Fuente: Listin diario
En una conversación con un señor a quien aprecio mucho, comprendí que lo que realmente necesita una persona para disfrutar de una vejez digna no es el dinero.
"Trabajé arduamente mientras pude, pero no para acumular riquezas. Lo hice para brindarles a mis hijos una buena educación escolar y universitaria, y al mismo tiempo, su madre y yo los íbamos formando, porque aunque parezca increíble, ahí radica la clave para asegurar una edad dorada llena de calidad y amor. Cuando te enfocas en esto, entregas a la sociedad seres humanos compasivos, empáticos, comprometidos, responsables y, sobre todo, solidarios y dispuestos a contribuir para que todos los adultos mayores vivan en un mundo mejor". Esta reflexión me dejó profundamente impresionada.
Los hijos no tienen obligación con los padres
Durante toda la charla, este hombre insistía: "El hecho de que hayas traído al mundo a tus hijos no te otorga el derecho a pensar que ellos tienen obligaciones contigo. Tú sí debes formarlos para que ellos mismos decidan cuidarte y protegerte si lo necesitan; y como ya mencioné, para que con sus acciones ayuden a construir un mundo más justo y mejor". Esta filosofía de vida le ha dado buenos frutos.
Actualmente, no cuenta ni con dinero ni con fuerzas para trabajar, pero es padre de cuatro hijos que lo cuidan con cariño y se encargan de que viva una vejez digna y feliz. "Ellos no me están devolviendo lo que les di, están aplicando lo que les enseñé".
Un viaje muy especial
Todas las enseñanzas compartidas por este hombre en una conversación de apenas 15 minutos parecen reflejar el modo de vida de quienes habitan en esa ciudad fabulosa, porque en muchas realidades las cosas no son tan positivas.
Lo invité a dar un pequeño recorrido por ese lugar ideal donde la crianza se basa en formar niños y niñas con valores que beneficien no solo al individuo o a la familia, sino también a toda la sociedad.
Allí es fundamental ser ciudadanos responsables y respetuosos. El sufrimiento ajeno les afecta profundamente. En esta comunidad abundan la cortesía hacia residentes y visitantes. Las personas mayores no son una excepción; reciben un trato amable igual que el resto.
Además, cuentan con centros especializados que garantizan su salud, su vida diaria y, por supuesto, su entretenimiento.
Esto no es fruto únicamente del sistema impuesto por las autoridades, sino también de que la educación y formación local están por encima del dinero y la vanidad.
Esta realidad contribuye a que la población sea consciente de que si no mueres joven, inevitablemente serás un adulto mayor. Nuestro invitado y yo regresamos convencidos de que ya es momento de que en el país envejecer deje de ser motivo de preocupación para convertirse en una etapa plena.








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