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Yakutsk: Vivir en la urbe más gélida del planeta presenta grandes retos – Noticias Ambientales

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Fuente: Luís Pavesio/luis_pavesio@noticiasambientales.com

Yakutsk, la capital de Sajá, enfrenta temperaturas récord de hasta -71 °C, obligando a sus residentes a cumplir estrictos protocolos para evitar congelaciones instantáneas.

Ubicada en el corazón de la Siberia oriental, Yakutsk es reconocida mundialmente como la ciudad más fría del planeta.

Esta urbe, que funciona como capital de la República de Sajá, experimenta condiciones climáticas extremas que ponen a prueba la resistencia humana, con termómetros que con frecuencia bajan de los -50 °C y marcas históricas cercanas a los -71 °C.

Vivir en este ambiente requiere no solo adaptación sino también una disciplina rigurosa, ya que cualquier descuido puede ocasionar lesiones permanentes por congelación en minutos.

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La supervivencia como prioridad diaria

La mayor amenaza en esta ciudad helada es la exposición directa al frío extremo. Tanto expertos como habitantes locales insisten en que ninguna parte del cuerpo debe quedar descubierta; usar varias capas de lana y pieles es indispensable para sobrevivir.

A estas temperaturas, el vapor exhalado se cristaliza inmediatamente, formando una especie de “niebla de hielo” que cubre la ciudad, mientras que objetos cotidianos como gafas metálicas se convierten en un riesgo porque pueden pegarse a la piel y causar desgarros al retirarlas.

El frío intenso también afecta la infraestructura y tecnología. En Yakutsk, los vehículos deben mantenerse en garajes calefaccionados o dejar sus motores encendidos todo el día para evitar que el combustible y lubricantes se congelen.

Además, toda la ciudad está construida sobre permafrost —suelo permanentemente congelado— lo que obliga a edificar sobre pilotes de hormigón para impedir que el calor de las viviendas derrita el terreno y provoque daños estructurales.

Oymyakon: epicentro del frío polar

Aunque Yakutsk es la ciudad más poblada en esta zona, el título del lugar habitado más frío recae en la cercana aldea de Oymyakon. Allí se registró en 1933 la temperatura más baja jamás medida en un asentamiento humano: -71,2 °C.

En ambas comunidades, la dieta resulta fundamental para sobrevivir; se basa en alimentos con alta densidad calórica como pescado crudo congelado (stroganina) y carne de reno, productos vendidos en mercados al aire libre donde el frío funciona como un refrigerador natural permanente.

A pesar del clima tan severo, esta región representa un motor económico importante debido a sus abundantes recursos naturales, especialmente minas de diamantes y gas natural.

La capacidad de adaptación de sus habitantes evidencia que incluso en la ciudad más fría del mundo, la actividad humana y el desarrollo industrial continúan vigentes frente a uno de los ambientes más inhóspitos del planeta.

Este contenido fue hecho con la asistencia de una inteligencia artificial y contó con la revisión del editor/periodista.

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