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Las tareas del hogar limitan el tiempo de estudio y las oportunidades de crecimiento de las niñas

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"Tenía que lavar a mano, cocinar, peinar a mi hermanita y bañarlos; no sabía cocinar pero aprendí ahí.

Fuente: Listin diario

La participación de las niñas en las labores del hogar se incrementa notablemente cuando hay hermanos menores de cinco años o personas adultas que requieren cuidados, desplazando actividades esenciales como hacer tareas escolares, dormir lo necesario, jugar o practicar deportes.

La carga excesiva de trabajo doméstico y de cuidados no remunerados continúa restringiendo las oportunidades educativas y de desarrollo para muchas niñas, en un contexto dominado por estereotipos de género y una distribución desigual de responsabilidades en el hogar.

La Encuesta Nacional de Hogares de Propósitos Múltiples (Enhogar) 2024, realizada por la Oficina Nacional de Estadística (ONE), revela que el 8.6% de las niñas que abandonaron la escuela lo hicieron debido a que debían cumplir con oficios domésticos, frente a solo el 0.4% de los niños.

Al respecto, Carlos Carrera Cordón, representante del Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef) en el país, comentó que el problema no radica en la ayuda que puedan brindar las niñas en sus hogares, sino en la carga excesiva y desproporcionada que se les asigna.

"La problemática surge cuando la carga doméstica y de cuidados es excesiva, desproporcionada o se asigna según el género, es decir, por ser niña, y termina afectando su educación y el ejercicio de sus derechos, desplazando otras oportunidades fundamentales para su desarrollo", explicó.

La implicación de las niñas en las tareas del hogar aumenta considerablemente cuando hay hermanos menores de cinco años o personas mayores a su cargo, lo que limita actividades básicas como asistir a clases, dormir adecuadamente, jugar o practicar algún deporte.

Esta realidad se ha mantenido durante años, como confirma María Pérez—nombre utilizado para proteger su identidad—quien ahora tiene 57 años pero recuerda claramente que a los 12 se fue a vivir con su padre, quien había formado otra familia con cuatro hijos menores que ella.

"Tenía que lavar a mano, cocinar, peinar a mi hermanita y bañarlos; no sabía cocinar pero aprendí ahí. Cuando iba a la escuela me levantaba temprano, preparaba el desayuno y luego me iba porque estudiaba en la mañana; en ese tiempo mi madrastra cocinaba y al regresar hacía los oficios: fregaba, limpiaba y ponía la cena", recordó.

María reconoce que su padre y madrastra trabajaban, por lo que ella asumió gran parte de las labores domésticas. Sin embargo, esta situación le causaba malestar.

"Me afectaba porque me sentía usada, como si fuera el servicio de la casa. Volví con mi mamá y mis hermanos porque mi madrastra no hacía nada y mis hermanos me pedían todo", relató.

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Estuvo cuatro años bajo esas condiciones. A los 16 decidió regresar al hogar materno, donde volvió a convivir con su madre y hermanos, esta vez como la hermana menor.

Unicef destaca la importancia de que exista corresponsabilidad en las tareas domésticas dentro de las familias. Estas deben ser asumidas principalmente por los adultos responsables del hogar e involucrar gradualmente a los adolescentes según su edad y nivel de madurez.

"Sin embargo, esta participación debe ser equitativa y nunca sustentarse en estereotipos de género. Ser niña no implica asumir más labores domésticas o cuidados que los niños o adolescentes varones. Todas y todos tienen derecho a aprender, jugar, descansar y desarrollarse plenamente; ninguna tarea debe limitar estos derechos", subrayó Carrera.

Esta desigualdad no es exclusiva de República Dominicana. En América Latina y el Caribe, Unicef señala que las adolescentes dedican en promedio una hora diaria más que los varones al cuidado doméstico, lo que equivale a siete horas adicionales semanalmente.

"Por ello, hablar de cuidados no solo implica determinar quién realiza ciertas tareas en el hogar—como lavar platos o limpiar—sino también reconocer los derechos de niñas y adolescentes y cuestionarnos quién tiene derecho a disponer de su tiempo para descansar, jugar, realizar actividades propias de su edad y desarrollar plenamente su proyecto de vida".

¿Por qué las niñas asumen más responsabilidades que los varones?

El representante de Unicef destacó varios factores relacionados con la persistencia de esta realidad. Uno fundamental es la influencia histórica de normas sociales que asocian a mujeres y niñas con roles reproductivos y de cuidados.

"Cuando una sociedad transmite desde temprana edad la idea de que las mujeres son las encargadas 'naturales' del cuidado mientras los hombres deben ser proveedores, estas expectativas influyen en cómo se distribuye el tiempo dentro del hogar. Las niñas aprenden que cuidar, limpiar y atender a otros es 'lo suyo', mientras los niños quedan fuera de esas responsabilidades", afirmó.

También mencionó las condiciones económicas familiares, la falta de servicios accesibles para cuidado y la presencia de niños pequeños u otras personas que requieran atención.

Además resaltó la relación con la violencia y prácticas educativas: un estudio de Unicef sobre castigo físico y violencia psicológica evidenció que uno de los principales desencadenantes del castigo físico hacia niñas ocurre cuando se niegan a hacer oficios o exigen igualdad en las exigencias respecto a sus hermanos varones.

"Las prácticas familiares están influenciadas por creencias, experiencias parentales, condiciones sociales y normas arraigadas históricamente. Esto nos recuerda que para cambiar lo que ocurre dentro del hogar debemos transformar también las normas que lo sostienen", señaló Carrera.

Impactos

Las consecuencias para una niña que dedica muchas horas al cuidado familiar son acumulativas. En primera infancia reduce su tiempo para estudiar, descansar, jugar, participar socialmente y desarrollar intereses propios.

Como en el caso de María: tras regresar al hogar materno cursaba bachillerato por la mañana y por la tarde se inscribió en un curso técnico que hoy le brinda beneficios tangibles.

"A largo plazo puede afectar sus oportunidades educativas, autonomía emocional y posibilidades para construir el proyecto vital deseado. Además, al crecer observando que ellas son las principales cuidadoras existe el riesgo de perpetuar esta división desigual cuando sean adultas", agregó Carrera. Advirtió además que si estas prácticas no cambian hoy seguirán repitiéndose mañana.

Por ello instó a los padres a priorizar que sus hijas estudien, descansen y jueguen aunque asuman responsabilidades adecuadas para su edad. "Una niña puede colaborar en casa pero no debe convertirse en la principal cuidadora ni asumir obligaciones propias del adulto".

Mientras tanto el Estado debe ampliar servicios accesibles y calidad para cuidado infantil temprano, personas mayores o con discapacidad; además fortalecer la protección social familiar.

"No se trata solo de redistribuir tareas domésticas sino garantizar derechos. Una sociedad protectora debe asegurar que ninguna niña renuncie a estudiar, jugar o descansar por tener asignada una responsabilidad caregiving por género propia del adulto y compartida por toda la sociedad", concluyó Carrera.

El Código para el Sistema de Protección y los Derechos Fundamentales de Niños, Niñas y Adolescentes establece en su artículo 45 el derecho universal a la educación para todos ellos.

Asimismo garantiza el acceso a cultura, deporte, tiempo libre recreativo y diversión para niños y niñas.

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