Fuente: Listin diario
En el lugar donde hace más de un siglo fusilaron a la familia Romanov, hoy se levanta un espacio de oración.
Se trata de una construcción "milenial", erigida a comienzos de este siglo, lo que la convierte en una edificación relativamente joven. No obstante, debido a su ubicación y la historia que alberga, la iglesia sobre la sangre en honor a Todos los Santos que brillaron en la tierra de Rusia, situada en Ekaterimburgo, es uno de los sitios emblemáticos que ha marcado al país.
Las cúpulas doradas pueden divisarse desde varias calles antes de llegar. La Iglesia de Todos los Santos, conocida localmente como la Iglesia sobre la Sangre, se encuentra justo en el terreno donde estuvo la casa Ipátiev. El altar del templo principal está ubicado casi exactamente sobre el sótano donde, en la medianoche del 17 de julio de 1918, un pelotón bolchevique puso fin a la dinastía que había gobernado Rusia desde 1613.
La iglesia ortodoxa rusa recibe hoy no solo a fieles que asisten a ceremonias religiosas, sino también a turistas, aficionados a la historia y cualquier persona atraída por su llamativa arquitectura. Allí se conserva (o se recuerda) un hecho que transformó la historia del país, derrumbando un imperio de alrededor de 300 años en cuestión de meses.
La visita que realizaron periodistas junto con guías que ofrecieron explicaciones sobre la historia del edificio permitió entender la importancia de una estructura joven pero con gran significado.
De Pedro el Grande al sótano
En resumen, y conforme a los libros históricos, todo comienza con Miguel Romanov, elegido zar en 1613, y desde entonces su familia gobernó ininterrumpidamente hasta 1917. Durante ese periodo destacaron figuras como Pedro el Grande, quien convirtió a Rusia en una potencia europea, y Catalina la Grande, que expandió el territorio hasta límites que aún definen al país.
El último monarca de esta línea fue Nicolás II, quien abdicó el 15 de marzo de 1917 en la estación de Pskov, presionado por los disturbios en Petrogrado y una Duma que ya no lo apoyaba. Inicialmente pensó en dejar el trono a su hijo Alexis, pero finalmente se lo cedió a su hermano Miguel, quien lo rechazó. Así terminó oficialmente el imperio.
Ante la ausencia de sucesión y con un estado en caos, la familia fue detenida en el palacio de Tsárskoye Seló bajo el gobierno provisional. Existió un plan no concretado para exiliarlos a Inglaterra, pero fue frenado por el Soviet de Petrogrado. Luego fueron trasladados a Tobolsk, en Siberia occidental, y en abril de 1918 llegaron a Ekaterimburgo para residir en una vivienda que la policía política denominó con el eufemismo Casa de Propósito Especial.
Esa casa, según diversas fuentes, carecía realmente de características especiales; fue construida en los años 1880 por un ingeniero de minas y comprada en 1908 por un militar llamado Nikolái Ipátiev, cuyo nombre adoptó la residencia.
A finales de abril de 1918 desalojaron a Ipátiev y allí, en cuatro habitaciones del piso superior con las ventanas pintadas de blanco y rodeada por un cerco de madera que impedía ver hacia la calle, pasó la familia sus últimos 78 días.
El desenlace
Con la familia real instalada en la casa, pasada la medianoche del 16 de julio fueron despertados y descendidos a un cuarto que se dice era un sótano. Allí estaban Nicolás II, la zarina Alejandra, sus cinco hijos y cuatro miembros del servicio: el médico Yevgueni Botkin, la dama de compañía Anna Demídova, el lacayo Alexéi Trupp y el cocinero Iván Jaritónov.
Yákov Yurovski, al mando del pelotón ejecutor, leyó la sentencia y ordenó disparar apuntando, según relatan múltiples fuentes, "directamente al corazón para evitar un exceso innecesario de sangre y acabar rápido". Sin embargo, no fue inmediato. Varias hijas llevaban diamantes cosidos en su ropa como una especie de blindaje que obligó a "rematarlas". La ejecución duró unos veinte minutos y se efectuaron cerca de setenta disparos; todos murieron.
Según continúa el relato, los cuerpos fueron cargados en un camión y transportados 14 kilómetros hasta un paraje llamado Ganina Yama, donde los arrojaron a un pozo minero y les rociaron ácido sulfúrico. Al parecer, esa fosa era demasiado superficial; por lo tanto, a la noche siguiente fueron desenterrados, sus rostros desfigurados con culatazos y enterrados nuevamente bajo durmientes ferroviarios en un sitio cercano denominado Porosiónkov Log.
Dentro del templo puede leerse parte de esta historia: tras estos hechos, la casa Ipátiev se convirtió primero en museo, luego en escuela agrícola y posteriormente en museo antirreligioso. Para los años setenta del siglo pasado —a pesar del aparato soviético contrario— ya era un lugar donde las personas iban secretamente a dejar flores.
En 1977 se ordenó demolerla porque supuestamente carecía de "suficiente significación histórica". Quien cumplió esa orden como jefe regional del Partido Comunista fue Boris Yeltsin.
La iglesia sobre la sangre
En 1990 el gobierno regional de Ekaterimburgo entregó el terreno donde estaba demolida la casa Ipátiev a la Iglesia Ortodoxa para construir inicialmente una simple capilla conmemorativa; sin embargo, el proyecto se amplió considerablemente.
"El templo definitivo, con estilo neobizantino y aproximadamente 2.760 metros cuadrados que incluyen dos iglesias, campanario, anexo patriarcal y museo, fue construido entre 2000 y 2003 y consagrado el 16 de julio de ese año —en vísperas del aniversario del crimen—", describen fuentes digitales.
Aunque es un templo cuya función sigue vinculada a las prácticas religiosas ortodoxas rusas, solo entrar ya representa una clara referencia al pasado al mostrar los rostros de los últimos Romanov que gobernaron Rusia.
Los Romanov fueron canonizados y pese a las críticas sobre sus últimos gobiernos son considerados figuras veneradas y respetadas especialmente en Ekaterimburgo.








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