Fuente: Hoy Digital
Cada 16 de octubre, con motivo del Día Mundial de la Alimentación, se nos invita a reflexionar más allá de lo que ponemos en nuestro plato y cuestionar cómo producimos, seleccionamos, preparamos y consumimos los alimentos. Este año, bajo el lema "Innovar hoy para nutrir mañana", se nos insta a considerar el papel que juega la innovación en la construcción de sistemas alimentarios más saludables, sostenibles e inclusivos.
Al pensar en innovación, solemos asociarla inmediatamente con tecnología, inteligencia artificial, aplicaciones o productos novedosos. No obstante, en el ámbito alimentario, innovar también puede ser algo mucho más sencillo: observar nuevamente lo que tenemos y descubrir formas más eficientes de aprovecharlo.
Un buen ejemplo es nuestra cocina dominicana. Habichuelas, plátano, yuca, batata, auyama, arroz, maíz, frutas y una amplia variedad de vegetales forman parte de una tradición culinaria con un gran potencial nutricional. Innovar no significa necesariamente reemplazar estos ingredientes por productos nuevos o de moda, sino hallar maneras de integrarlos con mayor frecuencia y prepararlos de manera más saludable.
La innovación también puede darse en la cocina. Una receta tradicional puede conservar su sabor e identidad disminuyendo el uso de sal, azúcar o grasas y aumentando la cantidad de vegetales, legumbres y otros alimentos frescos. Podemos experimentar con combinaciones nuevas, técnicas culinarias y presentaciones sin perder aquello que nos conecta con nuestra cultura.
Sin embargo, la innovación debe trascender el ámbito doméstico. Es necesario contar con sistemas que faciliten el acceso a alimentos saludables, ofrecer educación nutricional basada en evidencia científica, brindar mejores oportunidades a nuestros productores y promover políticas públicas que favorezcan entornos alimentarios saludables. La tecnología puede aportar significativamente a estos fines, pero debe estar al servicio de las personas y su salud, no solo responder a conveniencias o intereses comerciales.
Es fundamental preguntarnos si todo lo novedoso es necesariamente mejor. La industria alimentaria ha innovado considerablemente, pero no toda innovación trae beneficios para la salud. El desarrollo de nuevos productos debe ir acompañado de criterios que evalúen su calidad nutricional, impacto ambiental, accesibilidad y aporte a una alimentación saludable. Quizás una de las mayores innovaciones alimentarias sea reaprender a valorar los alimentos que siempre hemos tenido.
Innovar hoy para nutrir mañana implica pensar distinto, pero también rescatar conocimientos, tradiciones y alimentos que pueden ayudarnos a construir un futuro más saludable y sostenible.
Alimentar el futuro no depende únicamente de lo que podamos crear, sino también de saber apreciar y utilizar lo que ya poseemos.
Esta columna forma parte de la sección educativa de la Sociedad Dominicana de Nutrición Clínica y Metabolismo. Envía tus preguntas a sodonuclim@gmail.com y síguenos en @sodonuclim.








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