Nuestro Comentario

Las llamas de la amnesia moral: el saqueo que desnuda nuestra involución ciudadana

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El reciente y voraz incendio que consumió las instalaciones de la tienda L&R Comercial en la Autopista Las Américas no solo redujo a cenizas una estructura física; desnudó la alarmante degradación moral que corroe el tejido social de la República Dominicana. Mientras el Cuerpo de Bomberos arriesgaba sus vidas para sofocar las llamas, un grupo de ciudadanos transformó la tragedia ajena en un festival de rapiña, cargando a plena luz del día con neveras, lavadoras y televisores.

Aunque la Policía Nacional desmintió los rumores que inicialmente implicaban a oficiales en el robo —aclarando que el despliegue de sus camiones oficiales se debió a la posterior recuperación de más de 170 artículos y al arresto de 17 personas en flagrante delito—, el evento deja un saldo devastador en lo ético.

La mera existencia de un saqueo masivo en medio de una emergencia confirma una dolorosa involución en la calidad del ciudadano dominicano.

Este episodio obliga a formular preguntas profundas e incómodas sobre el colapso de nuestra conducta social colectiva:

El eclipse de la empatía: El dolor del comerciante o el peligro de muerte de los allí presentes pasó a un segundo plano. La prioridad colectiva mutó instantáneamente hacia el beneficio personal ilícito.

La cultura del oportunismo: La delincuencia ya no se esconde en callejones oscuros; se manifiesta de manera abierta y festiva cuando el caos provee la más mínima grieta de impunidad.La justificación del despojo: En redes sociales se multiplicaron voces que excusaban el delito bajo argumentos insólitos, alegando que “los bienes estaban asegurados” o que “comoquiera se iban a quemar”, normalizando el robo como una acción justificable.

Un llamado urgente a la introspección social

No podemos despachar este hecho calificando simplemente a los saqueadores como un grupo aislado de “delincuentes comunes”. Lo ocurrido en Las Américas es el síntoma visible de una metástasis moral de largo aliento. Tradicionalmente, la sociedad dominicana se caracterizaba por la solidaridad ante la desgracia: el vecino que corría a apagar el fuego o a resguardar lo ajeno en la acera.

Hoy, la involución ciudadana nos muestra una turba armada con teléfonos para grabar el morbo y manos listas para la rapiña. Si permitimos que el canibalismo social sustituya a la decencia elemental, ninguna reforma económica o de infraestructura civil podrá salvarnos del naufragio ético.

Es urgente que las familias, las escuelas, las iglesias y el liderazgo político detengan la marcha y convoquen a un riguroso análisis de este deterioro conductual.

La sanción penal a los implicados es obligatoria, pero el verdadero desafío radica en reconstruir el andamiaje de valores que hemos dejado desplomar.

Si el fuego del siniestro nos escandaliza, la frialdad moral de quienes celebraron el saqueo debería despertarnos de golpe ante el abismo cívico en el que estamos cayendo.

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Olga Almanzar

Olga Almanzar

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