Fuente: Merilenny Mueses/merilenny_mueses@hoy.com.do
Pasaban de las 10:00 de la mañana y el calor ya comenzaba a sentirse intensamente bajo el elevado que une las avenidas Máximo Gómez y Nicolás de Ovando. Mientras la ciudad seguía con su actividad habitual, varias personas permanecían dormidas, cubiertas con periódicos, cartones y trozos de tela que les servían de manta.
A su alrededor, los desechos se acumulaban en el suelo, mezclados con sus pertenencias y los espacios improvisados que utilizan como refugio. Ni la luz del día ni el constante ruido de los vehículos lograban interrumpir el descanso de quienes seguían durmiendo a esa hora.
A pocos metros, otros buscaban protección bajo la sombra de los árboles. Las ramas y hojas eran lo único que les ofrecía alivio frente al sol intenso que caía sobre la ciudad.
Esta escena se repetía en varios puntos del Gran Santo Domingo. Durante un recorrido por sus calles, periodistas del periódico HOY encontraron a personas sin un techo donde refugiarse, que permanecían en aceras, debajo de puentes y otros espacios públicos, intentando sobrellevar el día a día.
A las 12:47 del mediodía, en una acera de la avenida Duarte, el recorrido llevó hasta un hombre de 50 años que aún no había probado alimento ese día.
"Ni siquiera me he desayunado hoy", dijo mientras señalaba su estómago.
Su historia está marcada por una enfermedad vascular que, según relató, terminó con la amputación de su pierna izquierda.
"Tengo muchos años con esa enfermedad y hace tres años me cortaron la pierna", contó este hombre que prefirió mantener su nombre en reserva, bajando la mirada al suelo mientras señalaba sus muletas.
Sentado en la acera, también habló de otra lesión que afecta la parte baja de su espalda. Explicó que tiene una llaga causada al sentarse en un lugar donde habían vertido ácido.
Hace cuatro años vive en situación de calle. Durante ese tiempo, además de lidiar con sus problemas de salud, ha enfrentado situaciones inseguras.
"Hay personas abusivas que quieren lo que yo tenga; han intentado quitarme cosas. Justamente ahora me pegaron con las muletas y me robaron algo; yo no puedo correr detrás de ellos", narró mientras mostraba un dedo anular hinchado.
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Sin embargo, pese a las dificultades, aseguró mantener su fe: "Creo en Dios al 101 %. Dios siempre está conmigo".
Refugios entre el concreto
El reloj marcaba las 2:00 de la tarde y el recorrido prosiguió. Esta vez, la atención se centró en la parte superior de un puente donde, entre los estribos y cercanías al techo, se observaban refugios improvisados.
Cartones y cortinas gastadas delimitaban esos espacios que algunas personas usan para protegerse. Sobre estas estructuras, el moho verde evidenciaba la humedad causada por las lluvias.
La mirada de la sociedad
Mientras estas personas intentan sobrellevar sus condiciones de vida, quienes transitan por las zonas donde se encuentran expresan opiniones diversas sobre esta realidad y las posibles soluciones para atenderla.
Bienvenida Alcántara manifestó que es común ver personas pidiendo dinero en las calles.
Al hablar sobre las causas que originan esta situación, consideró que algunos adultos mayores son abandonados por sus familiares.
"A veces son los mismos hijos quienes no los cuidan; los abandonan y ellos comienzan a buscar sustento en la calle", opinó.
Por ello, estimó necesario habilitar más asilos para personas mayores.
Una postura similar expresó Luz Eneida Alcántara, quien criticó la falta de apoyo familiar hacia los adultos mayores.
"Los hijos desagradecidos no se hacen cargo y los dejan a su suerte en las calles", señaló.
También atribuyó parte de los casos entre jóvenes al consumo de drogas. "Muchas veces son las drogas las que llevan a los jóvenes ahí; se vuelven locos y tienen que vivir en la calle", afirmó.
"Es muy difícil para quien le toca eso", añadió.
Por su parte, Carolina Arias opinó que las personas sin hogar requieren atención y asistencia institucional.
"Habría que recoger a esas personas porque si están en las calles es porque no tienen ayuda ni familia. Da pena verlos así sufriendo. Está bien hacer obras públicas, pero es molesto cuando andan pidiendo. El Gobierno debería intervenir con esas personas", sostuvo.
Arias también propuso crear una institución dedicada a atender a esta población vulnerable.








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