Fuente: Mario Mendez/mario_mendez@hoy.com.do
Del informe del Banco Central sobre el comportamiento de la economía en agosto surgen tres señales estructurales relacionadas con la composición del crecimiento, además de una señal coyuntural vinculada a una posible pérdida de impulso, que no deben ser ignoradas.
Comenzando por la coyuntural, el crecimiento promedio del 4.5 % entre enero y agosto confirma una recuperación significativa de la actividad económica y se ajusta a la proyección oficial para el año. No obstante, el crecimiento interanual del 3.8 % en agosto, inferior al registrado en varios meses previos, plantea la duda sobre si la economía está desacelerándose hacia fin de año o si se trata de una moderación temporal.
La primera señal estructural se refleja en el descenso del 1.4 % en la actividad agropecuaria. Esto evidencia debilidad en uno de los sectores productivos clave y genera interrogantes sobre la capacidad de la oferta local para satisfacer la demanda, especialmente cuando factores climáticos afectan la producción. También pone en discusión la productividad y la capacidad para sustituir importaciones de alimentos.
La segunda señal se encuentra en la menor traducción del dinamismo turístico al valor agregado en las actividades de alojamiento, alimentos y bebidas. Los visitantes extranjeros crecieron un 8.6 % entre enero y agosto, alcanzando los 6.61 millones. Sin embargo, hoteles, bares y restaurantes solo aumentaron un 2.3 % en agosto. Aunque esta diferencia no establece por sí misma una relación causal, plantea una pregunta relevante: ¿por qué el incremento del flujo turístico no se refleja proporcionalmente en un mayor crecimiento del valor agregado de las actividades que atienden esa demanda?
La tercera señal corresponde al creciente protagonismo del crédito en el desempeño económico. El Banco Central indica que el crédito al sector privado creció nominalmente un 7.6 %, lo que representa unos RD$187,000 millones adicionales respecto a agosto de 2025. En construcción, el aumento fue aún mayor. Por tanto, la recuperación está acompañada por una mayor disponibilidad de financiamiento que podría estar impulsando inversión y consumo. La interrogante es cuánto de esa expansión se traduce en mayor capacidad productiva y cuánto responde simplemente a una recuperación de la demanda.
A estas señales se suma ahora una cuarta, de naturaleza monetaria y coyuntural. Días después de conocerse el resultado de agosto, el BCRD elevó en 25 puntos básicos su tasa de política monetaria, pasando de 5.25 % a 5.50 % anual. La decisión fue justificada como preventiva para mantener ancladas las expectativas inflacionarias y evitar efectos secundarios sobre los precios ante choques persistentes en la oferta. Entre los riesgos mencionados están el aumento del petróleo y sus derivados, las interrupciones en el transporte mundial y condiciones climáticas adversas.
Esta decisión introduce un factor importante en la interpretación del crecimiento registrado en agosto. La economía crece un 4.5 % en los primeros ocho meses, pero el Banco Central comienza a retirar estímulos monetarios cuando el crédito privado todavía crece alrededor del 7.5 % interanual. Esto no implica que el Banco Central esté señalando una economía sobrecalentada —la autoridad atribuye principalmente la medida a riesgos inflacionarios externos y relacionados con la oferta— pero sí muestra que el entorno de recuperación se ha vuelto más complejo.
Por ello, agosto invita a iniciar el análisis con una pregunta coyuntural —¿está perdiendo fuerza el crecimiento?— y profundizar en tres preguntas estructurales: ¿qué sectores están impulsando la expansión?, ¿cuánto del dinamismo turístico se convierte en valor agregado? y ¿qué papel desempeña el crédito? A estas se suma una cuestión de política económica: ¿cuánto margen queda para continuar apoyando el crecimiento mediante condiciones monetarias expansivas ante un aumento de riesgos inflacionarios? Porque aunque el dato del 4.5 % indica cuánto está creciendo la economía, estas señales invitan a reflexionar sobre cómo está creciendo, qué tan dependiente es ese crecimiento del crédito y cuál es el espacio para sostenerlo sin comprometer la estabilidad de precios.








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