REDACCIÓN INTERNACIONAL.- Aunque es considerada una de las 8000 enfermedades poco frecuentes, el Lupus constituye un problema sanitario global. Es una enfermedad que puede generar lesiones irreversibles y afecta a 5 millones de personas en todo el mundo (tiene una prevalencia de entre 40 y 100 de cada 100.000 personas) y a 28.000 argentinos, según datos extrapolados de la Organización Mundial de la Salud (OMS).
Las mujeres en edad fértil son más propensas a contraerla, pero también afecta a hombres, niños y ancianos.
Se trata de una patología autoinmune y crónica cuya causa aún se desconoce. A menudo, es descripta como una enfermedad “invisible”, dado que tiene períodos de brotes y de remisión, y los síntomas varían con el correr del tiempo, lo cual dificulta su diagnóstico.
Los más comunes son fatiga debilitante, fiebre alta, dolor de articulaciones, caída del cabello y dificultades respiratorias. En muchos casos, la enfermedad afecta más de un sistema de órganos, incluyendo los riñones, el corazón, los pulmones y el cerebro, y puede asociarse a complicaciones médicas incapacitantes y mortales.
A pesar de tratarse de una enfermedad grave, aún no se ha encontrado una cura. Los especialistas coinciden en que es ideal un tratamiento que incluya el diagnóstico temprano y el cuidado médico experto.
En el informe “El Lupus no reconoce fronteras”, el doctor Paul R. Fortin, Investigador en Quebec Research Center de Canadá, explicó: “Debemos intervenir temprana y agresivamente para controlar la enfermedad. Si se demora el tratamiento, la inflamación puede producir un daño a los órganos, éstos pueden perder su función y puede ser irreversible; es algo muy peligroso. El tratamiento debe focalizarse en reducir la actividad de la enfermedad y minimizar los brotes para prevenir el daño permanente de los órganos”.
Y aclaró que esta enfermedad implica el desafío de trabajar para lograr los mejores tratamientos, realizando investigación y generando políticas que den apoyo a los pacientes. “Además, las familias, grupos sociales e incluso los profesionales médicos suelen desestimar las múltiples manifestaciones de la enfermedad. Por eso, es fundamental la difusión a la sociedad para que el impacto emocional en los pacientes sea menor”, precisó.




