Fuente: Marianne De Tolentino/marianne_de_tolentino@hoy.com.do
Los Premios Nacionales de Artes Visuales correspondientes a 2025 y 2026 se aguardaban con mayor expectativa que simple curiosidad, dado que ya se conocían los nombres de los candidatos más destacados.
El Premio Nacional de Artes Visuales representa la máxima distinción oficial en su ámbito y es considerado indiscutible. Su otorgamiento resulta de una consulta conjunta entre profesionales y representantes de instituciones públicas y privadas, quienes se expresan abiertamente antes de emitir su voto.
El año pasado no se concedió el galardón. Sin embargo, esta vez, para gran satisfacción, se eligieron los ganadores para 2025 y 2026 en un ambiente de armonía y camaradería. Los premiados, convocados por el presidente del comité y viceministro Amaury Sánchez, expresaron su alegría mientras los aplausos resonaban.
Amaya Salazar fue distinguida con el Premio Nacional de Artes Visuales 2025, y Dionisio Blanco con el de 2026. No podría haberse hecho una elección más acertada, considerando la coherencia particular en sus méritos y trayectorias.
Ambos gozan de gran aprecio popular. Son pintores por excelencia, además de sobresalientes dibujantes y escultores. Han dedicado más de cinco décadas a desarrollar sus obras, entregándose plenamente desde una juventud artísticamente activa. Sus creaciones se distinguen por temáticas personales, constantes e identificativas, pero han sabido evolucionar hacia una expresión contemporánea e innovadora, manteniendo el respeto por la belleza y la armonía.
Amaya Salazar: sus universos
Con una paleta rica, matizada, luminosa y refinada, Amaya Salazar aborda temas de gran ternura —como la maternidad y el afecto mutuo— que la definen como una maestra del pincel, cuyo dibujo seguro sostiene tanto la anatomía como los sentimientos. A la naturaleza humana suma la vegetal, sorprendiendo con la calidad de sus paisajes. Recientemente ha extendido su éxito a la escultura tridimensional; sus obras mantienen ese sello refinado pero incorporan audacia.
Formada en España y Estados Unidos, Amaya presentó su primera exposición individual en 1981. Desde entonces ha multiplicado sus muestras no solo en República Dominicana sino también en Europa y América, incluyendo países como Italia, Francia, Panamá, Venezuela, Estados Unidos y Canadá. Su pintura llegó incluso hasta Israel.
Actualmente exhibe una creación madura y multifacética, apreciable en sus recientes exposiciones en el Museo de Arte Moderno y el Centro León, donde destaca por su sorprendente audacia escultórica.
Cabe señalar que Amaya Salazar posee su propia galería en la Zona Colonial, espacio donde también exponen colegas. La bibliografía sobre su obra es extensa e incluye monografías.
Su sobresaliente dibujo aporta precisión e intensidad a su pintura, cuya expresividad cautiva en conjunto. Sus rostros carecen de rasgos faciales definidos, pero pocos artistas han transmitido tanta espiritualidad, emoción y simbolismo. Los gestos transmiten ese "compartir", acompañados de una técnica impecable en retratos sobre la maternidad —tema que atrae casi obsesivamente al espectador—. El virtuosismo para plasmar sentimientos compone una poesía visual.
Si Henri Matisse hubiera conocido la obra de Amaya Salazar le habría dedicado su sueño: “un arte de equilibrio, pureza y serenidad, libre de temas turbadores y deprimentes”. Igualmente nuestra artista construye e intensifica el paisaje hasta perennizarlo. Citando nuevamente a Matisse, quien valoraba el negro como color, Amaya lo integra magistralmente.
En su obra los colores luminosos cantan desde verdes profundos o ligeros hasta notas agudas en amarillo y rojo. Este cromatismo se refleja también en su vertiente escultórica, más esquemática y simbólica que descriptiva: metal y palma adquieren humanidad.
Queda pendiente una exposición de Amaya Salazar tras haber recibido el Premio Nacional.
Dionisio Blanco y la memoria del suelo
Dionisio Blanco gusta repetir una frase que lo define: “Para mí la pintura es como un sacerdocio”.
Esta idea cobra sentido: para él la pintura es sagrada y nunca cesa de crear. Una pasión obsesiva bienvenida para numerosos admiradores.
Desde pequeño mostró interés por la cultura y el arte que no solo lo nutrieron sino que inspiraron una creación precoz inconfundible e inmensa. Siempre fue un trabajador incansable.
Nacido en San Cristóbal en 1953, realizó allí sus primeros estudios artísticos.
Tras graduarse en la Escuela Nacional de Bellas Artes destacó pronto como dibujante excepcional. Obtuvo el Premio de Dibujo en la XVI Bienal de Artes Plásticas.
Tuvimos el privilegio de conocerlo siendo joven; su dibujo nos fascinó tanto que lo presentamos en la Bienal de Venecia. Aunque nuestro país participaba dentro del bloque latinoamericano, podemos afirmar que por primera vez un dominicano captó atención favorablemente.
Pronto dejó atrás el tema de la Ciudad Colonial para sumergirse plenamente en el mundo rural dominicano, convertido en constante investigación y realización artística única dentro del arte nacional.
Su obra recuerda a la riqueza interminable y figurativa del pintor Fernando Botero.
El maestro Dionisio Blanco insiste en reflejar las duras labores del campo y la siembra: sus trabajadores “forjan” la memoria del suelo. Simultáneamente permanente y evolutivo, su simbolismo terrenal se desplaza hacia perspectivas metafísicas, míticas y siderales.
Como sucede con Amaya Salazar, tampoco aquí aparecen rasgos faciales definidos; sin embargo lo logra mediante rostros cubiertos totalmente con sombreros —un símbolo: no interesa expresar al campesino criollo sino destacar sus esfuerzos y la fertilidad del suelo. Así surge una identidad pictórica propia. Partiendo de un dibujo poderoso, el colorido no explota exaltado sino que se eleva como un caudal rítmico armonioso. La composición integra estructuras geométricas que parecen desplazarse al ritmo marcado por los sembradores… La poesía visual es épica.
Dionisio Blanco ha expuesto extensamente fuera del país destacando especialmente Estados Unidos; su próxima muestra dominicana promete ser memorable. ¡Ojalá despliegue asimismo su talento escultórico!
Dos grandes galardonados
En resumen, Amaya Salazar y Dionisio Blanco son dos merecidos grandes Premios Nacionales de Artes Visuales.









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