La devoción a esta advocación mariana perdura por más de trescientos años y anualmente los habitantes de Baní, tanto locales como ausentes, se suman a esta marcha donde la comunidad y la Madre se unen en un abrazo. Cada alma carga en su interior una petición o un testimonio de gratitud por un favor concedido, sin olvidar que el trayecto mismo otorga dones como alegría, calma y sosiego.
Al poco tiempo de empezar la comitiva, Nuestra Señora de Regla fue homenajeada frente a la estación de bomberos. Mientras las sirenas resonaban y los asistentes expresaban su júbilo con repetidos aplausos, un rayo de luz solar descendió directo sobre la imagen de la Madre, fundiéndose con Ella.
Un saludo divino que valida su estatus como patrona de Baní, su origen espiritual; la humilde capilla donde empezó su culto yace en el sitio donde hoy se alza la Catedral, y tenía 81 años cuando los pobladores erigieron la ciudad el 3 de marzo de 1764.
La creencia en esta advocación mariana se ha conservado durante más de tres centurias y cada año los banilejos, quienes residen allí y quienes no, participan en esta procesión donde el pueblo y la Madre comparten un abrazo. Cada cual lleva consigo una encomienda o una muestra de gratitud por el prodigio recibido, además de que el andar regala dones como el regocijo, la tranquilidad y la paz.
Se trata de una costumbre que se mantiene viva y se renueva, con la Virgen siempre vestida con sus mejores atavíos, observando con benevolencia y maravilla la evolución de una región que ha prosperado bajo su amparo.
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