Entretenimiento

Como en ‘Yo, el Supremo’

8837376470.png
El retrato de Rodríguez de Francia nos traslada al Paraguay entre 1811 y 1813, y los 26 años de un mandato implacable con sus opositores.

Este contenido fue hecho con la asistencia de una inteligencia artificial y contó con la revisión del editor/periodista.

Considerada una obra cumbre de la literatura latinoamericana, “Yo el Supremo” de Augusto Roa Bastos ofrece un retrato del exceso autoritario, pero que de forma atractiva contextualiza la soberbia expresión del descontrol en sociedades permeadas por el todopoderoso que se aferra al poder presidencial, seducido por la idea de la eternización. El retrato de Rodríguez de Francia nos traslada al Paraguay entre 1811 y 1813, y los 26 años de un mandato implacable con sus opositores. Aunque murió en paz, sus manías marcaron la conducta y las costumbres de su nación. La desaparición física de un dictador no implica una inmediata eliminación de sus influencias y grado de penetración en la sociedad. Inclusive, sus métodos terminan por complacer a muchos de sus sucesores. Hoy en día, en un contexto regional caracterizado por el interés de sobrevivir a cualquier costo, las visiones autoritarias no parecen ser perdurables porque la divergencia entre lo que representan y la nueva realidad social hace inviable cualquier intento de coexistencia. La concepción extremista sobre la que se sostienen impulsa un juego de poder incómodo y, desde el inicio, hostil a la tradición democrática occidental e indefendible ante los valores que la pluralidad política impone. La defensa de los procesos progresistas en el marco de la Guerra Fría no era atribuible solo a una facción ideológica, sino que una parte de grupos opuestos a los excesos y a la intolerancia desde el poder terminaba aliándose con líderes y organizaciones específicas. Ahí, el factor del dogma no era determinante. En la coyuntura actual, las críticas que, desde una parte importante del liderazgo regional, recaen sobre gobernantes con escasa legitimidad democrática, obedecen al hartazgo de sus ciudadanos y a la incapacidad de alcanzar modelos de pluralidad y disenso. De ahí que la obsoleta argumentación que intenta justificar su ineficacia en la gestión derive en la manida retórica de injerencia al estilo Guerra Fría, ignorando la transformación en tiempo y espacio de una realidad a mil kilómetros de distancia de la razón y el sentido común. Los que quedan, e intentan mantenerse, serán materia prima de futuras novelas o textos reveladores de un relato inicialmente inverosímil y regido por una realidad impensable en el siglo XXI. Por eso, evocan al genio de Augusto Roa Bastos y su innegable capacidad de predecir con 100 años de anticipación las figuras que se exhiben en la escena pública, lamentablemente gobernando pueblos merecedores de mejor suerte.

TRA Digital

GRATIS
VER