Fuente: Gonzalo Zegarra/gonzalo_zegarra@cnnespanol.cnn.com
Las elecciones presidenciales en Brasil se deciden oficialmente el último domingo de octubre, cuando se lleva a cabo la segunda vuelta en caso de que, como sucedió la semana pasada, el candidato líder en la primera ronda no alcance más del 50% de los votos válidos, es decir, la suma de los sufragios obtenidos por todos los aspirantes. No obstante, según antecedentes históricos, quien gana en la primera vuelta, celebrada el primer domingo de octubre, suele consolidar esa ventaja semanas después y asume la presidencia al año siguiente.
Lo que se observó el 4 de octubre fue una victoria de Flávio Bolsonaro sobre Luiz Inácio Lula da Silva no solo en términos absolutos —56.104.503 votos contra 53.879.538, o un 47,03% frente a un 45,16% en porcentaje de votos válidos—, marcando la menor diferencia entre los dos primeros en una primera vuelta desde la redemocratización del país—, sino también un avance significativo de la derecha en todo el territorio y en diversos perfiles de ciudades y regiones.
Incluso en aquellos municipios donde Lula logró una ventaja amplia, el candidato opositor recortó distancias e incluso superó a su rival en localidades donde el padre de Flávio, Jair Bolsonaro, nunca había logrado imponerse.








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