Fuente: Gonzalo Zegarra/gonzalo_zegarra@cnnespanol.cnn.com
Bolsonaro celebra el resultado y se enfoca en el balotaje: "Brasil no puede soportar más"
Brasil, el país más poblado de América Latina y la décima economía a nivel mundial, no escapa a las tendencias electorales que se observan en el resto de la región. Las elecciones en este gigante sudamericano mostraron varios fenómenos recurrentes en los últimos años: campañas cada vez más polarizadas frente a un electorado fatigado.
La victoria de Flávio Bolsonaro, quien ahora se perfila como favorito para la segunda vuelta frente a Lula da Silva, lo acerca a obtener el triunfo más significativo dentro de la ola conservadora que ha recorrido el continente recientemente. No obstante, expertos señalan que este ciclo podría ser parte de un movimiento pendular de rechazo hacia los oficialismos más que una expresión del auge de la derecha.
Polarización, un fenómeno habitual
Con tácticas basadas en el antagonismo y la cancelación del oponente, las propuestas y promesas "importan muy poco" para atraer a los indecisos, afirmó a CNN Manuel Alcántara Sáez, politólogo y director del Centro Internacional de Estudios Políticos y Sociales (CIEPS-AIP) en Panamá.
Tanto Bolsonaro como Lula apelaron al llamado "voto útil", lo que llevó al hundimiento del grupo de aspirantes restantes: ninguno alcanzó siquiera el 3%. Al igual que en otros países, las opciones moderadas quedan descartadas y ninguna candidatura centrista logra posicionarse como una alternativa viable. El segmento de votantes que inicialmente no apoyan a los dos favoritos se reduce cada vez más.
Votantes en una escuela de Sao Paulo, Brasil.
Más allá del voto duro, "el resto del electorado se mueve por otros impulsos, incluso también por el cansancio y la desesperación al ver que por un lado hay un candidato con 80 años y por otro un candidato que es hijo de alguien en prisión domiciliaria, condenado por intentar un golpe de Estado", señaló Alcántara.
Por esta razón, el analista consideró que, pese a la gran sorpresa generada por la votación de Bolsonaro, la campaña seguirá con dinámicas similares a las observadas en semanas anteriores.
Entre la derechización y el agotamiento
El escenario político regional ha experimentado un giro decisivo hacia la derecha en los últimos dos años, con triunfos de líderes conservadores en países como Colombia, Perú, Costa Rica y Chile, entre otros.
Estos candidatos no solo promueven reformas orientadas al mercado con reducción del Estado, sino que también sostienen una línea ideológica alineada con la política de Washington, interesada abiertamente en controlar lo que ocurre en América Latina.
Si Lula, líder con mayor proyección internacional y antecedentes comprobados en lucha contra la pobreza, es derrotado por Bolsonaro —cuyo principal capital es ser hijo del expresidente actualmente bajo prisión domiciliaria pero que capitalizó denuncias de corrupción contra el PT y problemas económicos como déficit y deuda— el progresismo enfrentará un panorama desalentador.
El internacionalista Farid Kahhat, profesor en la Pontificia Universidad Católica del Perú, afirmó que "es un momento de crisis para la izquierda en toda la región", pero aclaró que este patrón tiene causas que van más allá del tradicional enfrentamiento ideológico.
"Depende del contexto, pero no necesariamente es un rechazo a movimientos de izquierda per se, sino a quienes están en el poder durante momentos de alta inestabilidad económica", explicó.
En esa línea, Alcántara Sáez destacó que más allá de una división entre izquierda y derecha, la separación principal radica en la postura política frente a Estados Unidos y su renovado interés por supervisar lo ocurrido en el hemisferio y frenar influencias extrarregionales como China.
Aunque no se trata completamente de una derechización, sí se observa paralelamente una derrota sostenida de los oficialismos. En Brasil como en otros países primó el descontento dirigido hacia las autoridades.
Afiches políticos en una calle de la favela Cidade de Deus, Río de Janeiro.
Kahhat añadió que desde la pandemia los gobernantes sufren factores externos como el aumento global del precio del combustible, lo cual impulsa la inflación. "Hay dos grandes preocupaciones: economía y seguridad ciudadana. Eso es común a toda la región. El orden puede variar, pero esas suelen ser las dos prioridades fundamentales", indicó. "Aunque el gobierno de Lula no esté en situación desesperada, ninguna de estas variables le otorga ventaja significativa; más bien son lastres". Según él, esta situación explica "por qué pese a la intervención abierta y grosera del gobierno estadounidense en las elecciones no ha disminuido la imagen de Bolsonaro".
La influencia estadounidense
Como ha ocurrido en otras contiendas regionales, el presidente estadounidense Donald Trump eligió abiertamente su candidato favorito y recibió meses atrás a Bolsonaro en la Casa Blanca. Sin embargo, durante las últimas semanas no se manifestó públicamente sobre la campaña. Además aplicó aranceles selectivos contra productos brasileños y sancionó a funcionarios y magistrados brasileños por razones parcialmente políticas según Washington.
Foto compartida por Donald Trump en Truth Social junto al senador brasileño Flavio Bolsonaro.
Trump ya había apoyado candidatos en Colombia y Honduras, así como al partido liderado por Javier Milei durante elecciones legislativas argentinas. En diciembre pasado EE.UU. anunció una estrategia para reunir aliados y ampliar su presencia en América Latina; desde entonces se ha convertido —en mayor o menor medida— en actor clave durante las elecciones regionales. Desde su regreso a la Casa Blanca ningún candidato derechista ha sido derrotado en América Latina.
El mismo domingo electoral, la Policía Federal brasileña inició una investigación preliminar sobre posible interferencia estadounidense en las elecciones presidenciales tras una solicitud presentada por la Abogacía General de la Unión. Esto a raíz de un reportaje publicado por The Guardian del Reino Unido sobre fondos estadounidenses destinados a un programa contra el "lawfare" y censura en Brasil con presupuesto cercano al millón de dólares. CNN contactó al Departamento de Estado norteamericano para solicitar comentarios y aguarda respuesta.
Ataques y desinformación
Otro aspecto recurrente durante las campañas es el papel preponderante de las redes sociales y la propagación masiva de desinformación. "Brasil es uno de los mayores consumidores globales de información vía redes sociales", destacó Alexander Main, director del área internacional del Centro para Investigación Económica y Política (CEPR) con sede en Washington. Aunque señaló que estas plataformas jugaron un rol aún más importante durante las elecciones 2018, este año también hubo "mucha toxicidad" y difusión masiva de noticias falsas.
Recordó además un informe presentado por Amnistía Internacional en agosto que acusó a Facebook e Instagram por aceptar anuncios con desinformación electoral sin detectarlos ni impedir su publicación. Tras ello Meta cuestionó dicha metodología y propuso al Tribunal Superior Electoral (TSE) un plan específico para cumplir regulaciones electorales.
Main comentó que esta vez los organismos electorales han tenido menos protagonismo pese al aumento notable del volumen litigioso respecto al proceso 2022 cuando Alexandre de Moraes encabezó una unidad especial contra desinformación con fuerte actuación visible durante aquella campaña.
"Se creó una unidad dentro del TSE para recibir denuncias y actuar agresivamente contra desinformación generando críticas pero mostrando contundencia; ahora salvo excepciones como el caso Nuestra Señora Aparecida esa intervención fuerte no se observa", detalló Main.
En esa polémica reciente debido a mensajes falsos afirmando que Bolsonaro podría retirar a la virgen patrona brasileña, la Justicia ordenó eliminar publicaciones relacionadas.
Para Main estas estrategias no suelen convencer indecisos sino fortalecer bases ya definidas; aun así pueden movilizar votantes e incrementar participación electoral aunque perjudican moderados atrapados entre ataques cruzados aumentando aún más el cansancio social.








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