Fuente: Listin diario
Los restos del obispo emérito de la Diócesis de San Francisco de Macorís, monseñor Jesús María de Jesús Moya, fueron enterrados en la cripta de la Catedral Santa Ana, lugar donde durante más de treinta años llevó a cabo una intensa labor pastoral y social, destacándose por su cercanía con la comunidad y su compromiso con diversas causas sociales.
La ceremonia de despedida se realizó mediante una eucaristía de cuerpo presente, reuniendo a cientos de feligreses, sacerdotes, autoridades eclesiásticas y representantes de diferentes sectores sociales que acudieron al templo para rendir homenaje al religioso, fallecido el miércoles 4 de noviembre a los 93 años.
Durante dos jornadas, la catedral estuvo prácticamente llena de personas que llegaron a despedir a un obispo cuya influencia trascendió los límites de la Iglesia católica. Las muestras de cariño estuvieron acompañadas por testimonios y anécdotas que resaltaron su sencillez, generosidad y disposición para intervenir ante las dificultades de quienes solicitaban su ayuda.
Más allá de ser una autoridad religiosa, Moya fue recordado como un hombre que transformó su ministerio sacerdotal en un acto de servicio. A su despacho llegaban personas de distintas condiciones sociales, muchas en busca de orientación, apoyo económico, oportunidades educativas o simplemente una palabra alentadora.
Esta faceta humana fue uno de los aspectos centrales en las palabras pronunciadas durante las honras fúnebres por el vicario general de la diócesis, padre Paulino Paredes, quien lo definió como un hombre sabio y profundamente entregado a su vocación cristiana. Además, recordó que falleció el día de San Carlos Borromeo, patrono de los catequistas, una coincidencia que relacionó con su constante labor en la enseñanza y evangelización.
Paredes destacó que durante más de 28 años al frente de la diócesis y en su rol como rector y gran canciller de la Universidad Católica Nordestana, Moya contribuyó al fortalecimiento de la educación superior y las instituciones regionales. Aunque no fue fundador de esa universidad, señaló que la asumió como propia y trabajó para convertirla en un patrimonio comunitario.
El sacerdote resumió su legado planteando una pregunta sobre quiénes no tendrían motivos para agradecerle. Mencionó ayudas oportunas, consejos, celebraciones religiosas, sacramentos, becas y oportunidades que en distintos momentos representaron esperanza para numerosas familias.
La labor del obispo no se limitó a las actividades estrictamente religiosas. Su participación en iniciativas sociales, el acompañamiento a comunidades y su disposición para mediar en situaciones difíciles lo transformaron en un referente de servicio para diversos sectores de la provincia Duarte y otras localidades del Nordeste.
Ese legado fue resaltado por José Aníbal García, presidente del Consejo de Desarrollo Provincial de Duarte, quien afirmó que Moya representó un modelo de compromiso comunitario y solidaridad. "Uno quisiera que todos los curas fueran como monseñor Moya, por su entrega, compromiso y solidaridad con su comunidad", expresó.
García aseguró que el religioso prestigió tanto a la Iglesia católica como a la sociedad francomacorisana debido a su participación constante en asuntos colectivos y su disposición para apoyar a la población. "Fue un hombre activo y permanentemente comprometido", manifestó al valorar su trayectoria.
Dimensión familiar
La dimensión familiar y humana del ministerio del prelado también quedó reflejada en la presencia de cuatro damas reconocidas por él como hijas adoptivas. Según testimonios durante las honras fúnebres, Moya llegó a facilitarles sus documentos para que pudieran ser declaradas como tales, un gesto incluido entre las múltiples acciones solidarias que marcaron su vida.
La eucaristía exequial fue presidida por el actual obispo de San Francisco de Macorís, monseñor Ramón Alfredo de la Cruz Baldera; el ceremonial contó además con la participación del vicario general y otros representantes de la jerarquía católica. Durante la celebración se leyeron condolencias enviadas por el papa León XIV, quien ofreció sufragios por el eterno descanso del prelado y expresó sus condolencias a la diócesis, familiares y allegados.
Al funeral asistieron aproximadamente doce obispos y arzobispos del país, entre ellos Carlos Tomás Morel Diplán, arzobispo metropolitano de Santo Domingo; Héctor Rafael Rodríguez Rodríguez, arzobispo metropolitano de Santiago; Jesús Castro Marte, obispo de Higüey; Andrés Napoleón Romero Cárdenas, obispo de La Vega; Santiago Rodríguez Rodríguez, obispo de San Pedro de Macorís; José Amable Durán Tineo, obispo auxiliar de Santo Domingo; y Diómedes Espinal de León, representante de la Diócesis de Mao-Montecristi, junto a otros miembros destacados del clero.
En contraste con esta amplia representación eclesiástica y comunitaria, destacó la reducida presencia de figuras políticas y gubernamentales provinciales. Entre los funcionarios presentes estuvieron el alcalde de San Francisco de Macorís, Alex Díaz; y el director regional de la Policía Nacional, general Orison Olivence Minaya. La despedida congregó a numerosos ciudadanos que reconocieron en el obispo una figura cercana a sus necesidades.
Jesús María de Jesús Moya nació el 28 de noviembre de 1932. Fue ordenado sacerdote el 18 de marzo de 1961 y realizó estudios posdoctorales en Madrid y Quito. Su trayectoria eclesiástica lo llevó a ser elegido obispo titular de Maxita y nombrado obispo auxiliar de la entonces Diócesis de Santiago de los Caballeros el 13 abril 1977; recibió su ordenación episcopal un mes después.
En abril 1984 fue designado segundo obispo titular para dirigir Diócesis San Francisco Macorís por el papa san Juan Pablo II. Permaneció durante más 28 años hasta sucesión 2012 monseñor Fausto Ramón Mejía Vallejo pasando condición emérito desde entonces.
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