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“Visto” no implica compromiso: cómo la mensajería instantánea transforma nuestras conexiones sociales

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Millones de personas abren WhatsApp en algún momento del día casi sin darse cuenta.

Fuente: Wendy Berroa Hernández/wendy_berroa_hernandez@hoy.com.do

Millones de personas abren WhatsApp en algún momento del día casi sin darse cuenta. Miran un mensaje, lo leen y continúan con sus actividades cotidianas. No obstante, para quien está al otro lado, ese pequeño aviso, la palabra “visto” o las dos tildes azules, puede transformarse en una fuente de ansiedad, expectativa o conflicto silencioso. ¿Por qué, en esta era de hiperconectividad, se ha vuelto casi una obligación social responder tras leer un mensaje?

La mensajería instantánea es actualmente una de las formas principales de comunicación entre personas. WhatsApp cuenta con más de 3 mil millones de usuarios activos globalmente, y su uso diario es tan habitual que, en promedio, cada persona abre la aplicación más de 20 veces por día. La rapidez es la regla: aproximadamente el 80 % de los mensajes se leen dentro de los primeros cinco minutos después de ser recibidos. Estas estadísticas explican por qué se ha instalado la creencia de que si alguien ya leyó un mensaje, debe responder inmediatamente.

Sin embargo, la tecnología no impone normas sociales por sí sola. Son las personas quienes las interpretan.

La presión invisible de estar siempre conectados

Las confirmaciones de lectura fueron diseñadas como una herramienta técnica para facilitar la comunicación, no para generar compromisos emocionales. Sin embargo, diversos estudios sobre comunicación digital indican que estas señales han modificado la manera en que los usuarios perciben la cortesía, el interés y la responsabilidad en las interacciones virtuales.

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Investigaciones recientes acerca del uso de WhatsApp muestran que una parte considerable de los usuarios siente estrés o incomodidad al saber que otros pueden ver cuándo leen un mensaje. De hecho, más de cuatro de cada diez personas admiten que estarían más tranquilas si esa función no existiera. La razón es sencilla: se ha confundido el hecho de leer con estar disponible inmediatamente para responder.

Expertos en comportamiento digital alertan que esta presión constante genera lo que se denomina estrés de disponibilidad, es decir, la sensación de estar obligado a contestar para evitar interpretaciones negativas, incluso cuando no sea el momento adecuado. Esto se observa especialmente entre jóvenes y adultos activos laboralmente, quienes manejan múltiples conversaciones personales, familiares y profesionales en un mismo entorno digital.

Leer no equivale a responder: una distinción necesaria

Desde el punto de vista comunicacional, leer un mensaje no significa tener la capacidad emocional, mental o temporal para contestarlo. La mensajería instantánea elimina el contexto: no indica si la persona está trabajando, conduciendo, descansando o simplemente necesita tiempo para pensar su respuesta.

Estudios sobre el impacto de las notificaciones en el estado emocional demuestran que una alta frecuencia de alertas digitales está relacionada con niveles elevados de tensión y agotamiento mental. No responder al instante, en muchos casos, no refleja desinterés; es una forma necesaria de autocuidado.

Aceptar esta diferencia resulta fundamental para lograr una convivencia digital más saludable. La expectativa de respuesta inmediata no es una norma universal ni explícita, sino una construcción social reciente que aún está en proceso de consolidación.

Hacia un uso más consciente de chats y redes

El reto no consiste en abandonar la tecnología, sino en aprender a utilizarla con criterio y empatía. Especialistas en comunicación y bienestar digital coinciden en varias prácticas que ayudan a disminuir malentendidos y fortalecer las relaciones:

Normalizar los tiempos para responder, comprendiendo que no todos los mensajes requieren urgencia.
Comunicar límites claramente, por ejemplo avisar cuando se responderá más tarde si es necesario.
Gestionar las notificaciones para evitar saturación informativa.
Evitar sacar conclusiones automáticas ante un “visto” sin respuesta inmediata.
Las redes sociales y aplicaciones de mensajería no deben convertirse en espacios donde predomine la presión constante. Su finalidad original es conectar personas, no vigilarlas.

Un nuevo pacto social en construcción

La comunicación digital está redefiniendo reglas que antes eran claras en el mundo presencial. Así como no era obligatorio devolver una llamada perdida al instante, tampoco debería serlo contestar un mensaje apenas se lee. Comprender que “visto” no implica obligación es parte de un aprendizaje colectivo orientado a relaciones más saludables, respetuosas y realistas.

En un mundo donde todo parece urgente, recuperar el derecho a responder cuando se pueda —y no cuando la tecnología lo exige— tal vez sea uno de los actos más humanos en esta era digital.

Este contenido fue hecho con la asistencia de una inteligencia artificial y contó con la revisión del editor/periodista.

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