Ataques en Siria, producto de respuesta emocional de Trump

Ataques en Siria son producto de una respuesta emocional de Trump
Ataques en Siria son producto de una respuesta emocional de Trump

PALM BEACH, ESTADOS UNIDOS|| AFP.-   El aluvión de misiles que el presidente estadounidense Donald Trump descargó sobre Siria -el primer gran movimiento militar de su gobierno- lo reveló como un líder alimentado por el instinto y la emoción, y dispuesto a sacudir cualquier estrategia en un instante.

El martes, aterradores detalles llegaron a la sala de situación de la Casa Blanca, un espacio seguro en el ala oeste del edificio, que sirve como los ojos y oídos de la presidencia estadounidense sobre el mundo.

La imagen inicial era incompleta, pero el ejército y la inteligencia estadounidense llegaron a creer que a 9.250 kilómetros de distancia en Jan Sheijun, Siria, un avión de ala fija de la fuerza aérea de Bashar al Asad lanzó una cosecha mortal de gas sarín en la localidad ocupada por los opositores a su régimen.

La mañana del martes, los funcionarios de inteligencia dieron sus noticias a Trump como parte de su informe confidencial.

Al mismo tiempo, las agencias de noticias con periodistas en el terreno, como AFP, comenzaron a mostrar la horrorosa realidad de los efectos del bombardeo: imágenes desgarradoras de niños convulsionando, hombres y mujeres con los ojos en blanco, y el pánico en los esfuerzos por liberar del agente mortal a los que seguían vivos.

De acuerdo con los funcionarios de la Casa Blanca, el presidente Trump -un hombre cuya vida ha sido definida por el poder de la imagen y la televisión- tuvo una respuesta inmediata y visceral a las imágenes, pidiendo más información y opciones.

“Cruzó muchas líneas para mí”, dijo Trump sobre ese episodio en una conferencia de prensa al día siguiente. “Cuando matas a niños inocentes, bebés inocentes con un gas químico tan letal, eso cruza muchas, muchas líneas, más allá de una línea roja”.

– ‘Tengo una responsabilidad’ –

Antes de ese momento, Trump había criticado el aventurerismo militar de sus predecesores en Medio Oriente, argumentando que era hora de pasar de las guerras en Irak y Afganistán a poner a “Estados Unidos primero”.

Trump había argumentado varias veces que las brutales acciones de Asad no eran realmente un problema de Estados Unidos y que el dictador sirio -y sus partidarios rusos- podrían incluso ser aliados en la lucha contra el grupo yihadista Estado Islámico.

Fue un giro completo. Ahora Trump quería una respuesta ante el ataque.

“Ahora tengo la responsabilidad, y tendré esa responsabilidad y la llevaré muy orgulloso”, dijo.

En 24 horas -una velocidad que sorprendió a los aliados e incluso a algunos dentro de la administración- militares y funcionarios de seguridad nacional habían presentado al presidente múltiples opciones.

La tarde del jueves, Trump ordenó lanzar una descarga de 59 misiles Tomahawk sobre la base aérea de Shayrat desde buques de la Armada de Estados Unidos en el Mediterráneo.

Era un despliegue abrumador de poder, pero menos arriesgado que volar sobre un área cubierta por el sistema de defensa antimisiles S-400 de Rusia y menos arriesgado que atacar el cuartel general militar sirio u objetivo del gobierno.

Desde el ambiente relajado de Mar-a-Lago, en Florida, donde se encontraba Trump, no había indicios de que el presidente hubiera ordenado un ataque que pudiera marcar su administración y alterar dramáticamente la dinámica geopolítica de Medio Oriente.

Trump, acostumbrado al liderazgo, se encontraba tan cómodo con su decisión que horas antes del ataque estaba haciendo chistes con el presidente chino Xi Jinping, que estaba hospedando en su resort en Florida.

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