Esto es lo que nos sucede con las cámaras de los celulares: mientras más nos ofrecen, más queremos. Este año, Apple, Google, Samsung, LG y Huawei nos ofrecieron dispositivos con cámaras muy superiores, que logran imágenes y videos que solían ser exclusivos de las cámaras profesionales, como las réflex digitales con lente único (DSLR, por sus siglas en inglés).
Algunos de estos “préstamos” son los efectos retrato con fondos borrosos, los videos más estables y las fotos con poca luz, junto con muchas alternativas para manipular los ajustes manuales de los teléfonos y mejorar aún más las fotos.
Lo que estos intentos demuestran es un interés creciente, tanto de las empresas como de los consumidores, en que los celulares estén dotados con cámaras más potentes, capaces de generar efectos artísticos, capturas más fieles y con una profundidad de campo, definición de colores y contrastes que hace no tanto parecían impensables para un teléfono.
En este momento, todas las posibilidades podrían estar al alcance de la mano y, de hecho, hay indicios de que continuarán los avances en este terreno. Y para aquellos que valoran la simplicidad y comodidad de tener una cámara siempre consigo en su bolso, algunos celulares nos sacan de apuros, con buenos resultados. El público más exigente, esos que aún andan con su trípode, múltiples lentes y accesorios con iluminación extra, serán más difíciles de convencer.
En este artículo, reflexionaremos sobre lo que les falta a las cámaras de celulares para convertirse en artefactos de captura de imagen y video a la par de los aparatos profesionales.





