MADRID, (EUROPA PRESS). – La reducción de la capacidad para mantener la temperatura corporal en ambientes más fríos puede contribuir al desarrollo de la obesidad en la edad adulta, sugiere un nuevo estudio en ratones publicado en ‘JNeurosci’.
La energía de los combustibles alimentarios mantiene una temperatura corporal constante al generar y conservar el calor.
Casi la mitad del presupuesto de energía humana gastado durante una vida sedentaria se utiliza para mantener una temperatura corporal de alrededor de 37 grados Celsius (98,6 grados Fahrenheit).
La investigadora Rosa Señarís y sus colegas de la Universidad de Santiago de Compostela y el Instituto de Neurociencia/Universidad Miguel Hernández de Alicante descubrieron que, en un ambiente levemente frío, los ratones que carecían del canal iónico sensor de frío TRPM8 consumían más alimentos durante el día, cuando estos animales están generalmente dormidos.
El aumento de la ingesta durante el día comenzó a una edad temprana y condujo a la obesidad y altos niveles de azúcar en la sangre en la edad adulta o que puede haber sido causado en parte por la reducción de la utilización de grasa.




