Fuente: Guillermo Domínguez/guillermo_dominguez@libertaddigital.com
Los trece clubes propietarios de la Euroliga se encuentran estos días en el Lago de Como para discutir el porvenir de la competición.
El baloncesto europeo enfrenta una encrucijada que podría transformar el deporte durante varias generaciones. La NBA planea su llegada a Europa en 2027, y la Euroliga debe decidir si se une al gigante estadounidense o mantiene el control de su propio proyecto. Esta decisión no solo definirá quién domina el baloncesto continental, sino que también podría reabrir, aunque sea de manera indirecta y gradual, un debate que el fútbol parecía haber cerrado: el de las grandes competiciones europeas gestionadas por sus propios participantes.
Los 13 clubes dueños de la Euroliga —Anadolu Efes, Baskonia, FC Barcelona, Fenerbahçe, Maccabi Tel Aviv, Olimpia Milán, Olympiacos, Panathinaikos, Real Madrid, ASVEL, Bayern de Múnich, Zalgiris y CSKA Moscú— se reúnen ahora en el Lago de Como (Italia) para definir el rumbo de la competición. Entre los temas a tratar figura la propuesta de colaboración con la NBA, así como el ambicioso plan de expansión de la Euroliga, que aspira a incluir 24 equipos para la temporada 2027/28 mediante la incorporación de nuevas franquicias.
Según Eurohoops, la reunión se centrará principalmente en la ampliación del torneo y no en votar una posible oferta de compra por parte de la NBA, opción que diversas fuentes descartan bajo los términos conocidos hasta ahora.
Este escenario cobra especial relevancia porque algunos protagonistas son los mismos que han estado involucrados en las disputas sobre el futuro del fútbol europeo. Real Madrid y FC Barcelona no solo son potencias dentro de la Euroliga, sino también figuras clave en el proyecto fallido de la Superliga futbolística. Y la NBA no pretende crear una competición europea ignorando estas grandes marcas; su plan incluye ciudades como Madrid, Barcelona, Londres, París, Milán, Roma, Atenas, Berlín, Múnich, Estambul, Manchester y Lyon.
El mismo debate con otro balón
No obstante, la comparación con la Superliga requiere cautela. No existe evidencia alguna de que la NBA esté usando el baloncesto como una vía oculta para impulsar nuevamente la Superliga futbolística. Eso sería complicar demasiado las cosas. Sin embargo, sí hay una coincidencia clara en el modelo debatido: grandes clubes, mercados importantes, control económico por parte de los participantes, estructuras más estables y una mayor capacidad para explotar comercialmente una competición continental.
Precisamente ese modelo fue lo que desencadenó la crisis del fútbol europeo en 2021. En aquel momento, la Superliga —promovida por A22 Management— proponía romper con el sistema tradicional continental y otorgar más poder a los grandes clubes, acusando a la UEFA de ejercer “abuso de posición dominante como operador monopolístico”. La fuerte oposición de UEFA bajo Aleksander Ceferin, junto a FIFA, ligas nacionales y numerosos sectores del fútbol europeo frenó ese primer intento. Sin embargo, los conflictos jurídicos y económicos posteriores demostraron que el debate seguía vivo.
Ahora esta iniciativa llega desde Estados Unidos y por otro camino. La NBA no busca convencer a Europa para abandonar UEFA porque su ámbito es distinto. Pretende entrar al continente a través del baloncesto, asociarse con FIBA y atraer a las grandes ciudades y marcas deportivas. Su proyecto contempla inicialmente 16 equipos: 12 franquicias permanentes y cuatro plazas basadas en mérito deportivo. La competición tiene prevista su inauguración en la temporada 2027/28.
Aquí surge uno de los principales retos para la Euroliga actual: dos torneos élite compitiendo por los mismos jugadores, mercados, patrocinadores, derechos televisivos e incluso clubes.
Franquicias frente al modelo clásico
La diferencia crucial radica en el modelo económico. La Euroliga intenta renovar su estructura mediante franquicias a largo plazo. Desde 2026 ha despertado un enorme interés inversor; según datos oficiales se recibieron propuestas vinculantes cercanas a los 700 millones de euros en derechos de franquicia dentro de un plan con inversiones superiores a 3.200 millones durante cinco años.
La NBA opera en otra dimensión económica. Según informes recientes, las candidaturas para futuras franquicias europeas oscilan entre 500 millones y 1.000 millones de dólares según cada mercado. Además, cuenta con una ventaja difícilmente igualable: detrás está una marca deportiva globalmente reconocida con una capacidad comercial extraordinaria.
Por tanto, el dilema para los clubes europeos va mucho más allá de elegir entre dos competiciones: deben decidir quién tendrá el control. Continuar con Euroliga implica que los clubes dirijan y desarrollen su propio modelo; optar por la vía NBA significa integrarse en una plataforma económica y comercial mucho mayor pero cediendo poder hacia una estructura más centralizada.
Y esa palabra —control— fue una de las más repetidas durante la batalla por la Superliga.
El fútbol observa desde fuera
Real Madrid y Barcelona se hallan en una situación especialmente delicada. Son piezas claves dentro de Euroliga y a su vez representan ciudades estratégicas para NBA Europa. El Barça estará representado al máximo nivel en Como por Joan Laporta, consciente del peso que esta decisión puede tener sobre el futuro del baloncesto azulgrana.
La cuestión es relevante: si NBA y Euroliga alcanzan un acuerdo podríamos ver una gran competición continental con respaldo financiero estadounidense e inclusión de grandes clubes europeos. Si fracasan las negociaciones, desde 2027 podrían coexistir dos proyectos rivales en Europa. Este segundo escenario se asemejaría al problema clásico del fútbol: una competición tradicional defendiendo su territorio frente a un nuevo modelo orientado a maximizar las grandes ciudades, marcas y mercados.
La paradoja es clara: la Superliga quiso cambiar el modelo futbolístico europeo pero chocó contra un muro institucional. La NBA no necesita derribar ese muro porque entra por otra puerta: un deporte diferente, una competición distinta y alianza con FIBA. Pero plantea una pregunta crucial para todo el ecosistema deportivo continental: ¿quién debe controlar las grandes competiciones europeas? ¿Los organismos tradicionales o los clubes y operadores que generan gran parte del negocio?
Esto no significa que la Superliga vaya a resurgir mañana ni siquiera que vaya a hacerlo nunca. Pero si NBA logra establecer un modelo europeo estable y rentable con franquicias y grandes clubes dentro, aquella idea fallida en fútbol podría hallar en baloncesto una prueba práctica de que existe otra forma de organizar el deporte profesional europeo.
Quizás por ello la reunión en Lago di Como tenga mucha más trascendencia de lo que parece: no solo está en juego el futuro inmediato de Euroliga sino también se pone a prueba un modelo deportivo europeo que podría ir más allá del baloncesto.









Agregar Comentario