Fuente: Listin diario
Los republicanos se movilizaron este domingo con el objetivo de evitar una derrota significativa en las elecciones legislativas de Estados Unidos, donde los demócratas buscan recuperar el control del Congreso y establecer, por primera vez en años, un contrapeso político frente a Donald Trump.
Las encuestas prácticamente garantizan que los demócratas arrebatarán la mayoría en la Cámara de Representantes y también consideran posible que ganen el Senado.
No obstante, los demócratas mantienen cierta preocupación tras una década durante la cual Trump ha desafiado las normas políticas, y después de dos años de un segundo mandato marcado por su sistemática desobediencia a dichas reglas.
Trump lideró mítines en Iowa y Kansas, estados donde su partido normalmente debería asegurar la victoria sin necesidad de un apoyo presidencial directo.
Dos acontecimientos destacaron este domingo.
Por un lado, los demócratas sufrieron un revés en Michigan, uno de los estados clave, cuando la legisladora demócrata Haley Stevens anunció que respaldará al republicano Mike Rogers —y no a su colega Abdul El-Sayed— debido a diferencias respecto a Israel.
Por otro lado, la justicia frustró el intento de Trump de evitar una posible victoria demócrata en Alaska para el Senado. En ese estado, el senador republicano actual Dan Sullivan compite contra un candidato que comparte su nombre.
Trump argumentó que los votantes podrían confundirse y por eso solicitó bloquear la certificación de los resultados si el candidato republicano pierde el martes.
El presidente más impopular
Además de lanzar advertencias alarmistas —como afirmar que los demócratas convertirán al país en comunista— Trump prometió entregar 5,000 dólares a cada ciudadano si su partido gana.
“Me siento bien”, declaró el sábado por la noche a periodistas desde su exclusivo club de golf en Florida. “Al país nunca le ha ido mejor”.
Sin embargo, Trump es el presidente estadounidense con mayor impopularidad en las últimas décadas. Aunque sus esfuerzos pueden movilizar a su base más radical de derecha, una mayoría creciente lo rechaza.
Una encuesta publicada por NBC News el domingo reveló que el 60% de los estadounidenses desaprueba su gestión, principalmente debido a los altos precios, agravados por la guerra que mantiene contra Irán desde hace ocho meses.
La votación anticipada ya alcanzó un récord: 53 millones de personas han emitido su voto en todo el país.
Un freno al poder de Trump
Si los demócratas recuperan la Cámara de Representantes impondrían límites políticos reales a Trump.
El segundo mandato del republicano se ha caracterizado por una expansión constante del poder presidencial.
Trump ha derribado incluso parte del ala oeste de la Casa Blanca para construir un salón de baile, ha colocado su imagen en billetes y edificios oficiales, ha desestabilizado la economía global mediante aranceles extensos y ha amenazado con invadir o anexar Canadá y Groenlandia.
Con una Cámara bajo control demócrata, estos tendrían un poder considerable: manejarían el presupuesto y dirigirían comités encargados de investigar acusaciones de corrupción, vínculos entre Trump y el delincuente sexual Jeffrey Epstein y otros temas controvertidos.
La principal incógnita electoral radica en quién obtendrá la mayoría en el Senado, donde los republicanos mantienen una ventaja ajustada. Solo un tercio de sus 100 escaños está en disputa este martes y pocas contiendas son consideradas favorables para los demócratas.
Sin embargo, en estados fuertemente republicanos como Texas y Kansas, las encuestas indican que las posibilidades de un cambio hacia los demócratas son reales.
Un Senado controlado por los demócratas podría bloquear las nominaciones judiciales realizadas por Trump, especialmente para la Corte Suprema.
¿Aceptará Trump los resultados?
Estas elecciones intermedias han registrado gastos publicitarios cercanos a los 11,000 millones de dólares, gran parte financiados por donantes individuales.
Elon Musk, cercano aliado de Trump, ha contribuido con casi 500 millones para apoyar candidatos republicanos.
Las campañas se han caracterizado además por un lenguaje agresivo e insultos.
Un ejemplo son las reiteradas afirmaciones falsas de Trump, quien calificó al candidato demócrata al Senado por Michigan, Abdul El-Sayed, como “yihadista”.
Por encima de todo planea la preocupación sobre la posibilidad de que los republicanos se nieguen a aceptar una derrota electoral, lo que podría desencadenar una crisis constitucional similar al intento fallido de Trump de revertir su derrota presidencial ante Joe Biden en 2020.








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