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Tal vez muchos de los que nacimos en los años ochenta del siglo pasado y nos picó el zancudo que transmitía el interés por la lectura recordemos los libros de la editorial estadounidense Bantam Books —cuyos derechos de publicación compró SM para España, Altántida para Argentina o Terracota para México—, cuya colección Elige tu propia aventura estaba compuesta por obras de hiperficción explorativa, es decir, volúmenes en los que el lector selecciona entre varias opciones lo que sucede en ciertos puntos, saltando de unas páginas a otras, y decidiendo así el rumbo de la intriga, determinado de todos modos por el autor, que ha escrito cada trayecto. Se trata de lo más cercano a la lectura interactiva, como la última apuesta del británico Charlie Brooker (Dead Set) para su conocida serie antológica lo es del cine interactivo: el largometraje Black Mirror: Bandersnatch.
El cineasta al que se le ha encargado dirigirlo es su compatriota David Slade, que ya había tenido varias oportunidades de demostrarnos que le interesan las historias como la presente, en la que se conjugan ingredientes extremos: tras unos cuantos videoclips, realizó el intenso thriller situacional Hard Candy (2005); luego quiso ocuparse de 30 Days of Night (2007), la fallida adaptación al cine de la miniserie de cómics homónima y vampírica que había escrito Steve Niles e ilustrado Ben Templesmith; e insistió en despeñarse con la indigna Crepúsculo: Eclipse(2010). Pero se pudo redimir con varios episodios de estupendas series como Breaking Bad (Vince Gilligan, 2008-2013), Hannibal (Bryan Fuller, 2013-2015), American Gods (Fuller y Michael Green, desde 2017) y, sí, Black Mirror (desde 2011), para la que elaboró el capítulo “Metalhead” (4×05)
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