Fuente: Hoy Digital
Las mujeres que se encuentran en la perimenopausia o menopausia son las consumidoras más involucradas y con mayor gasto en productos y servicios dirigidos a la longevidad, sin embargo, sus demandas siguen sin ser abordadas de manera adecuada. Un reciente estudio de Boston Consulting Group (BCG) calcula que la demanda insatisfecha de este grupo representa una oportunidad cercana a los US$350 mil millones para el mercado global de la longevidad.
Este dato surge del informe global sobre longevidad 2026 de BCG, titulado The $350 Billion Longevity Mismatch in Women's Health, elaborado para el St. Moritz Longevity Forum. La investigación se fundamenta en una encuesta aplicada a 10.608 personas en 12 países.
Entre los hallazgos más relevantes del reporte destacan:
Las mujeres en perimenopausia o menopausia adoptan intervenciones relacionadas con la longevidad, como suplementos, servicios especializados y tratamientos, con una frecuencia entre 15 y 22 puntos porcentuales superior a la de otras mujeres y hombres. Asimismo, han experimentado un promedio de 3.3 intervenciones más que otras mujeres y 2.9 más que los hombres.
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A pesar de ello, su nivel de satisfacción no supera al de otros grupos encuestados, manteniéndose cerca del 50%.
Este segmento femenino registra el mayor gasto mensual en longevidad entre todos los analizados, con una mediana de US$84 al mes, frente a US$68 entre otras mujeres y US$73 en hombres. Cerca de un tercio manifiesta estar dispuesto a incrementar ese gasto hasta US$108 mensuales si existieran productos o servicios que mostraran mejores resultados.
El interés por la salud a largo plazo en las mujeres suele comenzar mucho antes de la menopausia. Los cambios hormonales y los retos vinculados a la fertilidad, que generalmente aparecen entre los 36 y 38 años, aumentan el interés por la salud futura en 8 puntos porcentuales, casi el doble del efecto visto durante la menopausia. En los hombres, un cambio similar ocurre aproximadamente una década más tarde.
"Las empresas suelen empezar a hablar con las mujeres sobre salud a largo plazo cuando llegan a la menopausia, pero la verdadera ventana de oportunidad se abre aproximadamente diez años antes", señaló Parul Bajaj, managing director y partner de BCG y coautora del informe. "Considerar los cambios hormonales que ocurren a mediados de los treinta como síntomas temporales, en lugar de reconocerlos como un punto de inflexión clave, es uno de los mayores puntos ciegos en la forma en que el mercado atiende actualmente a las mujeres".
Frecuentemente las necesidades de salud femenina no son diagnosticadas ni atendidas
La brecha no se restringe únicamente a la menopausia. La encuesta realizada por BCG reveló que solo el 63% de las mujeres consulta con un médico por afecciones hormonales como síndrome de ovario poliquístico (SOP), endometriosis o menopausia, frente al 78% que busca atención por enfermedades cardiovasculares. Además, entre quienes acuden por problemas hormonales, apenas el 72% afirma haberse sentido tomada en serio por los profesionales sanitarios, comparado con el 85% que consulta por síntomas cardíacos.
"Durante décadas, las mujeres han tenido que adaptarse a sistemas de salud que no fueron diseñados en torno a sus necesidades biológicas", afirmó Trish Stroman, managing director y senior partner de BCG y coautora del reporte. "Cerrar esta brecha requiere más investigación y una mejor formación para los profesionales sanitarios. También implica brindar a las mujeres una participación más activa en la definición de las soluciones de longevidad que se desarrollan y financian".
Por su parte, Laure Bezert, managing director y partner de BCG, subrayó que "la salud femenina está emergiendo como uno de los segmentos con mayor potencial dentro de la economía de la longevidad. Sin embargo, el estudio evidencia que muchas mujeres continúan enfrentando obstáculos para acceder a soluciones relevantes y respaldadas por evidencia científica; una brecha parcialmente explicada por la baja representación femenina en ensayos clínicos: en Estados Unidos, las mujeres constituyen solo el 40% promedio de los participantes. Reducir esa disparidad no solo puede mejorar los resultados en salud, sino también abrir nuevas oportunidades de innovación para empresas y sistemas sanitarios, industria farmacéutica, empresas de consumo y tecnología, aseguradoras, empleadores e inversionistas que financian innovación en este ámbito".








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