Fuente: Hoy Digital
La recuperación del papa León XIV tras someterse a una operación por cáncer de pulmón vuelve a centrar la atención en la salud de los pontífices y las dificultades médicas que han enfrentado durante sus papados.
En las últimas décadas, sus antecesores Francisco, Benedicto XVI y Juan Pablo II también vivieron situaciones de salud que dejaron huella en distintas fases de sus mandatos, desde problemas respiratorios hasta limitaciones en la movilidad e incluso la decisión de renunciar al pontificado.
León XIV regresa al Vaticano tras una intervención quirúrgica
El papa León XIV volvió al Vaticano el sábado, pocos días después de haberse sometido a una cirugía por cáncer pulmonar.
"Estoy mucho mejor, gracias", respondió cuando le preguntaron por su estado mientras era trasladado en una camioneta negra.
Antes de salir del hospital, el pontífice saludó a algunos pacientes acompañado por su cirujano. Luego se dirigió hacia el vehículo que lo esperaba, mientras seguidores reunidos afuera lo recibían con gritos de "¡Santidad!".
León XIV tenía 69 años al momento de su elección en 2025, una edad relativamente joven comparada con la de sus dos inmediatos predecesores.
Francisco: neumonía bilateral y complicaciones respiratorias
El papa Francisco, elegido en 2013 a los 76 años, había perdido parte de un pulmón en su juventud. Durante su pontificado enfrentó problemas respiratorios y dificultades para moverse que marcaron sus últimos años.
En febrero de 2025, mientras permanecía hospitalizado en el Gemelli de Roma, los médicos diagnosticaron una neumonía bilateral que agravó un cuadro clínico ya considerado complejo por el Vaticano.
En uno de los informes médicos, la Santa Sede indicó que la neumonía requería un tratamiento farmacológico adicional al que recibía por una infección polimicrobiana.
El reporte también señalaba que la infección se presentaba en un contexto de bronquiectasias y bronquitis asmática, por lo que necesitaba antibióticos y cortisona. Estas condiciones complicaban aún más su tratamiento.
Francisco falleció el 21 de abril de 2025 en su residencia de la Casa Santa Marta, en el Vaticano. Su muerte fue comunicada mediante un videomensaje por el camarlengo, el cardenal Kevin Joseph Farrell.
Benedicto XVI: problemas médicos y renuncia
Benedicto XVI tenía 78 años cuando fue elegido papa en 2005. Ocho años más tarde, en 2013, renunció al pontificado al considerar que ya no contaba con las fuerzas necesarias para continuar ejerciendo sus responsabilidades. Fue el primer papa en casi 600 años en dimitir.
Su estado de salud generaba inquietud desde antes de su elección. En septiembre de 1991 sufrió una hemorragia cerebral que lo mantuvo hospitalizado diez días en la Clínica Pío XI de Roma, aunque luego se recuperó satisfactoriamente.
En abril de 2008, tras un viaje a Estados Unidos, algunos medios reportaron un deterioro en su salud. Sin embargo, el portavoz del Vaticano, Federico Lombardi, desmintió esas versiones y aseguró que el papa estaba bien.
Otro episodio ocurrió el 17 de julio de 2009, cuando Benedicto XVI se fracturó la muñeca derecha tras resbalar en la residencia de Les Combes, en la región alpina italiana del Valle de Aosta, donde pasaba unos días de descanso.
Las preocupaciones sobre su movilidad reaparecieron el 16 de octubre de 2011, cuando utilizó por primera vez una plataforma móvil para desplazarse durante una misa en la basílica de San Pedro.
El 23 de marzo de 2012 también usó públicamente un bastón para caminar durante la ceremonia despedida en el aeropuerto de Fiumicino, Roma, antes de viajar a México y Cuba.
Finalmente, en febrero de 2013 anunció su renuncia, atribuida a la pérdida de fuerzas derivada por su avanzada edad.
Juan Pablo II: Parkinson y dificultades respiratorias
Juan Pablo II, el pontífice polaco que lideró la Iglesia católica desde 1978 hasta 2005, enfrentó durante sus últimos años complicaciones relacionadas con la enfermedad de Parkinson y problemas para respirar.
A los 84 años fue nuevamente ingresado en el hospital Gemelli de Roma debido a una infección aguda respiratoria, dificultades para respirar y el empeoramiento del Parkinson que afectaba su laringe. Estas condiciones dificultaban su habla y respiración.
Ante estas complicaciones, los médicos le realizaron una traqueotomía bajo anestesia, procedimiento que consiste en abrir la tráquea para facilitar el paso del aire.
A la mañana siguiente, su portavoz ofreció a los periodistas una actualización sobre su estado con un tono optimista: Juan Pablo II había desayunado su acostumbrado café con leche, diez galletas y un yogur.
Su caso quedó marcado por el contraste entre el avance progresivo de sus problemas físicos y su permanencia al frente de la Iglesia durante los últimos meses de vida.
Con información de EFE y AP.








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