolada, el fortalecimiento de bandas armadas y el vacío de autoridad.
Tal como analizamos hace unos días, a partir de lo dicho por Iván Gatón, Washington está preocupado por la posible presencia de Hezbollah en Haití. Nosotros ya hemos documentado cómo Hezbollah ha tenido participación en Santo Domingo, utilizándolo como nodo logístico, financiero y para transacciones. Esto no debe ser descartado bajo ninguna circunstancia dentro de este análisis.
Antes de avanzar, es importante entender que la proximidad de Cuba con Estados Unidos, así como la de Santo Domingo con Puerto Rico y Haití, representa una grave amenaza contra la seguridad del hemisferio. Repito: mucha gente cree que Santo Domingo podrá sobrevivir a un enfrentamiento con drones entre Cuba y Estados Unidos. Quien crea que va a existir prosperidad está equivocado.
Algo que me llama la atención, y que quiero mostrarles, es la postura, desde mi punto de vista extraña, que tuvo el actual gobierno dominicano hace un tiempo cuando se le preguntó si Cuba era una dictadura o un país democrático. Veamos esta cita de su intervención:
Periodista: Presidente, ¿para usted Cuba es una dictadura?
Presidente: Yo pienso que Cuba obviamente no es un estado democrático. Ellos tienen un sistema de revolución y creo que ellos mismos se están dando cuenta de que tienen que hacer un cambio, y están en esa dirección.
Periodista: Pero no me dijo si es una dictadura.
Presidente: No es un estado democrático. Ellos tienen su propia forma de elecciones.
Periodista: ¿Su alianza estratégica es con Estados Unidos?
Presidente: Totalmente.
Esta entrevista se le realizó recientemente al presidente, específicamente el 6 de mayo de 2026, y fue publicada por el medio Álbor Invertido. Cuando se le preguntó, el presidente afirmó tener una alianza con Estados Unidos y la definió con un “totalmente”, pero no quiso calificar a Cuba como una dictadura comunista, como sí la definen Marco Rubio y Donald Trump.
Si nos remontamos al pasado, hemos destacado en este medio que la relación entre Santo Domingo y Cuba siempre ha implicado el financiamiento de grupos de izquierda radical y comunistas en el país. Incluso se les abastecía del arsenal necesario para intentar contrarrestar a los gobiernos de Joaquín Balaguer e, incluso, al de Leonel Fernández en su momento.
Llama la atención que el presidente haya sido tan ligero con Cuba. Esta actitud muestra cierta debilidad, o cierto cuidado, respecto a cómo lo ven desde La Habana.
A esta situación se añade la falta de contundencia presidencial previa, como ocurrió cuando se designó a Hezbollah como grupo terrorista. A diferencia de casos como el de Argentina, donde el propio presidente asumió la vocería directamente, a nivel local la decisión se delegó enteramente en el Ministerio de Relaciones Exteriores, sin dar instrucciones a los organismos que luchan contra el terrorismo.
Esta tibieza vuelve a hacerse evidente respecto a Cuba. Aunque se dispuso la expulsión de nueve diplomáticos cubanos, las autoridades se han limitado a concederles un margen de siete días para retirarse del territorio nacional junto a sus familias.
De acuerdo con información publicada por el periódico El Día, estos funcionarios habrían sido expulsados por realizar labores de inteligencia y buscar consolidar su influencia en Santo Domingo. Esta conducta está tipificada en el nuevo Código Penal como espionaje y conlleva penas de hasta 30 años de prisión. Por eso resulta incomprensible que ni siquiera se les haya declarado personas no gratas.
Lo habitual, según los acuerdos de Viena, es otorgar entre 24 y 48 horas para salir del país. Sin embargo, el gobierno dominicano optó por no declararlos personas no gratas ni sacarlos en ese plazo, sino que les dio una semana, lo que evidencia cierta afinidad hacia el gobierno cubano. Según lo emitido por la Cancillería, el comunicado señala que el gobierno se acoge a la normativa vigente y seguirá conduciendo este asunto con discreción por los canales diplomáticos.
La tendencia en Latinoamérica, cuando se atrapa a diplomáticos realizando labores de espionaje o inteligencia, es declararlos personas no gratas y darles de 24 a 48 horas para que abandonen el país, por tratarse de un delito. Aunque tengan inmunidad, para Santo Domingo esto debería ser juzgado como espionaje.
Vamos a hacer algunas comparaciones, porque es importante ver qué han hecho otros países.
El medio Alas Tensas, en un comunicado publicado el 3 de mayo de 2026, difundió la siguiente información: “Ecuador expulsa a la misión diplomática cubana”. Según se detalla, Ecuador fijó un plazo de 48 horas para que todo el personal de la embajada cubana en Quito abandonara el país de forma inmediata. El presidente ecuatoriano, Daniel Noboa, emitió un decreto ejecutivo con el que dio por terminadas las funciones de José María Borja López como embajador de Ecuador en Cuba. Un día después, el gobierno ecuatoriano declaró personas no gratas al embajador Basilio Antonio Gutiérrez García y a los 22 funcionarios de la misión cubana en Quito, fijándoles un plazo de 24 horas.
En la noticia reportada por el periódico Alas Tensas, la asambleísta Lucía Jaramillo comentó al respecto: “¿Quién quema papeles en el techo de una embajada? Solo quien intenta destruir la evidencia. Las imágenes desde la embajada de Cuba en Quito confirman lo que por años se denunció: indicios de espionaje”.
El dato de fondo aquí es la marcada diferencia en el nivel de responsabilidad ejecutiva. Ante hechos de tal magnitud, sea la identificación de redes de inteligencia o la categorización de Hezbollah como grupo terrorista, ningún jefe de Estado debería mantenerse al margen delegando el tema a un comunicado de la Cancillería, ni obviando el rol del Consejo contra el Terrorismo.
Mientras en casos como el de Ecuador o Argentina fuimos testigos de presidentes que asumieron una postura directa, formal e institucional frente al país, aquí hemos visto un marcado repliegue político, donde el mandatario evita tomar el control de la narrativa y asumir el costo de la decisión.
Pero el punto que aquí interesa analizar es otro: en el marco del llamado Escudo de las Américas, Estados Unidos ha comenzado a compartir información de inteligencia que apunta a actividades de espionaje por parte de Cuba a favor de terceros países.
El caso de Costa Rica ofrece otro ejemplo de este patrón. El 18 de marzo de 2026, el gobierno costarricense anunció la ruptura de relaciones diplomáticas con Cuba y el cierre de su embajada en La Habana. La decisión incluyó la solicitud de retiro del personal diplomático cubano acreditado en San José, donde solo permanecieron funcionarios consulares. El canciller Arnoldo André Tinoco explicó que la medida respondía al deterioro de la situación de derechos humanos en la isla.
Estas denuncias se han multiplicado en otros países que exigen la salida de representantes cubanos de Latinoamérica. Ya vimos cómo Costa Rica se sumó a esa tendencia. Y volvemos al punto central: el problema real es que muchas personas piensan que una eventual inestabilidad, o incluso un conflicto con Estados Unidos, no las afectará por vivir en Latinoamérica. Se trata de un grave error de perspectiva.
No se puede pensar que Cuba, China, Rusia, Hezbollah o Irán buscan la estabilidad o el bienestar de los latinoamericanos. Incluso a nivel ideológico y religioso, sus visiones son distintas y, en muchos casos, opuestas a las de las mayorías cristianas de la región. Quien quiera comprender qué representan esas ideologías para los cristianos solo tiene que revisar la información disponible sobre la persecución sistemática que enfrentan en esos países.
Tenemos otros datos para seguir comparando. Cubanet publicó el 8 de noviembre de 2025: “Perú expulsó al embajador cubano de forma definitiva tras indagar sobre sus actividades”. Según se informó, además de diplomático, Carlos Zamora fue identificado por exoficiales de inteligencia cubana como un espía formado por la KGB. La cancillería peruana confirmó su salida.
Es evidente lo ocurrido en Ecuador y Perú, mientras que en Santo Domingo se sigue permitiendo el tema del espionaje. Decía al principio de este análisis que Estados Unidos no debería permitir que se juegue con espías, se capte información o se genere influencia. Los términos de la guerra actual han cambiado. No estamos en los años 80, 90 o 2000, cuando se combatía de otra manera y se tenía control del espacio marítimo y aéreo con aviones y helicópteros detectables.
Estamos hablando de drones de tamaño reducido que, con Cuba a apenas 100 kilómetros de distancia, podrían llegar a las costas de Florida en hora y media y causar serios problemas a la seguridad regional. Incluso podrían desestabilizar a Santo Domingo. Si allí se instalan células de Hezbollah, fácilmente podrían sembrar el pánico en el país con estos aparatos, porque no hay forma de detectarlos: algunos funcionan con fibra óptica y otros vuelan a un nivel tan bajo que casi no se perciben.
Una posible guerra de drones entre Cuba y Estados Unidos ha provocado un cambio en la forma en que las potencias observan a sus países vecinos. Un ejemplo reciente de esta tensión regional es el caso de Abelardo de la Espriella, publicado en Infobae el 27 de julio de 2026: “El gobierno de Abelardo de la Espriella romperá relaciones diplomáticas con Nicaragua y Cuba desde el 7 de agosto”. Esto ya se hizo efectivo. La decisión elimina la representación concurrente y cualquier mecanismo de continuidad, incluyendo el cierre de 14 embajadas.
La tendencia en todos los países debería ser no permitir esta influencia, que no aporta nada al desarrollo ni a la seguridad hemisférica y que se ha convertido en un dolor de cabeza. Este patrón no es exclusivo de la región: según una información publicada por El Confidencial Digital el 18 de abril de 2023, la expulsión de 27 diplomáticos rusos dejó bajo mínimos la capacidad de espionaje de Moscú en España.
Lo anterior evidencia que una forma de proteger la seguridad nacional frente a países hostiles ligados al extremismo es disminuir su capacidad de espionaje. Aunque a estas personas no se les haya demostrado ninguna actividad sospechosa, el Estado receptor debe reducir esa capacidad. Cuando se cuenta con pocos diplomáticos, es mucho más fácil fiscalizar sus movimientos diarios.
La percepción común reduce el espionaje a la simple obtención de información, pero en la práctica abarca dimensiones mucho más amplias: desde la construcción de influencia política y económica hasta la creación de estructuras empresariales destinadas a financiar operaciones que aparentan ser legítimas. En ese contexto, es de conocimiento general que la entidad cubana GAESA opera una aerolínea en Santo Domingo. Tarde o temprano saldrá a la luz cómo se estructuró ese proyecto y cuáles fueron los mecanismos que permitieron su instalación en el país.
Mientras tanto, la reducción de personal en esa operación no es un detalle menor: limita su capacidad operativa y abre interrogantes sobre la sostenibilidad y los verdaderos objetivos detrás de la iniciativa.
La defensa nacional atraviesa una transformación profunda. Los países ya no pueden limitarse a los esquemas tradicionales de seguridad, porque la forma de combatir ha cambiado de manera radical. Las guerras modernas ya no se definen por columnas de soldados, aviones en formación o helicópteros sobrevolando ciudades; hoy el campo de batalla está marcado por drones, sistemas autónomos y tecnología de precisión.
Nadie habría imaginado en los años 90, o incluso a comienzos de los 2000, que Ucrania sería capaz de sostener un enfrentamiento tan prolongado contra Rusia, una potencia militar convencional. Sin embargo, lo ha logrado gracias a herramientas tecnológicas difíciles de detectar y a una estrategia que combina innovación, inteligencia y adaptabilidad.
Este giro en la naturaleza de los conflictos obliga a los Estados a replantear sus modelos de defensa y a invertir en capacidades que antes parecían accesorias. La guerra del futuro, que ya es la guerra del presente, se libra en silencio, a distancia y con dispositivos que cambian por completo la ecuación militar.
El mundo ha reaccionado con inquietud ante esta realidad, y muchos países han empezado a tomar precauciones, conscientes de que una guerra prolongada puede desestabilizar economías enteras. Cuando un dispositivo diminuto es capaz de recorrer 100 kilómetros y destruir un edificio o un vehículo, estamos frente a una amenaza que merece atención seria.
En nuestro país, sin embargo, se subestima el impacto real de este riesgo. Una crítica recurrente es que en Santo Domingo se ha invertido de manera desproporcionada en vehículos militares blindados, mientras las tecnologías que definen los conflictos modernos siguen quedando fuera de la discusión pública.
Eso no está funcionando ni en Rusia ni en ningún país en conflicto. Lo que funciona es la tecnología antidrones. Si en Santo Domingo se está haciendo negocio con los vehículos blindados, eso no sirve de nada en el escenario de la guerra moderna.
Para aportar contexto, el Washington Times publicó el 2 de junio de 2026 un reportaje titulado “De Teherán a La Habana: el papel de Cuba vinculado a extremistas islámicos y activistas en Estados Unidos”. La investigación señalaba nuevas preocupaciones en Washington sobre redes de influencia conectadas con La Habana.
Poco después, surgieron informes de que el Departamento de Justicia examinaba a varios grupos sin fines de lucro por presuntamente coordinarse con Cuba en campañas de influencia dentro de Estados Unidos, un indicio de que el tema ha escalado a niveles institucionales.
Estas investigaciones no deben pasar por alto el papel de La Habana en vincular las redes de solidaridad cubana con el extremismo islámico. El año pasado se detalló cómo Cuba conecta los movimientos militantes proiraníes con grupos activistas marxistas occidentales, centrándose en el ICAP (Instituto Cubano de Amistad con los Pueblos), entidad vinculada al espionaje.
Cuba está siendo utilizada como plataforma para estas operaciones, por lo que no sorprende que aparezcan figuras en Santo Domingo proclamando su oposición al gobierno o al llamado “Imperio”. La isla funciona como un vehículo ideológico para ciertos grupos extremistas, y cuando actores locales defienden esas causas, rara vez es casual.
Muchos comunicadores han sido formados en doctrinas de izquierda que históricamente han tenido vínculos con La Habana, lo que explica parte de la narrativa que hoy se reproduce en el debate público.
Las figuras que impulsan protestas en el país suelen tener vínculos con la inteligencia cubana y, en algunos casos, con redes asociadas a Hezbollah, organización responsable de graves actos de violencia y designada como grupo terrorista por múltiples gobiernos. Esto se conecta con lo señalado anteriormente: durante años, Cuba identifica simpatizantes pro-Hezbollah y activistas afines para articular campañas de influencia.
Comprender la diferencia entre espionaje y operaciones de influencia es clave. Si un miembro de una embajada establece una relación cercana con una figura política o con un rector dominicano y le entrega información sensible, eso constituye espionaje. No requiere disfraces, interceptaciones ni escenas cinematográficas: basta con una relación estratégica y el flujo de datos que nunca debieron salir de su ámbito institucional.
En Santo Domingo ni siquiera es necesario “comprar” información: las relaciones existentes facilitan el acceso a datos sensibles sin mayor esfuerzo. En materia de influencia, Cuba puede condicionar inversiones e inyectar capital mediante operaciones trianguladas o empresas fachada, enriqueciendo a políticos o empresarios con el objetivo de que esos recursos terminen financiando partidos pequeños o periodistas tradicionales a través de publicidad.
Es un esquema diseñado para penetrar instituciones desde adentro, una estrategia que combina dinero, relaciones y narrativa para moldear el entorno político local.
En Santo Domingo es común encontrar en redes sociales comentarios de simpatizantes de Hamás y Hezbollah, lo que evidencia una clara tendencia de adoctrinamiento por parte de agencias hostiles.
Un caso llamativo fue el de una persona que fabricaba drones para Ucrania y residía en Santo Domingo. Tras la visita del canciller ruso Lavrov, le abrieron un hoyo en la pared de su vivienda y fue encontrado ahorcado; el caso fue registrado oficialmente como suicidio. El gobierno dominicano nunca investigó a fondo las circunstancias.
Para continuar robusteciendo nuestro análisis, agregamos una información publicada por Martí Noticias sobre los nuevos actores de la red que conecta a Cuba con grupos pro-Hezbollah y activistas occidentales. El antecedente clave se remonta a 2016, con la visita a República Dominicana del político libanés Gebran Bassil, aliado del brazo político de Hezbollah. Sus reuniones con actores estratégicos locales derivaron en invitaciones al Líbano, trazando una red de influencia que hoy vuelve a estar bajo la mira.
La visita de Bassil a Cuba en 2015, para presuntamente atraer inversiones de Medio Oriente, levantó dudas en el sector financiero. En su momento, resultaba inverosímil que el capital privado buscara retornos en una economía caracterizada por la inestabilidad y el alto riesgo crediticio. La comunidad de inteligencia sugiere que el viaje trascendió la cooperación bilateral y respondió, en realidad, a un esquema para la movilización y triangulación de capitales.
El diario El Observador publicó el 20 de julio de 2026 que, según un informe del Departamento de Estado liderado por Marco Rubio, Cuba se convirtió en la capital del terrorismo, el espionaje y la infiltración del siglo XXI. El documento acusa al régimen cubano de mantener durante siete décadas una estrategia de subversión, infiltrando las más altas esferas.
Si instituciones con el alcance y los recursos de la CIA y el FBI en Estados Unidos quedan expuestas a este tipo de dinámicas, el escenario para la República Dominicana resulta aún más vulnerable. Por esta razón, la actuación de ciertos actores políticos y financieros dominicanos frente a regímenes como el cubano, o grupos como Hezbollah, exige una revisión profunda.
Al entablar vínculos con redes extremistas, los involucrados entran inevitablemente en un terreno de extorsión: los servicios de inteligencia y estas organizaciones documentan minuciosamente cada transacción y movimiento de dinero sensible, transformando esa información en un mecanismo de chantaje a largo plazo.
En Venezuela, Nicolás Maduro implementó una estrategia contra los periodistas digitales que investigaban la corrupción, acusándolos de integrar una red de extorsión y chantaje. Parece que ese mismo método se ha intentado aplicar en República Dominicana para desacreditar a los investigadores. De usarse el mismo método, es posible que se esté recibiendo asesoría de inteligencia externa, proveniente de enemigos de Estados Unidos.
No se debe descartar el impacto de las redes de inteligencia adversas a la administración Trump, cuyo objetivo es preservar la influencia y el poder geopolítico en la región. Ante este escenario, resulta clave analizar dos antecedentes de peso:
Espionaje en Puerto Rico: una denuncia publicada por el portal El Vocero expuso la guerra secreta de inteligencia cubana en territorio puertorriqueño, evidenciando el alcance operacional de sus redes en zonas estratégicas de Estados Unidos.
Control de datos en Venezuela: la implementación de la cédula de identidad con chip en Venezuela encendió las alarmas internacionales al revelarse que la tecnología e infraestructura fueron introducidas y gestionadas por Cuba, sentando un precedente de control ciudadano y acceso a información sensible. Ambos casos subrayan un mismo patrón: el uso del espionaje y la tecnología de identificación para consolidar mecanismos de control y vigilancia geopolítica.
Armando Info publicó el reporte “Cédula electrónica a la cubana“, en el que señala cómo la gestión de la base de datos de los venezolanos por parte de una empresa privada ha generado profundas preocupaciones respecto a la nueva cédula de identidad y sus presuntos vínculos con la inteligencia cubana. Esta situación habría abierto la posibilidad de fabricar votantes e imprimir documentos falsos para intervenir en procesos electorales desde el exterior.
Por otra parte, CiberCuba publicó en 2013 que el chip cubano se propagaba por Latinoamérica como una fachada del G2 para controlar los sistemas de emisión de documentos. En República Dominicana, la nueva cédula con chip ha generado un profundo debate, lo cual merece total atención por las preocupaciones que genera.
Los dominicanos deben prestar más atención a este tipo de asuntos.








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