Fuente: Lency Alcántara/lency_alcantara@hoy.com.do
Cada 12 de octubre, el calendario oficial recuerda una fecha que durante siglos se presentó bajo la narrativa idealizada del "Encuentro de Dos Mundos" o el "Día de la Raza". Sin embargo, investigaciones recientes y voces especializadas han transformado esta conmemoración en un espacio para la reflexión crítica, la memoria y el luto.
Para Tahira Vargas, antropóloga, investigadora y profesora universitaria, resulta fundamental desmontar los mitos fundacionales de la colonización y revelar la crudeza de un sistema basado en la violencia, la esclavitud, el despojo territorial y el genocidio cultural.
1. El mito de la bienvenida pacífica y los “espejitos por oro”
Uno de los relatos ideológicos más arraigados en la historia tradicional es la idea de un intercambio amistoso, donde los pueblos originarios entregaban oro a cambio de abalorios sin valor real, voluntariamente. No obstante, la evidencia histórica documentada contradice esta versión.
Como señala la especialista al comparar cómo se conmemora en otros países:
“En Guatemala, por ejemplo, le llaman el Día de la Memoria y el Luto… porque es como recordar el inicio del genocidio, de toda la pérdida humana, del territorio y la destrucción cultural. Se destruyeron culturas, se impusieron culturas, no fue un diálogo cultural… fue imponer una religión, un modo de vida; eso significó convertirnos en esclavos e imponer un idioma”.
De igual forma, Vargas rechaza el mito de la supuesta pasividad indígena:
“No es cierto que Guacanagarix haya dicho ‘sí, vengan a sacar oro’. No, ellos capturaron a los indígenas, los ataron, los esclavizaron y les obligaron a buscar oro. Por eso Enriquillo se rebeló; por eso hubo levantamientos en Puerto Plata y Samaná; por eso un grupo se refugió en las montañas. Esa es una parte que nunca se cuenta: cómo los indígenas taínos resistieron y lucharon”.
2. La raíz afrotaína: El diálogo cultural oculto
La historia oficial ha invisibilizado un vínculo cultural esencial: el intercambio entre indígenas y esclavos africanos traídos al continente.
La investigadora subraya la dinámica de este contacto cotidiano frente a la distancia impuesta por los colonizadores:
“Los españoles no se sentaban con los taínos a comer casabe; eso no ocurrió. Ellos eran los patrones, los jefes; los taínos eran esclavos. La relación intercultural y el diálogo cultural existían entre los negros africanos esclavizados y los mismos taínos; todo lo que nos llegó de los taínos fue a través de los africanos”.
3. La idealización histórica y la realidad del mestizaje
El concepto del “mestizaje armonioso” suele usarse para ocultar el origen violento de la sociedad colonial. Tahira Vargas enfatiza que la mezcla racial en América no surgió de relaciones afectivas mutuas sino de agresiones sistemáticas.
El robo institucionalizado y el destino del oro: La experta apunta directamente a la base económica de la conquista:
“¿Qué otro robo mayor puede haber que llegar a una tierra ajena y obligar a sus habitantes a trabajar forzadamente como esclavos para llevarse su oro? Ese fue el robo más grande… Y ese oro está visible en la catedral de Sevilla; construyeron muchas iglesias y monumentos con nuestro oro”.
El caso de Anacaona: La trágica muerte de la cacica de Jaragua ejemplifica la brutalidad para eliminar el liderazgo nativo:
“No señora, Anacaona fue quemada viva. Ovando llegó a Jaragua, cometió una masacre contra indígenas… La trajeron porque ella era líder de esa zona y la quemaron viva en lo que hoy es la Plaza de Colón. No hubo ningún enamoramiento… La quemaron viva porque era esposa de Enriquillo”.
Violencia estructural contra las mujeres: Desmintiendo las versiones edulcoradas sobre un mestizaje pacífico, Vargas concluye:
“Todas las mujeres e hijos nacidos mestizos fueron producto de violaciones… Abusos sexuales sistemáticos contra indígenas y africanas. Violaban niñas. Hay documentos que narran cómo traían niñas desde África para violarlas durante el viaje y luego venderlas aquí… Fue una brutalidad”.








Agregar Comentario