El Mundo
¿Qué clase de nombre es Ode para un videojuego? Acostumbrados a títulos tan contundentes como Assassin’s Creed (‘El credo del asesino’), Destiny (‘Destino’) o Call of Duty (‘La llamada del deber’), llamar Ode a un juego puede parecer simplón o demasiado relamido. Nada más lejos de la verdad.
El nuevo videojuego acierta por completo al llamarse ‘Oda’ al traducirlo al español, pues la música, el ritmo y la conjunción de muchas partes para hacer algo mayor tienen mucho que ver con él.
Además, usar un nombre mucho más inocente y directo y sencillo casi beneficia a su mensaje, pues no estamos ante el gran videojuego que nace de una industria cada vez más consumida por el consumismo, sino de algo que aspira a un público muy concreto que busca en los videojuegos otras cosas que reventar cabezas a otros jugadores online.
Irónicamente, este juego ha sido desarrollado en Ubisoft Reflections, que forma parte de una de las mayores compañías de videojuegos de la industria y que ha participado en titulos inmensos como The Division o Watchdogs 2. ¿Cómo es posible vivir en semejante contradicción?
Anne Langerouriex, productora de Ode, no lo ve así. “Juegos como Grow Home, Grow Up, Atomega y ahora Ode son una demostración de nuestro lado más experimental y creativo”. Casi saca pecho diciendo esto. “Hay muy pocos estudios que toquen tantos palos, lo que nos hace muy atractivos para los desarrolladores”.
En 2017, hacer videojuegos es más que arte y que tecnología: casi parece un acto de fe, pues es un proceso largo, caro y que frustra a cualquiera. En parte, Reflections trabaja así como consecuencia de esto. “Construir un prototipo y convertirlo en una experiencia completa de juego y en un producto es una lección muy valiosa para cualquier creador de videojuegos”.




