Salud.- El ayunar, utilizado mayormente en religiones, como promesa o como método para rebajar, conlleva riesgos extremos para la salud.
En cualquier religión se ha hablado de ayuno, desde la Cuaresma de los católicos hasta el Ramadán, o los ayunos intermitentes del judaísmo”, afirma Damian Carbonnier, director de Miayuno, un programa que ofrece escapadas de ayuno terapéutico.
En este sentido, el Cancer hace hincapié en uno de los primeros riesgos «en el caso de las vitaminas, en personas sanas que tuviesen una alimentación equilibrada, el organismo tiene reservas suficientes de la mayoría de ellas para que en ayunos de hasta un mes no haya deficiencias significativas.
Sin embargo, las reservas de tiamina (vitamina B1) son escasas y, si en la realimentación (al volver a tomar alimentos, fundamentalmente azúcares) no se administrara, puede desencadenarse un cuadro neurológico grave llamado encefalopatía de Wernicke-Korsakoff.
Además, cabe destacar que en el caso del ayuno prolongado se han descrito muertes súbitas por arritmias ventriculares en relación con pérdida de las proteínas corporales y alteraciones en las concentraciones de cobre, potasio y magnesio».
Con estos datos sobre la mesa, los expertos nutricionistas son escépticos ante los resultados de la abstinencia de sólidos. «No creo que haya necesidad de que una persona sana haga ayunos.
De hecho, para mantener el correcto funcionamiento de nuestro organismo hay tres cosas que no deberíamos ni plantearnos: no dormir, no comer y no respirar», asegura Aganzo, quien es rotundo a la hora de afirmar que «el ayuno podría resultar peligroso para cualquier persona que decida llevar este método por su cuenta, pues podría conducir a situaciones patológicas como consecuencia del déficit de nutrientes, como ansiedad, insomnio, regulación hormonal (ciclos circadianos) o incluso derivar en trastornos relacionados con la conducta alimentaria».
De hecho, según la SEEN, «no existe evidencia científica contrastada que permita recomendar la realización de ayunos como una práctica comparable a una alimentación saludable, sin olvidar que hacer ayunos sería una práctica de riesgo en personas con enfermedades crónicas (como diabetes, insuficiencia renal, cirrosis, etc.) o en personas con extremada delgadez».
Frente a estas teorías, los defensores del ayuno tachan a la desinformación de su principal enemigo. «La falta de conocimiento es la mayor barrera a la que se enfrenta esta práctica en nuestro país», confiesa Pablo Saz, autor del libro «Ayuno terapéutico», profesor de la Facultad de Medicina de la Universidad de Zaragoza y especialista en Hidrología Médica, que ha publicado diferentes artículos en los que se logra evidenciar los beneficios del ayuno voluntario en la salud. «Sin embargo, para que sea efectivo, es importante que sea eso, voluntario: el paciente debe entenderlo y aceptarlo y, siempre, realizarlo bajo supervisión médica», matiza Saz.
Depuración del organismo
Lo más habitual en España es practicar el ayuno modificado, ya que ayunar significa, literalmente, no ingerir ninguna caloría, mientras que lo más extendido es realizar ayunos incluyendo la ingesta de zumos de verdura y fruta fresca, caldos de verduras y abundante agua e infusiones, lo que equivale a unas 400-600 calorías al día. Pero, con este menú, ¿cuáles son realmente los beneficios que podemos obtener? Según sus defensores, es algo más que una simple dieta, de hecho, «hacerlo en malas condiciones, planteárselo como un régimen de adelgazamiento o no tener un buen asesoramiento supone un grave error», explica Damien Carbonier, fundador de Miayuno.es, empresa especializada en la organización de ayunos bajo supervisión médica.
Para explicar los porqués de esta práctica, Carbonier detalla que «cuando reducimos la ingesta calórica al mínimo, el cuerpo pone en marcha una serie de mecanismos fisiológicos que sirven para depurar el organismo. Se desencadena un proceso de limpieza que puede prolongarse hasta un máximo de 40 días sin que resulte peligroso para la salud. Pero, aunque ése es el límite factible, lo más habitual es hacer ayunos de entre seis y ocho días, pues lo realmente interesante aparece a partir de las 48 horas». Y es que, según el tiempo que se está en ayunas, se producen unos cambios metabólicos característicos.
«Hay estudios científicos que demuestran que el ayuno es una terapia muy buena para curar, tratar enfermedades e incluso para servir de complemento en muchos tratamientos de medicina alopática actual, ya que se ha visto que es un excelente agente desinflamatorio. La evidencia publicada hasta la fecha ya sugiere que podría mejorar la salud general y reducir los factores de riesgo para la diabetes y las enfermedades cardiovasculares en humanos», asegura Saz.
Bajo el prisma de renovar y purificar el organismo a nivel global, las prácticas de ayunos controladas bajo la supervisión de expertos en centros especializados suelen ir acompañadas de charlas sobre alimentación, buenos hábitos, recomendaciones psicológicas y también práctica de deporte, «porque el objetivo es que se viva mejor y se eliminen toxinas, pero eso se debe hacer de forma puntual.





